BARLOVENTO:

Por: Segisfredo Infante

La historia de Ucrania, Rusia y de otros países de probable origen eslavo, está asociada al alfabeto glagolítico-cirílico, al cristianismo griego y a las originarias andanzas evangelizadoras de san Cirilo y de Metodio, su inseparable hermano. Pero lo cierto es que Ucrania, con su capital Kiev, se convirtió en el centro de la civilización de la Europa oriental en el curso de la Edad Media, que irradiaba hacia otros territorios. Estos factores deben tomarse en cuenta al momento de cristalizar un abordaje sobre los problemas de aquella inmensa región geográfica, sobre la cual revolotean augurios peligrosos.

Aristóteles afirmaba que toda guerra comienza con un insulto. Me imagino que el insulto debe ser de una dimensión mayor. Pues en la actualidad los insultos se han configurado como el lenguaje normal y cotidiano de miles personas; e incluso han sustituido a las ideologías mismas. En vez de teorías y de ideologías se recurre al arsenal de las ofensas y de las peores difamaciones de moda, a veces para atacar a los mismos compañeros de viaje, por una simple disidencia, sea real o fingida. ¿Si eso se hace con el árbol verde, que no se hará con el árbol caído?, según palabras del Rabino de Galilea.

En torno al tema de Ucrania da la impresión que han reaparecido los viejos halcones de la guerra (como si fueran los mismos, pero con notables diferencias) que estuvieron atizando una probable “Tercera Guerra Mundial” en el contexto de la crisis de los misiles atómicos de octubre de 1962. Los halcones estaban bien instalados en ambos bandos. Pero para suerte de la humanidad el presidente de Estados Unidos era John F. Kennedy, un hombre de mente despejada y de magnífica entereza personal, acompañado por su hermano “Bobby” Kennedy, gran negociador, y un gabinete de lujo. En el otro bando estaba el premier soviético Nikita Kruschev, un hombre impulsivo, voluntarioso, pero también inteligente, abierto a la negociación. Se dice que Kruschev cayó en desgracia por la crisis de los misiles de octubre. Pero otra fuente asegura que su derrumbe fue ocasionado por haber sugerido el lanzamiento de una bomba atómica contra Pekín o cualquier otra ciudad importante de China Popular. Propuesta que fue rechazada por los dirigentes de Mongolia (aliados de la ex-Unión Soviética) y hasta por los mismos halcones de la guerra. Algún día lejano sabremos toda la verdad.

Las características de los halcones de la guerra son varias. Una de ellas, quizás la más esencial, es que han sido preparados para lidiar con batallas específicas, sin consideraciones estratégicas de largo alcance. Otra característica importante es que suelen minimizar los daños colaterales de las confrontaciones verbales o bélicas, inclusive las que se relacionan con las conflagraciones. No miden, por regla general, las consecuencias humanitarias y económicas de los enfrentamientos bélicos a gran escala. Se dejan llevar por sus emociones personales y por las ventajas técnicas del momento, razón por la cual suelen cometer graves errores de cálculo, tal como los verdaderos historiadores lo han percibido respecto de los acontecimientos de la “Primera Gran Guerra” y de la “Segunda Guerra Mundial”.

Ucrania parecer ser, en este momento crucial, la zanahoria típica de la discordia, en la que por lo menos cuatro bandos creen poseer las ventajas de la guerra. Se hacen analogías equívocas con el caso de Afganistán. Se olvida que los afganos han luchado durante miles de años contra todo tipo de invasores y colores, y que a eso se han sumado las ventajas comparativas de un territorio quebrado, con cuevas naturales y el archiconocido fundamentalismo musulmán, en una de sus ramas. (Por otro lado Ucrania es un país con territorios planos). El segundo equívoco es considerar la posibilidad de arrastrar a toda Europa a una guerra regional, sin medir las pavorosas consecuencias mundiales de este hipotético fenómeno. A los halcones, según parece, no les importaría ni un pepino que se destruyera Europa, la sede geográfica de lo mejor que ha producido la “Civilización Occidental”, comenzando por la Antigua Grecia y otras culturas influyentes del “Creciente Fértil”. Sin Europa y sin gasoductos, muy poco quedaría del “Mundo Occidental”. Y en una guerra de tal envergadura fracasarían todos los bandos.

Parejamente Estados Unidos se ha empeñado en perder influencias estratégicas en su propio continente, es decir, el subcontinente latinoamericano. Desde la administración del expresidente Barack Obama, el liderazgo estadounidense en América Latina ha caído en picada hacia el abismo, también por errores del lenguaje y errores de cálculo, en donde lo táctico ha suplantado a lo estratégico, y en cuyo contexto campea el desdén hacia todo lo “hispano” y lo mestizo, perdiendo de vista que los latinoamericanos somos occidentales y predominantemente cristianos. Quizás por eso Vladimir Putin les ha reclamado a los dirigentes occidentales que hayan extraviado la perspectiva cristina, en un momento en que pareciera que él desearía asumirla o reasumirla.

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