La CIA mantuvo vigilado a Nicolás Maduro desde hace meses. Contó con un «topo» en el gobierno que facilitó la filtración desde el círculo interno
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Nueva York, EUA. La captura del presidente venezolano Nicolás Maduro no fue solo una maniobra de fuerza bruta. Fue además el resultado de una sofisticada operación de espionaje que incluyó una fuente de alto nivel dentro del propio Gobierno venezolano, según una nota del New York Times.
Revelaciones recientes apuntan a que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) logró «cablear» los movimientos del mandatario mediante tecnología de punta e inteligencia humana meses antes de su detención hoy en la madrugada.
El «topo» y la recompensa de los 50 millones
El Times añaxe que, aunque la identidad del informante se mantiene bajo estricto secreto, fuentes cercanas a la operación confirman que la CIA contó con una fuente interna en el Palacio de Miraflores. La fuente anónima monitoreó la ubicación exacta de Maduro hasta el último segundo antes del asalto.
Exfuncionarios de inteligencia sugieren que la recompensa de 50 millones de dólares ofrecida por el Departamento de Justicia de EUA fue el catalizador decisivo para quebrar la lealtad del círculo íntimo de Maduro. «La agencia aprovechó la vulnerabilidad de un régimen bajo presión», señalan analistas.
Tecnología «Stealth» sobre el cielo de Caracas
Además del factor humano, la operación destacó por un despliegue tecnológico sin precedentes.
Así, una flota de aeronaves no tripuladas con tecnología stealth (indetectables por radar) sobrevoló Venezuela de manera constante desde agosto, según el NYT.
Además, equipos de la CIA operando clandestinamente en territorio venezolano estudiaron minuciosamente las rutinas, horarios y protocolos de seguridad del mandatario.
Se dieron asimismo ataques preventivos. Se reveló que, en diciembre, la CIA ejecutó un ataque con drones contra un muelle utilizado por estructuras criminales vinculadas al narcotráfico, en lo que ahora se entiende como un preámbulo para debilitar la logística del entorno presidencial.
Al menos 40 personas, incluidos civiles y soldados, murieron en el ataque, según un alto funcionario venezolano. Más de 150 aviones estadounidenses eliminaron las defensas aéreas para que los helicópteros militares pudieran entregar las fuerzas de Operaciones Especiales que asaltaron el complejo de Maduro a las 2 a.m., hora local, dijeron funcionarios estadounidenses. Toda la operación duró dos horas y 20 minutos.
Los militares habían estado preparándose durante días para ejecutar la misión, esperando buenas condiciones climáticas y un momento en el que se minimizara el riesgo de víctimas civiles.
Meses de presión
En los meses previos a la operación, Estados Unidos ejecutó una serie de acciones destinadas a aumentar la presión sobre el gobierno de Nicolás Maduro y sentar las bases para su captura. Estas incluyeron un ataque con drones a una instalación portuaria una semana antes y, durante un período prolongado, una campaña militar legalmente cuestionada en el Caribe que resultó en la destrucción de decenas de embarcaciones y en la muerte de al menos 115 personas. Estos movimientos fueron parte de una estrategia escalonada para desestabilizar y aislar al régimen.
Pese a la presión, las negociaciones de última hora fracasaron. Según declaró Donald Trump, Maduro intentó evitar la incursión ofreciendo a Estados Unidos acceso al petróleo venezolano a cambio de exiliarse en Turquía, propuesta realizada el 23 de diciembre. Un funcionario estadounidense señaló, sin embargo, que Maduro rechazó el plan de manera contundente, dejando claro que no negociaba de buena fe. Este colapso diplomático despejó el camino para la acción militar directa.
La operación se planificó meticulosamente para maximizar el factor sorpresa. Aunque se sabía que una intervención era inminente, los estrategas militares estadounidenses buscaron replicar la “sorpresa táctica” lograda en operaciones anteriores, como los ataques a instalaciones nucleares de Irán. Se eligió el período navideño, cuando muchos funcionarios venezolanos estaban de licencia, y se coordinó el ataque para comenzar cerca de las 4:30 p. m. del viernes, tras recibir las aprobaciones escalonadas desde Mar-a-Lago, donde Trump autorizó la misión final por teléfono alrededor de las 10:30 p. m.
La ejecución combinó guerra cibernética y un despliegue aéreo masivo. La misión se inició con un ciberataque que sumió en oscuridad grandes zonas de Caracas, permitiendo el acercamiento sigiloso de la fuerza de ataque. En la operación participaron más de 150 aeronaves —entre drones, cazas y bombarderos— desplegadas desde 20 bases y buques de la Armada, en una demostración de fuerza abrumadora destinada a asegurar el éxito del operativo con mínima resistencia.
Una nueva doctrina de inteligencia
Estos detalles coinciden con la promesa del director de la CIA, John Ratcliffe, de liderar una agencia «más agresiva» bajo el mandato del presidente Trump.
Si bien la captura fue ejecutada técnicamente por fuerzas de operaciones especiales del ejército como una «operación de aplicación de la ley», la arquitectura del plan fue diseñada íntegramente en las oficinas de inteligencia.
«Teníamos a Maduro perfectamente localizado desde las primeras etapas», afirmó un alto funcionario estadounidense citado por el Times. De ese modo describió una cooperación quirúrgica entre analistas de inteligencia y comandos de élite.
Implicaciones geopolíticas
Esta revelación añade una nueva capa de tensión a la ya compleja situación de la región. Mientras que en Honduras el indulto a Juan Orlando Hernández es visto como un gesto de «geopolítica personal» de Trump, la captura de Maduro se presenta como el triunfo de una estrategia de inteligencia que no dudó en utilizar infiltrados y tecnología de guerra para alcanzar sus objetivos políticos.
El contraste de la «geopolítica personal»
Este cuadro detalla cómo el sistema de justicia y los recursos del Estado se aplicaron de forma opuesta para dos figuras acusadas de delitos idénticos.

