Por Mario Hernán Ramírez

A sugerencia de algunos lectores de nuestro artículo anterior, en este prestigiado diario, decidimos penetrar más a fondo sobre el tema, y merced a las bondades de la moderna tecnología, encontramos abundante material como para llenar 25 páginas de cualquier periódico, por lo cual, obedeciendo a esa inquietud popular visitamos la página “Red Honduras” de la cual extraemos interesante historia relacionada con el origen de la moneda en nuestro país.

Leamos entonces lo que sobre el particular expresa: “La moneda oficial de Honduras es el Lempira, nombrado así en honor al cacique Lempira, héroe y prócer nacional de origen Maya-Lenca que con bravura defendió a su pueblo de la invasión española.

En Honduras se utiliza actualmente las denominaciones en billetes de 1, 2, 5, 10, 20, 50, 100 y 500 lempiras. En moneda se utiliza mayormente las denominaciones de 20 y 50 centavos de lempira, mientras que las monedas de 5 y 10 centavos se usan cada día en menor medida. Los llamados “centavitos” que son monedas de cobre de denominación de 1 y 2 centavos de lempira aun se pueden encontrar en algunos bancos del sistema financiero nacional.

El Banco Central de Honduras (BCH) es el ente regulador de la política monetaria de Honduras. Es el responsable de formular y dirigir la política monetaria, crediticia y cambiaria del país.

El BCH es el responsable de velar por el mantenimiento del valor interno y externo de la moneda nacional, el buen funcionamiento del sistema de pagos y propiciar la estabilidad del sistema financiero en Honduras.”

En atención a lo anterior debemos recordar que nuestro lempira hasta comienzos de la década de los 80´s del pasado siglo se mantuvo al dos por uno en relación al dólar, situación que a medida transcurrieron los años fue devaluando nuestra moneda hasta llegar al tiempo actual que anda por casi los veinticinco lempiras en relación a un dólar. Esos son fenómenos del avance de la civilización y del crecimiento, por supuesto, de la población mundial y con ella las operaciones financieras relacionadas con la industria, comercio, educación y demás transacciones que de país a país se realizan; dejando claramente establecido, sobre todo para estos países de América Latina que el dólar sigue siendo el patrón, pues países como El Salvador hicieron desaparecer su Colón y ahora todo se hace alrededor de la moneda gringa. Panamá con su Balboa ha logrado mantener su paridad con el tantas veces mencionado dólar, sin embargo, Guatemala que por muchos años mantuvo ese privilegio, también ha sido objeto de la devaluación del Quetzal y así, sucesivamente, los demás países de habla hispana.

En cuanto a Honduras, es bueno hacer un poquito de historia, ya que, en la primera mitad del siglo pasado, nuestro terruño era visitado constantemente por los llamados gitanos, nómadas, que parece tener su origen en España, desde donde enfilaban sus caminatas alrededor de otras latitudes del globo.

Aquí, cuando llegaban los gitanos, desaparecían como por encanto todas las monedas de cobre, es decir las de uno y dos centavos, porque ellos como habilidosos artesanos, las monopolizaban hasta convertirlas en “peroles” que después negociaban con algunos pequeños industriales y amas de casa dedicadas a la producción de dulces de diferente naturaleza.

Hoy día, estas monedas ya no se encuentran ni con lupa, con el agravante que las denominaciones de cinco y diez centavos, también tienden a desaparecer, pues su valor nominal en esencia, ha perdido dicho valor, aunque ninguna transacción económica puede realizarse sino es bajo el denominador común del centavo, el cual, solo pierde su valor, pero en conjunto adquiere su originalidad, ya que “muchos pocos hacen un mucho” como reza un refrán.

Nuevamente, vamos a ocuparnos de la actividad noble y generosa que realiza el compatriota licenciado Gilberto Izcoa Medina, persona apasionada en este tema, ya que mantiene constante comunicación con personas afines a su vocación en el mundo entero, y aquí, en Honduras, consultando desde la participación de los abogados Roberto Ramírez, Tomás Cálix Moncada y Arturo H. Medrano, siendo Ministro de Hacienda el también togado Marco Antonio Batres, durante los primeros meses de 1950, en la administración del doctor Juan Manuel Gálvez; período en el cual, como es lógico, han transcurrido setenta años y por supuesto que en ese largo tiempo ha habido diferentes personajes ocupando iguales cargos tanto en el Banco Central como en la Secretaría de Finanzas, eje desde el que su óptica numismática lo obliga a investigar pormenorizadamente la actuación y período de cada uno de estos funcionarios, lo que lo mantiene inmerso, investigando hasta lo más recóndito del quehacer económico fundamental de nuestra Honduras, ya que él en un período relativamente corto, sorprenderá a propios y extraños con otra portentosa obra contentiva de un historial completo de tan apasionante materia, razón por la cual nuevamente excitamos al amigo Izcoa Medina para que no desista en su afán investigativo y que Dios le de larga vida y con salud para ver el fruto de su extraordinario esfuerzo.

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