Ruth Bonilla – En Alta Voz
En un país donde la juventud suele ser relegada a un papel simbólico en la toma de decisiones, Marcela Moreno decidió no esperar su turno. Su historia no comienza con grandes plataformas ni discursos, sino con una inquietud profunda: salir de la burbuja y demostrar que ser joven no es una limitante para generar cambios reales.
Desde muy temprana edad, Marcela entendió que el acceso a educación, información y redes de apoyo no era una realidad compartida por todos. Ese reconocimiento del privilegio, lejos de inmovilizarla, se convirtió en el motor de su propósito: abrir camino para otros jóvenes, especialmente para niñas en contextos de vulnerabilidad.
Su formación en Relaciones Internacionales trascendió los espacios académicos y diplomáticos para reafirmar una convicción central: no se puede hablar de soluciones sin conocer el territorio. En un contexto donde las decisiones suelen recaer en adultos, Marcela impulsa un liderazgo juvenil activo, capaz de incidir en su propio presente, sin desligarse de la autocrítica que la ha llevado a reconocer su privilegio que es el acceso a educación, información y redes de apoyo como un motor ético. Desde esa conciencia, sostiene que no se trata solo de avanzar individualmente, sino de abrir oportunidades para quienes no han tenido las mismas condiciones, apostando así por un liderazgo que no busca protagonismo, sino ampliar la mesa.
De esa visión nace Proyecto Amaité, una iniciativa que busca crear espacios seguros para niñas y jóvenes de escasos recursos. Más que un proyecto social, Amaité se ha convertido en un punto de encuentro donde las niñas no solo reciben apoyo, sino también referentes cercanos: otras jóvenes que, como ellas, están construyendo oportunidades desde su realidad.
Ilustración 2 fuente: Lic. Marcela Moreno
El trabajo de Amaité se articula en colaboración con organizaciones públicas y privadas, lo que permite ampliar su alcance y generar valor compartido. Las niñas beneficiarias suelen estar vinculadas a estas instituciones: en algunos casos, son hijas de colaboradores de empresas con menores ingresos; en otros, provienen de comunidades vulnerables previamente identificadas por municipalidades. En todos los casos, se trata de niñas en situación de riesgo de exclusión socioeconómica y expuestas a contextos de violencia.
Durante los ciclos del programa, las participantes se reúnen semanalmente en espacios acondicionados que permiten desarrollar actividades dinámicas, muchas de ellas al aire libre, promoviendo un aprendizaje más interactivo. Amaité trabaja con niñas desde los 3 hasta los 18 años, organizadas por grupos de edad para facilitar la interacción y el aprendizaje entre pares.
Ilustración 3Fuente: Lic. Marcela Moreno
El programa combina estructura y flexibilidad. Se diseña un contenido semanal basado en metodologías previamente aprendidas, pero se adapta según las necesidades de las niñas, reforzando aquellos temas que requieren mayor atención. El último ciclo tuvo una duración de dos meses, aunque actualmente se trabaja en la ampliación hacia un modelo formativo anual que permita un impacto más sostenido.
En términos de alcance, alrededor de 30 niñas han participado en clases de inglés, mientras que otras actividades como donaciones y jornadas de apoyo han beneficiado a más de 50 mujeres e infantes. Este crecimiento ha sido posible gracias al apoyo de Instituciones públicas como privadas que contribuyen con materiales, meriendas, transporte y espacios físicos, mientras el equipo de Amaité lidera la planificación, facilitación de talleres y coordinación con expertos externos.
El impacto más significativo de esta iniciativa no se mide únicamente en cifras, sino en transformaciones reales y colectivas. En Amaité, estas se reflejan en cambios sutiles pero profundos: niñas que llegaron sin motivación comienzan a mostrarse entusiastas, a hablar de metas y a imaginar un futuro que antes no contemplaban, mientras jóvenes que se integran al proyecto replican la experiencia en otros espacios. Este “efecto multiplicador”, o “cambio de chip” como lo describe Marcela, evidencia que el verdadero impacto radica en despertar el interés por aprender y sembrar aspiraciones donde antes no existían.
Ilustración 4 Fuente: Lic. Marcela Moreno
No obstante, el camino no ha estado exento de obstáculos. Uno de los retos principales es la escasa apreciación por la dirección juvenil. En numerosos contextos, la implicación de los jóvenes se mantiene más en el ámbito simbólico que en el real, lo que restringe su influencia. En respuesta a esto, Marcela defiende una postura decidida: no aguardar aprobación, sino generarla mediante acciones.
Lejos de romantizar el liderazgo, también acepta las lecciones que provienen del fracaso. Entre ellas, hay una fundamental: aprender a perder el temor a preguntar y a solicitar ayuda. Para ella, solo se necesita una puerta abierta o alguien que confíe en una idea para que las oportunidades se multipliquen.
De cara al futuro, su objetivo es ambicioso pero claro. Amaité ya ha empezado a ampliar su alcance más allá de Honduras, llegando a Guatemala, y su aspiración es establecerlo como un modelo que se pueda replicar en diferentes regiones de Centroamérica. Su propuesta es evidente: más niñas en posiciones de liderazgo, más jóvenes involucrándose.
Ilustración 5 Fuente: Lic. Marcela Moreno
Sin embargo, más allá de cualquier iniciativa, su mayor deseo se dirige hacia un propósito más profundo: eliminar la distancia entre el concepto y la acción. En un país que, en sus propias palabras, requiere urgentemente de su juventud, Marcela hace un llamado directo a su generación: dejar de aguardar el cambio y tomar la responsabilidad de crearlo.
Ilustración 6 Fuente: Lic. Marcela Moreno
El liderazgo de los jóvenes en Honduras no puede ser considerado simplemente un elemento decorativo en las agendas de las instituciones. Al enfrentarse a su realidad y convertirla en una base de servicio, Marcela ilustra que la verdadera influencia ocurre cuando la educación se une con las condiciones locales. Su relato no es solo un testimonio de un logro personal, sino un mapa para aquellos de su generación que han decidido dejar de pedir permiso para involucrarse. En el eco de las niñas que hoy se aventuran a soñar gracias a Amaité, se encuentra la evidencia de que, al salir de su zona de confort, un joven puede tener el poder de cambiar el destino de toda una región.

