Por Mario Hernán Ramírez

Presidente vitalicio Consejo Hondureño de la Cultura JRM

Este 1 de noviembre recordamos el 112 aniversario del fallecimiento del ínclito poeta Juan Ramón Molina, nacido en Comayagüela el 17 de abril de 1875, hijo de un español de nombre Federico Molina y una honorable dama de nombre Juana Núñez, originaria de Aguanqueterique, La Paz, de ese enlace surge el más grande varón de las letras hondureñas, cuya producción intelectual no ha sido aun igualada, mucho menos superada, pese a la brevedad de su permanencia en este mundo que nos cobija, pues, falleció a la corta edad de 33 años.

Fue precisamente, su fraterno amigo Froylán Turcios, quien rescató la inconmensurable obra de Juan Ramón y comenzó a tallarla en crisoles de oro en 1911 hasta culminar en 1913, con la mayoría del legado molinense con su obra magistral, “Tierras, mares y cielos”.

En 1918, o sea diez años después del fallecimiento del ínclito varón centroamericano, sus restos mortales son repatriados hacia el Cementerio General de su ciudad natal.

En 1958 se le erige el primer monumento con que se comienza a consagrar esta vida llena de prodigios, prodigios sublimes y encantadores, pero también llena de dolorosos episodios en los que aparece Molina hasta encadenado, picando piedra para romper la brecha de un camino hacia el sur de la república.

Turcios, su fraterno e inseparable amigo, siempre estuvo atento a mantener enhiesta la gigantesca obra de Juan Ramón y logró algo, o a lo mejor mucho de su objetivo, hasta que en 1943 la parca lo llama para rendir cuentas al Divino Hacedor del Universo.

De ese año hasta 1970, muy poco se hace para rememorar al gran Juan Ramón, siendo el Dr. Humberto Rivera y Morillo, quien en los años cincuenta retoma la idea de seguir enalteciendo a Juan Ramón y escribe la primera biografía sobre el egregio porta lira, pero la indiferencia continúa, y no es sino hasta en 1970 cuando el también intelectual  Eliseo Pérez Cadalso organiza el Comité Pro monumentos a Juan Ramón Molina, mismo que vuelve a decaer, pues el intelectual Pérez Cadalso asume cargos diplomáticos que lo alejan de la Patria por tiempo indefinido, volviendo a retomar el timón en 1988, cuando revive con nueva sangre, el Comité, el que al mismo tiempo es rebautizado con el sobrenombre de ”Los  Trece Locos de El Guanacaste”,  el que a partir de ese año no descansa y semanalmente se ve a estos “quijotes” reuniéndose sabatinas en el histórico edificio de la Casa del Periodista, del barrio El Guanacaste de esta ciudad de Tegucigalpa, ingeniando y puliendo su mente tratando de inmortalizar al genio de las letras hondureñas.

Es preciso recordar a los originales fundadores del Comité Pro  monumentos a Juan Ramón Molina, pioneros de esta hermosa jornada cultural, que investidos del más alto patriotismo y fundamentados en la herencia moliniana, no vacilaron ni un instante cuando fueron llamados por el abogado Pérez Cadalso, para integrar este grupo del que lamentablemente ya solamente quedan dos, ellos son:  Eliseo Pérez Cadalso, Agustín Córdova Rodríguez, Raúl Lanza Valeriano, Dionisio Ramos Bejarano, Antonio Osorio Orellana, Héctor Elvir Fortín, Magda Argentina Erazo Galo, Alejandro Elpidio Acosta Navarro, Juan Domingo Torres Barnica, Marco Rolando San Martín, todos lamentablemente ya fallecidos, pero que dejaron una huella imborrable, durante su fructífera existencia; quedan aún Marcial Cerrato Sandoval y quien suscribe,  también Daniel Vásquez, que hace muchos años se retiró del grupo voluntariamente.

Es preciso recalcar que este hombre excepcional con un coeficiente intelectual fuera de serie, falleció el 1º. de noviembre de 1908, en un barrio pobre de la capital salvadoreña, entonces llamado Aculhuaca, hoy Ciudad Delgado, una próspera comunidad distrital de aquella capital cuscatleca.

Finalmente, hay que señalar que algo se ha hecho, justamente por el grupo original moliniano, y es que en el parque La Libertad de Comayagüela, existe un artístico monumento esculpido magistralmente por el artista nacional, fallecido a los 97 años en la ciudad de los palacios, México, D.F. Mario Zamora Alcántara, este primero, inaugurado en 1994.

Otro monumento luce airosamente en la señorial Quetzaltenango, Guatemala, inaugurado en 1998 y otro bellísimo y artístico medallón, en el parque Cuscatlán, junto a Pablo Neruda, de la ciudad de San Salvador, República de El Salvador el cual fue solemnemente inaugurado gracias a las gestiones de otro gran hondureño, Lic. José Santiago Ramos Méndez, en el año 2007.

Por último en este 2020 la señorial cuna del gran Rubén Darío, León, Nicaragua, recibió otro portentoso busto del panida JRM, trabajo alcanzado ya por ahora, por el Consejo Hondureño de la Cultura que preside la licenciada Reina Yaneth Galo y la contribución valiosa del historiador Walter Ulloa Bueso y la influencia enorme de la desaparecida ilustre dama nicaragüense, parlamentaria doctora María Manuela Sacasa de Prego.

De igual forma, reconocemos la labor que han efectuado las anteriores juntas directivas y la actual, visitando escuelas, casas de la cultura, colegios y universidades que llevan el nombre del aeda, llevando literatura y colocando bustos que han sido donados por el artista nacional Alexis Castillo Aguiriano.

En esta memorable fecha el Consejo Hondureño de la Cultura JRM, de manera virtual, porque así lo exigen las circunstancias, también rinde un sentido homenaje de admiración, a perpetuidad para este genio que ahora es conocido por diferentes partes del orbe, merced a la obra “Del teatro del silencio al parnaso de la gloria” del joven escritor José Francisco Mejía Ramírez, quien en una labor titánica logró contactar a más de cien poetas de tres continentes, con quienes enriqueció lo que posiblemente algún día vea la luz del sol, cuando un milagro o un mecenas hagan posible su publicación.

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