Por: SEGISFREDO INFANTE

            Aquellos que más o menos me conocen saben que, por principio de cuentas, soy desafecto de los estudios académicos “on line”. Y que realmente estoy en contra de la impunidad con que se distorsionan los sucesos históricos, políticos, jurídicos y científicos en las llamadas redes sociales. Es más, tengo un libro a mano titulado “Diez razones para borrar tus redes sociales de inmediato” (2018), del escritor controversial Jaron Lanier, quien está clasificado como científico, inventor y músico. Porque estos mecanismos conducen hacia la superficialidad casi total de los emisores y receptores del conocimiento, según una perspectiva anticipatoria de Hannah Arendt, en donde el criminal de guerra nazi Adolf Eichmann, le pareció a ella como uno de los prototipos del automatismo superficial, de la “banalidad del mal” o de la incapacidad para pensar.

            Sin embargo, amén de las desafecciones personales, me niego a ser torpe o ciego, en tanto que soy consciente de las ventajas comparativas que ofrecen las tecnologías digitales para agilizar el comercio y las finanzas; y luego para acceder a algunos conocimientos claves que es harto difícil adquirir en tiempo real. Incluso para conseguir buena música y libros “viejos” que han desaparecido de las librerías normales. También soy consciente de las enormes desventajas derivadas de los “monstruos” digitales que se pueden meter en la vida privada de los usuarios; borrar los textos; y abrir las puertas y ventanas, de par en par, al “chateo” insustancial. Si Ludwig Wittgenstein viviera, le llamaría “parloteo” de cantina. O mera “palabrería”, según la perspectiva del silencioso Martin Heidegger.

            Dentro de las ventajas comparativas, en el actual contexto nacional e internacional, es que mucha gente ha seguido “teletrabajando” desde sus hogares. (Incluso varias personas realizaban, desde antes de la pandemia, “teletrabajo” sistemático). He observado documentales en Alemania en donde los operarios de cualquier especie “teletrabajan” mucho más en la actual coyuntura virológica. Son más eficientes y redituables. Y así evitan el riesgo de contaminarse o de contaminar al prójimo. En nuestro medio también estoy enterado de muchos hondureños que hacen “teletrabajo”, muy eficientemente, para instituciones públicas y privadas que han seguido operando a pesar de todos los pesares, con jornadas que se prolongan hasta la media noche. Tampoco han corrido el grave riesgo de contaminarse y de contaminar a los parientes que viven en sus casas. Así que me parece que lo justo, lo correcto, lo saludable, lo eficiente, lo recomendable y lo redituable es que sigan operando por la vía digital. Exceptuando a aquellos individuos de los cuales se necesite el trabajo manual directo en las empresas antes insinuadas.

            En varias escuelas y universidades públicas y privadas se ha continuado dando clases a los estudiantes mediante la vía digital. El único problema es que algunas aplicaciones técnicas que se han utilizado son demasiado lentas; o los estudiantes y profesores han tenido problemas al momento de ejecutarlas. Por ejemplo, si al estudiante “equis” se le va a aplicar un examen o revisar una tarea, las informaciones llegan con dos días de retraso, de tal manera que el estudiante queda como por fuera del esquema. Esto deben resolverlo las autoridades educativas y los mismos profesores, en caso que tengan algo de conciencia pedagógica humanitaria. Conozco personalmente a profesores que, en los cursos presenciales, son felices cuando aplazan o reprueban a medio mundo, perdiendo de vista aquello de la “pedagogía del amor”. O que en el fondo son los mismos profesores lo que salen aplazados o reprobados.

            Tenemos que ser realistas. No hubo comportamientos “inteligentes” ni siquiera en las cuarentenas. Mucha gente siguió en las francachelas colectivas sobre todo a media noche. Y la curva virológica continuó subiendo en barrios y colonias. Otros se dieron a la espantosa tarea seudopolítica de regalar cosas a personas amontonadas, pegadas pechos con espaldas, sin ninguna protección.

            Comprendo, como un fuerte aficionado de la historia económica de todos los tiempos, que es indispensable reactivar la economía hondureña y de otros países del planeta. Tanto las sociedades como los individuos necesitan subsistir incluso en tiempos de guerra. Pero tengo severas dudas sobre el “plan de apertura inteligente” que algunos agrupamientos les han sugerido a las autoridades hondureñas, si los jefes y los dueños de oficinas y de empresas no toman, previamente, todas las medidas de bioseguridad real para neutralizar la curva virológica cuyo “pico” todavía desconocemos. ¿Para qué llevar a las oficinas, a las aulas y a las empresas a personas que son más eficientes en los “teletrabajos” coyunturales?.

            Exceptuando, repito, a los que realizan trabajos manuales directos en diversas industrias como la maquila y la agro-producción, incluyendo a todo el sector sanitario, es indispensable adoptar precauciones sobre todo en oficinas cerradas con aire acondicionado. El resto de las personas debieran quedarse “teletrabajando” en sus hogares, sin amenazarlas con sospechosos o alevosos despidos.

            Tegucigalpa, MDC, 31 de mayo del año 2020. (Publicado en diario “La Tribuna” de Tegucigalpa, el jueves 04 de junio del 2020, Pág. Cinco). (Se reproduce en el diario digital hondureño “En Alta Voz”).

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