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No es color de rosa

Fuente: La Prensa

Luchar contra los estereotipos, contra la trivialización de lo femenino, contra las frases que repetimos de manera casi inocente y que contribuyen a alentar una cultura de terribles diferencias es un asunto diario para las mujeres alrededor del mundo.

De vez en cuando tenemos la oportunidad de reflexionar sobre la situación de desigualdad de la mujer frente al hombre, dejando a un lado las palabras dulces –a veces hasta empalagosas- que circulan como ríos para felicitarnos por nuestra naturaleza y recuperar la conversación colectiva seria, tan necesaria para construir una sociedad mejor. Lo cierto es que el panorama para las mujeres, y de manera particular para las hondureñas, no es color de rosa, puede ser todo lo contrario, un camino escabroso y oscuro.

La exclusión del sistema educativo por el solo hecho de ser niñas, la violencia de género agazapada en patrones culturales, las diferencias sustanciales persistentes en el ámbito laboral, la cosificación a través de los medios de comunicación y la adopción de ello con normalidad, hasta las terribles cifras de feminicidios, son temas duros que merecen ser abordados con profundidad y persistencia.

El foro ‘Toda mujer con poder’, organizado por el Programa Unidos por la Justicia y la Agencia de Cooperación de los Estados Unidos de América (Usaid), proveyó esa oportunidad en la conmemoración del Día Internacional de la Mujer.

Allí reflexionamos sobre el feminicidio, que incorpora el doloroso tema de la impunidad y cuya catalogación no es banal, sino que permite visualizar las razones de género que llevan a arrancar el derecho fundamental de la vida.

Una vez más quedó en evidencia la vulnerabilidad de la población femenina, con datos tan terribles como que seis de cada 10 mujeres que emigran de forma irregular son víctimas de violencia sexual en su paso hacia el norte del continente.

Comprendimos que además de la violencia de género se suma la revictimización, que a grandes rasgos puede definirse como la justificación de la violencia por diversos motivos, que en muchas ocasiones comienzan con frases que por ser comunes a veces dejamos de percibir, tales como ‘eso le pasa por no fijarse con quien se involucra’ o tal vez ‘a lo mejor usaba ropa muy provocativa’, entre muchas otras para justificar lo sucedido.

La aceptación de situaciones anómalas, así como la facilidad con la que cotidianamente fortalecemos la cultura de discriminación por género a través de la utilización de frases prefabricadas y pulidas a través de los años, solamente contribuyen a hacer menos evidente la problemática múltiple de la población femenina.

Muchos somos copartícipes. ¿Le parece exagerado? Hagamos un pequeño recuento de esas palabras que vamos diciendo aquí y allá.

Veamos: ¿Qué haría para lograr ese ascenso?, eso le pasa por ser mujer, seguramente está en esos días, es que las mujeres son hormonales, está amargada, necesita marido, llora como niña, esa profesión no es para mujeres, ya está quedada, aunque sea tenga su hijo para no quedarse sola, hizo una buena exposición, pero qué fea se veía (o su variante positiva), requerimos buena presentación y un enorme etcétera. ¿Diríamos lo mismo a los hombres?

Hay mucho por hacer, por analizar y modificar. La creación de una sociedad más equilibrada nunca es asunto de otros, sino de nosotros. Hagamos lo que nos corresponde, educando a las nuevas generaciones, pero también quitando las telarañas de las viejas ideas de los adultos.”

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