Por: SEGISFREDO INFANTE

            Con Atanasio Herranz, Mario Felipe Martínez Castillo, Julio Rodríguez Ayestas, “Manuelito” Rodríguez y otros contertulios de respetable valía moral o intelectual, según fuese cada caso, solíamos reunirnos de tarde en tarde, en la década del noventa del siglo próximo pasado, en las pequeñas instalaciones del viejo “Café de Pie” en Tegucigalpa, para conversar sobre todos los temas habidos y por haber. Ahí nos respetábamos unos a otros. Recuerdo que Atanasio siempre tomaba notas de los posibles hondureñismos que facilitaba el anciano, sub-teniente retirado, don Oscar Paguada.

            En los encuentros aislados con Mario Felipe, conversábamos sobre historia colonial. Así que el presente artículo es una reproducción indirecta de una charla con el historiador colonial hondureño por excelencia. Un día de tantos salió con la extraña versión que la historia del siglo diecisiete en nuestro país, y de otras sociedades centroamericanas, había sido diferente a la de España. Por mis propias lecturas conocía que la Península Ibérica se había sumergido en una crisis económica y financiera a finales del siglo dieciséis y durante casi todo el siglo diecisiete, entre otros motivos por exceso de circulante metálico precioso y escaso respaldo productivo. Lo mismo que por la transferencia de capitales acumulados a diversos bancos europeos, que lograron volver redituables (mediante los bienes de capital) las riquezas que llegaban desde “Las Indias Occidentales”. Personalmente conozco las investigaciones del historiador económico francés Pierre Vilar, quien hizo pesquisas sobre el comportamiento de la economía española a partir de las páginas del “Quijote de la Mancha”, con un estudio heterodoxo inusual, y sorprendente, sobre este tema mediterráneo.

            Mario Felipe Martínez Castillo proponía la hipótesis que nunca hubo decadencia colonial durante el siglo diecisiete en Honduras y otras partes de América Central. Que por el contrario nuestro país criollo-mestizo había experimentado una especie de “auge” económico. Decía que en aquella época se descubrieron “todas las minas de plata en la provincia de Honduras, especialmente las de Guazucarán”. Y que “la minería de El Corpus estaba, en el siglo diecisiete, en su mayor esplendor, mismo que había comenzado en los finales del siglo dieciséis”. Además del auge económico hubo “un aumento de la población mestiza”, incluyendo la de congos, morenos, pardos o mulatos en las zonas próximas a la ciudad-puerto de Trujillo. Pero este último es un tema más específico que maneja mucho mejor la historiadora Elizet Payne Iglesias.

            Explicaba Mario Felipe que existen “protocolos de abogados de Guatemala que registran el comercio en Comayagua, Tegucigalpa y Choluteca”, redistribuyéndose ese comercio al resto de Honduras. Añadía que desde Guatemala se importaban tejidos, tisúes de plata, bisutería, vajilla de plata, etc. Y que cuatro o cinco grandes comerciantes controlaban en forma más o menos monopólica el comercio entre Guatemala y nuestra provincia. A lo anterior habría que añadir la producción de doce obrajes de añil o xiquilite trabajados por “españoles, mulatos, indios y ladinos”, especialmente del pueblo tlaxcalteca de Camasca, para comerciarlo con el partido de El Salvador. También había importaciones “desde Perú, San Miguel y Costa Rica”.

            Resulta curioso que “la mayoría de los obispos y gobernadores se quejaban de la miseria de la Gobernación de Comayagua. Pero los testamentos, y otros documentos, parecieran contradecir esta afirmación”. En realidad el doctor Martínez Castillo había publicado en la vieja Editorial Universitaria de la UNAH, el libro “Documentos. Historia de Honduras”, en donde se detalla la riqueza de cada uno de los difuntos (criollos y mestizos), incluyendo sus bacinicas con bordes de oro y plata, quienes habían testado para la celebración de futuras misas y de otras “obras pías”.

Sin embargo, de otros documentos se deriva la circunstancia que algunos obispos se negaban a venir a la provincia a posesionarse de su cátedra obispal, por aquello de la pobreza famosa de la diócesis. En tal sentido el doctor Stephen Webre, quien ha dedicado una parte de su vida a indagar la historia colonial del siglo diecisiete, especialmente de Guatemala, ha sugerido en algún momento que “hay que trabajar más en el siglo diecisiete. No hay suficiente investigación”. Agregando que “una cosa es hablar de decadencia, y otra cosa es hablar de depresión y crisis.” Stephen Webre es un historiador estadounidense a quien respeto mucho. Incluso lo tuve de invitado en el programa de televisión “Economía y Cultura”, en julio del año 2016.

Volviendo con Mario Felipe: Él sostenía la tesis que algunas de las mejores construcciones eclesiásticas se habían realizado durante el siglo diecisiete, entre ellas la de San Manuel de Colohete. Él creía que “un cura había invertido toda su fortuna en su proceso de construcción”. Pero las investigaciones del joven historiador Libny Rodrigo Ventura Lara, colocan en entredicho tal creencia. Sea como haya sido, la verdad es que carecemos de una historia económica de Honduras que incluya todo el periodo colonial.

Tegucigalpa, MDC, 10 de enero del año 2021. (Publicado en el prestigioso diario “La Tribuna” de Tegucigalpa, el domingo 17 de enero del 2021, Pág. Siete). (Se reproduce, igualmente, en el diario digital catracho “En Alta Voz”, por iniciativa voluntaria de los periodistas Mario Hernán Ramírez y Elsa de Ramírez).                

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