Por: SEGISFREDO INFANTE

            Hubo un tiempo que en Tegucigalpa los tipógrafos aspiraban a convertirse, como por automatismo, en intelectuales. Comenzaban escribiendo poemas ingenuos. Y a veces escribían prosas o volantes políticas. Otros ya eran escritores y se convertían en tipógrafos, como en el caso especial de Froylán Turcios. De repente el ejemplo más llamativo es el de Roque Ochoa Hidalgo, quien además de casi terminar sus estudios de secundaria, por motivos que es innecesario mencionar, se sumergió en el mundo de la tipografía y posteriormente en la “diagramación” o diseño gráfico. “Don Roque” fue un lector persistente (por encima de la “media” hondureña); un autor de muy buenos sonetos y unos pocos ensayos con carga filosófica y literaria. Además de conocer a fondo a Ochoa Hidalgo, estuve en condición de tratar a Santos Paulino Escalante, un prensista y encuadernador de “empaste fino”, que escribía cuentos y poemas con el fin de dedicárselos a una “musa de carne y hueso”, como muy bien lo hubiera expresado Rubén Darío. No quiero referirme a la calidad de los textos de Escalante, por amistad con él y su familia. A otros tipógrafos les gustaba la música clásica, como a “Varelón”, el linotipista de la “Imprenta Calderón”, que nos auxiliaba con la Revista de Filosofía “Pensamiento Hondureño”, que fundamos con el profesor Oscar Soriano durante la década del ochenta. El señor “Varelón” (nunca supe su nombre) era hermano, por el lado paterno, de doña Rina Turcios, esposa de Ramón Oquelí. Casi todos los mencionados gozan ya de la paz eterna. (La Revista de Filosofía “Pensamiento Hondureño”, circuló entre agosto de 1986 y julio de 1988, bajo la dirección del doctor Soriano).

            Algunos tipógrafos y encuadernadores han viajado, quizás, mucho más lejos que los arriba mencionados, como es el caso del británico Michael Faraday, un encuadernador de libros que incursionó como investigador e inventor en los campos de la ciencia física, quien demostró que el más humilde encuadernador de “empaste fino”, podía convertirse por esfuerzo y dedicación personales, en uno de los científicos más importantes de mediados del siglo diecinueve. Faraday era hijo de un herrero y jamás asistió a ningún colegio de secundaria, ni mucho menos a ninguna universidad. Como leía todos los libros que empastaba, su talento extraordinario terminó sobrepujando sobre un ambiente en que eran rechazados los autodidactos. Al final fue aceptado en la “Royal Institution”, por crear un nuevo concepto de energía y por inventar el más revolucionario mecanismo industrial de aquella época: el motor eléctrico. En ausencia del invento de Faraday, jamás hubiesen aparecido los automóviles, las imprentas rotativas supermodernas, los aviones, ni tampoco el resto de la tecnología pesada tan característica del siglo veinte.

            Es preciso subrayar que el gran físico matemático James Clerk Maxwell elaboró su teoría de la radiación electromagnética basándose en los descubrimientos e inventos de Michael Faraday. Me parece que Maxwell (cuyas teorías y fórmulas contribuyeron a un cambio de ciento ochenta grados en la física contemporánea) reconoció los aportes indiscutibles del humilde tipógrafo, lector y encuadernador, cuando otros pretendieron silenciarlo. De aquí se puede inferir que por más que los acartonados, los maledicentes, los intemperantes, los sectarios, los groseros y los egoístas se empeñen en soterrar el talento de alguien, esa persona habrá de resurgir desde el fondo de los tiempos, como han resurgido desde las arenas subterráneas los nombres del “Patriarca” de la ciudad de “Ur”, y también del egipcio “Akhenatón”, a quienes les he dedicado sus respectivos ensayos y artículos.

            Faraday creía que el mundo era circular, con curvas electromagnéticas y que, la fuerza energética del Universo, era una sola. Se trataba de un Universo creado por Dios Altísimo, según la cosmovisión religiosa que este científico y tecnólogo sustentaba. Para científicos como Isaac Newton, Michael Faraday y Teilhard de Chardin, no había ninguna contradicción abismal entre la fe religiosa y la investigación científica, un tema que fue recientemente ventilado por el filósofo y sociólogo descreído Jürgen Habermas, y el teólogo cristiano Joseph Ratzinger, en su libro-entrevista “Entre Razón y Religión; dialéctica de la secularización” (2004, 2008).

            Las investigaciones e inventos concretos de Faraday, más la teoría de la radiación electromagnética de Maxwell, servirían de base para las investigaciones posteriores de Albert Einstein, Niels Bohr y Werner Heisenberg. En todo caso Michael Faraday estuvo siempre interesado en compartir sus conocimientos hasta con los niños y mujeres, a quienes ofrecía conferencias accesibles y simpáticas. Fue un precursor de la popularización de la ciencia como lo fueron posteriormente Carl Sagan, Isaac Asimov y otros.

            Desde luego que en los años que corren los intereses científicos son muy diferentes a los intereses del siglo diecinueve. Ahora estamos empeñados en averiguar qué cosas enigmáticas son la antimateria, la materia oscura y la energía oscura. Pero nadie podrá oscurecer los aportes científicos de un simple encuadernador de libros. ¡!Sea!!

            Tegucigalpa, MDC, 17 de enero del año 2021. (Publicado en el prestigioso diario “La Tribuna” de Tegucigalpa, el domingo 23 de enero del 2021, Pág. Siete). (Se reproduce, igualmente, por decisión espontánea de los periodistas Mario Hernán Ramírez y Elsa de Ramírez).  

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