Juan Ramón Martínez

Honduras y El Salvador son las dos naciones más parecidas. En una reunión en la Cancillería antes de 1992, un asesor español nos recriminó por la expresión “hermano país”. Puso “ejemplos” inamistosos que no cuadraban con el sentido de hermandad. Por el contrario, pensé que era típico entre hermanos. Que los españoles no entendían. Nosotros pasamos de la familia y la tribu a Estados-naciones en que los lazos de afecto se asimilan con los familiares.  Ellos tuvieron una etapa feudal que no vivimos, aunque algunos colegas marxistas en obediencia al materialismo histórico, sostienen lo contrario.

Una revisión de la historia puede ayudar a los jóvenes estrategas de la política exterior. Durante la colonia los movimientos independentistas salvadoreños, motivados en algunos casos por la búsqueda de ascensos clericales, fueron más activos. El Salvador no era una provincia por lo que los curas no podían llegar a ser obispos. La independencia les garantizaría tal posibilidad y la conversión en otro estado, obligándolos a ser el más dinámico en la lucha por la consolidación y la defensa del Estado Federal.

También los salvadoreños apoyaron más a Morazán que los hondureños. Aquí el control del poder y la cultura estaba en manos conservadoras. No es accidental que Morazán este enterrado allá. Ellos lo honraron y lo hicieron su héroe nacional hasta que descubrieron que no podían compartirlo con nosotros. Y lo sustituyeron por Gerardo Barrios discípulo favorito del héroe de Gualicho y Perolupán.  Los salvadoreños tuvieron primero que nosotros un departamento Morazán. Solo hasta 1935 –durante la dictadura de Carias– cambiamos a Tegucigalpa por Francisco Morazán. Ellos nos regalaron la primera estatua del héroe. Tienen un pueblo llamado “San Francisco Morazán”, un nombre singular que los hondureños no hemos superado.

Claro, no todo ha sido paz entre “los hermanos”. Cuando Juan Lindo era gobernador de Gracias, emigrados salvadoreños invadieron El Salvador y sus tropas se prepararon para hacer la guerra a Honduras. La habilidad de Lindo impidió el conflicto. José María Medina, en la década de los setenta del siglo XIX invadió El Salvador. Tomó Santa Ana y San Salvador. Depuso al gobierno y elevo al poder al mariscal Gonzales. Entonces, la Asamblea Legislativa voto una decisión para que Honduras y El Salvador fueran una sola nación. Los diplomáticos en el exterior propalaron la idea. Tenemos una copia en francés de esta divulgación (Paris 1871) que pueden leer mejor los estudiosos de la Cancillería

Gonzales traicionó a Medina. Con Barrios de Guatemala pactaron en El Chingo su salida del poder. Medina renunció a cambio de beneficios incumplidos. Por lo que después se incomodó. Fue fusilado en Santa Rosa de Copan. Por Marco Aurelio Soto, el joven político favorecido por la elección de salvadoreños y guatemaltecosque nos “entregaron” el mejor presidente del siglo 19.

En el siglo XX, las relaciones entre Honduras y El Salvador tuvieron sus altibajos. Villeda Morales prorrogó el tratado de Migración que favoreció que los excedentes de población salvadoreña encontraran espacio vital en Honduras. Se reunió varias veces con su colega salvadoreño. La reunión regional más famosa fue en San José (1963) con el presidente Kennedy. 

López Arellano no dio igual trato a los salvadoreños. Más bien inició una discriminación injusta contra los salvadoreños pobres que se habían establecido en Honduras. Los expulsó. Esta ingrata discriminación entre otras causas provocó la guerra de 1969. Los militares salvadoreños creyeron que podían tomar a Honduras. Que militarmente es inconquistable. Por razones de distancia, tipos de vías de comunicación;  configuración montañosa y valentía hondureña. Después de la guerra en 1971 López Arellano se reunió secretamente en una embarcación salvadoreña en el Golfo de Fonseca con Fidel Sánchez, como le anticipó a Monseñor Santos una noche que le visitamos en su casa.

Desde hace 35 años los presidentes de Centroamérica no se reúnen. Y tampoco los han hecho los de Honduras y El Salvador. En 1992 Callejas y Cristiani se saludaron en El Amatillo en ocasión del Fallo de la Corte Internacional del Justicia. Desde 1986 los presidentes de Honduras y El Salvador no se han sentado para conocer asuntos de mutuo interés. En el 2021 —como coordinador de la Comisión del Bicentenario de la Independencia– intenté que JOH y Bukele se reunieran en la frontera para darse la mano y tomar “un vaso con agua”. No tuve éxito. Vinicio Cerezo, Secretario General de SICA no me contesto la carta donde proponía la reunión.

Concluyo diciendo que somos “vecinos distantes. Estoy justificado. Además, digo que somos ¡hermanos poco afectuosos!

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