La Navidad es fiesta de alegría y esperanza. Celebramos que Dios nació en la humanidad desde lo más humilde y discriminado de la sociedad. Nació entre animales porque no hubo lugar en las posadas, como ahora, que las puertas de los grandes supermercados se abren para quienes pueden comprar regalos navideños, pero se cierran para la gente humilde y humillada.

Es cierto que hablamos que en la Navidad Jesús debe nacer en cada familia y en cada corazón. Pero no hemos de olvidar que la Navidad manifiesta la irrupción de Dios en la historia humana desde la marginalidad, y en contraste con el poder de dominación y la prepotencia de los grandes de este mundo.

Dios nace para iluminar las tinieblas. Y las verdaderas tinieblas no están en el hecho del hambre o en el hecho de violencia, sino en aquello que los provoca. Las situaciones horrorosas de violencia y de miseria de las que estamos siendo testigos, son consecuencia de una oscuridad más profunda. La raíz de estas oscuridades está en haber colocado al capital y las ganancias muy por encima de la dignidad de las personas trabajadoras. El sistema productor de desigualdades y concentrador de riquezas en pocas manos es el verdadero túnel en donde se encuentra la raíz de la oscuridad, madre de todas las tinieblas.

Cuando las tinieblas son mayores, un fósforo encendido, una chispa, una luciérnaga, un antorcha tienen un alcance tremendo y pueden sacarnos de apuros. Por instantes nos permiten vernos las caras, saber que estamos ahí. Eso nos anima a encender otras luces y quebrar la incomunicación. Es lo que mucha gente  ha hecho en estos meses de pandemia y tempestades, nos ha ayudado a tomar conciencia de la marginalización y la exclusión de tantas personas. Estos esfuerzos han despertado, o han hecho ver, las enormes reservas de solidaridad y coraje que hay en numerosos rincones de la humanidad.

Necesitamos encender pequeñas luces que alumbren, que sean chispa en esta profunda oscuridad en la que vivimos, necesitamos gente luchadora y llena de fe que alumbre con su entrega y generosidad esta espesa noche. Pongamos signos, encendamos luces de lucha social y organizativa para que estas fiestas no sean una navidad más. Si nos quedamos solo en la fiesta del comercio o replegados en nuestros miedos y egoísmos pasará la Navidad y solo nos dejará resaca y deudas.

Si nos resistimos al brillo del consumismo y el mercado, si nos resistimos a la desesperanza y al individualismo, y si abrimos nuestra vida a buscar con los demás un camino distinto al del capital y de la violencia, entonces seremos luces que se encienden, y así estaremos en la actitud propicia para experimentar la tierna y exigente presencia del niño Dios pueblo que nace para arrasar con la raíz de todas las tinieblas.

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