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XIOMARA, PUDO TERMINAR MEJOR

Juan Ramón Martínez

En la vida personal, vale más lo que se hace al momento de la muerte, que todo lo hecho en vida. Morazán fue grande por la forma como aceptó la injusta decisión de sus enemigos. Puede decirse, intoxicados de cierto machismo tropical – ruidoso y ridículo—que se mostró manso y obediente a la ley. E incluso que bajo la cabeza ante la arbitrariedad. Pero fue inmensamente superior: no tuvo miedo, no pidió tiempo para orinar; ni que le cubrieran los ojos. Dirigió su pelotón de fusilamiento. Respeto las leyes de la guerra.

En el cristianismo, después del pecado existe la resurrección. Morir para ser otro nuevo y mejor, rectificando y viviendo de otra manera, aceptando la voluntad del Señor, para volvernos mejores. En el comportamiento de los gobiernos es igual. Un gobierno puede ser muy bueno; pero si al final hace torpezas se le recordara – y los historiadores son muy exigentes– por los daños finales. Churchill fue un político que cambio la historia de occidente; pero se le recuerda más que por sus éxitos, por haber perdido las elecciones después de haber ganado la II Guerra Mundial. Pero ante ese hecho mostro una ciega obediencia a la ley; y el respeto irrestricto a la voluntad de los ciudadanos que ya no lo querían como Primer Ministro. Tomo su sombrero, mordió el puro infaltable; y se fue para su casa. Sereno y tranquilo.

Sin negar las diferencias abismales entre Churchill y Xiomara debemos decir que esta ha desaprovechado los últimos momentos para asegurar la forma como será recordada. No es relevante – al final de cuentas — que haya sido la primera mujer gobernante. Si lo es la forma como al final se comporta, obedeciendo la voluntad popular, llenando las cajas de sus papeles personales – no los oficiales porque no se los puede robar –, facilitando la transición entre su administración y la de Asfura. Y lo más importante, aceptando que los votantes siempre tienen la razón. Y que, al rechazar a su partido, lo confirmaron.  Gabriel Boric, presidente de Chile que perdiera las elecciones, dijo que, si la izquierda sigue echándole la culpa a los otros por los resultados, “jamás tendrá otra oportunidad sobre la tierra”.

Al final de su mandato Xiomara no está haciendo lo que corresponde. Lo que determinará el juicio final sobre su régimen. Pasará a la historia no como una líder democrática, sino que como una mujer irrespetuosa del voto popular que rechaza la superioridad de la ley, agrediendo las instituciones; y  quiere – en sus últimos momentos – resaltar sus instintos más pequeños, sus mendicidades y sus infantilidades, cuando todos esperabamos que al final, muestre su grandeza y dignidad.

Morazán en sus últimos momentos reconoció haber cometido errores; pero que cuando “había rectificado sus ideas sobre la revolución se le quita la vida injustamente”. Xiomara, en vez de decirnos: “hice lo mejor que pude por servirlos. No niego que en algunos momentos me he equivocado, pero siempre busque lo mejor para todos. Esperaba una votación diferente pero la respeto porque el pueblo, tiene la potestad de equivocarse cuantas veces quiera hacerlo”. Expresiones de esa naturaleza, le habrían dignificado olvidando los errores que cometió y las tonterías que nos dijo en estos cuatro años. “Me equivoque porque soy un ser humano; pero nunca hice nada con ánimo de dañar a nadie”.

Pero no. Xiomara al final de su mandato repite las mismas conductas irrespetuosas, miente en forma deliberada, obstruye la autoridad del CNE, quiere anular las elecciones; y busca quedarse en el poder por un tiempo más, en momentos en que los hondureños no queremos saber mas de ella, de Mel, Redondo; y de otros asustados burócratas porque a partir del 27 de enero, serán como hemos sido los otros, peatones sin guardias pagados por el dinero público y sin vehículos de lujo mientras el resto del pueblo se muere de hambre y soledad.

Creímos que Xiomara mostraria mas nobleza, mas honor; y mas respeto por la ley y por los hondureños. Anticipamos que antes de pensar en los votantes que rechazaron a Rixi Moncada, tendría presente en su corazón agradecido a los que la votaron en 2021; y le dieron – sin merecerlo, porque esto debe reconocerlo – la Presidencia de la Republica, un cargo para el que como lo está confirmando, no estaba preparada; y no se lo merecía. Lástima que al final, se muestre pequeña, mezquina y se comporte como las ratas, volviéndose desgradecida y peligrosa.   

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