Por: SEGISFREDO INFANTE

            Algo casi terrorífico ha ocurrido en un solo año sobre la misma región. Ese algo sobrepasa todo análisis convencional. Se sale de la “tradición” meteorológica de América Central, particularmente de Honduras. No deseo especular por ahora, pero siento que un fantasma siniestro (como si fuera teledirigido desde “el más allá” del Mar Caribe) se ha ensañado contra los huesos y las carnes de los hondureños; contra toda su infraestructura física y productiva. No soy fanático religioso ni mucho menos. Creo en Dios Eterno, firmemente, pero trato de encontrar explicaciones racionales (o científicas) en una época enrarecida por disturbios climatológicos, que han sido provocados, en parte, por la industrialización desbocada de las naciones más poderosas (de distintos bloques) durante los siglos diecinueve, veinte y parte del veintiuno. Pero también han sido provocados, en nuestro caso específico, por los mismos hondureños, con la depredación de los bosques latifoliados para beneficio de unas pocas familias; los incendios forestales desmesurados de todos los años; la aniquilación de los humedales en los valles del interior del país; las escasas medidas de prevención y mitigación frente a los desastres costeros.  

            El gobierno del ingeniero Carlos Flores realizó un trabajo de reconstrucción nacional extraordinario, en el contexto del “Mitch”, para lo cual le acompañamos en un acto intelectual de puro voluntariado. Durante el gobierno del licenciado Ricardo Maduro Joest, se construyó el “Canal Maya” a la altura de la ciudad de La Lima. Los amigos japoneses han construido canales de mitigación en las faldas del Cerro del Berrinche y de la extinguida colonia Soto, entre Comayagüela y Tegucigalpa, con el fin ulterior de evitar deslizamientos y taponamientos sobre el Río Grande o Choluteca. Pero todo lo que debatimos en materia de reordenamiento territorial y de prevención de riesgos tanto en la UNAH como en las mesas de trabajo de la “Estrategia de Reducción de la Pobreza”, fue engavetado “para nunca sin falta”, como reza una expresión popular. La verdad es que el reordenamiento territorial (que incluye la calidad diversa de los suelos) choca con los intereses de los viejos terratenientes y ganaderos tradicionales que pastan sus vacas flacas en el centro de los valles más productivos, como una herencia perniciosa de la ganadería extensiva. Varias veces he sugerido que debiéramos aprender de la ganadería suiza: moderna, concentrada y altamente productiva.

            Hoy por hoy, al momento de redactar, tenemos el valle de Sula inundado. Un solo ejemplo es Choloma, bajo el agua y bajo el lodo, por los desbordamientos del río Nance. He sentido un indecible pesar (me es imposible negarlo) al ver hundido, en el agua, el principal centro textilero de Honduras y posiblemente de América Central. En cierta oportunidad visité el interior de dicha fábrica para luego escribir una crónica en LA TRIBUNA, allá por finales de los años noventas o comienzos del presente siglo. También visité otras tres maquilas: Dos en Villanueva y una más en la ciudad de El Progreso. Porque hay que reconocer, con imparcialidad, que los maquileros se convirtieron en el segundo empleador “formal” de nuestro país, después del Estado.

            Sin embargo, el dolor personal se vuelve intraducible al observar en documentales y videos, a decenas de miles de damnificados catrachos (micro-emprendedores) de la ciudad de La Lima y de varias colonias periféricas de San Pedro Sula, padeciendo hambre, frío y otras desgracias indescriptibles. Sin olvidar a los damnificados de La Mosquitia, Trojes, Catacamas y de la misma Tegucigalpa, los desamparados del valle de Sula parecieran haber sido víctimas de una guerra asoladora, lo más parecido a una hecatombe nacional. Por ahora las palabras de consuelo son inexistentes, aun cuando la solidaridad nacional se ha hecho sentir en forma inmediata y el auxilio internacional gradualmente. Sobre todo, de los helicópteros estadounidenses y de los hermanos obsequiosos de la República de El Salvador.

            En el ámbito catracho, debo repetirlo, la ayuda de Tegucigalpa ha sido inmediata para los hermanos del valle de Sula. Las Fuerzas Armadas, la Policía, el Cuerpo de Bomberos, la Iglesia Católica, las iglesias evangélicas, la “Asociación Shalom” para Honduras, han recolectado, en forma casi silenciosa, camionadas de alimentos y medicinas para nuestros paisanos necesitados, con viajes diversos hacia la zona norte del país. El papel de las Fuerzas Armadas y del Cuerpo de Bomberos en las acciones de salvamento, es elogioso e incuestionable. No es casual que la expresidenta de Costa Rica, doña Laura Chichilla, haya expresado en el seno del “PNUD” que, según mediciones recientes, tanto las Fuerzas Armadas como la Iglesia gozan, en toda América Latina, de mayor credibilidad social, por encima de otras instituciones. Me imagino que tal credibilidad es inválida para algunos alcaldes que aparentemente se quedan con los alimentos que han recibido del gobierno central y de los demás donantes. Este es mi segundo aporte, por escrito, encaminado al proceso de reconstrucción y transformación.

            Tegucigalpa, MDC, 22 de noviembre del año 2020. (Publicado en el prestigioso diario “La Tribuna” de Tegucigalpa, el jueves 26 de noviembre del 2020, Pág. Cinco). (Se reproduce, parejamente, en el diario digital catracho “En Alta Voz”).

 211 total views,  1 views today

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here