Por: SEGISFREDO INFANTE

            Al final no me arrepiento para nada haber publicado el artículo histórico “Ralentización comercial”, el jueves 05 de marzo del año en curso, habida cuenta que dos días después se estaban divulgando en los medios internacionales los primeros derrumbes de las bolsas financieras, al extremo que en fechas más recientes se ha insinuado que los sucesos, por causa de la pandemia casi universal, podrían ser peores que los ocurridos durante el año 2008. No es nada conveniente crear un sentimiento de “pánico” en los centros bursátiles ni en el resto del mundo. Sin embargo, al final de la jornada sabremos a ciencia cierta quiénes han sido los gananciosos privilegiados con la compra de acciones caídas “a precio de gallo muerto”, sobre todo en algunos centros asiáticos, principalmente en China Popular. En este punto podrían emerger desde el fondo de un mar arremolinado, algunos enigmas financieros, económicos, bioquímicos y de liderazgos regionales y mundiales. No hay que precipitarse. Lo sabremos, tal como lo expresé en un artículo anterior, en unos quince o veinte años, por aquello del ocultamiento tradicional de los hechos, los planes, los accidentes y las cifras, que requieren de investigaciones históricas profundas, imparciales y bien documentadas, sobre todo en una época en que algunos futurólogos, y otros ideólogos, exhiben un desprecio velado hacia la “Historia”, y también hacia lo que ellos llaman despectivamente “el historicismo”.

            En Honduras las cosas parecieran más o menos tranquilas. Excepto que nuestro sistema sanitario exhibe, cuando menos en estos momentos, una vulnerabilidad tan grande que es muy poco lo que podríamos hacer para salvar vidas humanas. Ni siquiera estamos en verdadera capacidad de contención porque los incrédulos respecto de la amenaza mundial han respondido con la típica guasa a la que se refería Froylán Turcios, cuando el gran prosista hondureño insinuaba que Honduras “es un país de guasones” y de “bárbaros”; supongo que de bárbaros “civilizados”. Bueno. Habría que añadir que el resto de latinoamericanos mestizos poseemos, además, en términos promedios, una sagacidad desorbitada para ningunear casi todo y para ridiculizar las cosas más serias que pueden irse presentando en el camino de la vida y de la “Historia”. Somos tan adolescentes que nos falta demasiado trayecto para madurar como individuos y como sociedad. Nos hacen falta, por lo menos a los catrachos, doscientos años de recorrido hacia adelante. Esto lo pronostiqué, sin ser futurólogo, en algunos artículos publicados, aquí mismo en LA TRIBUNA, hace unos diez, quince o veinte años, con el deseo íntimo de equivocarme. Pues deseo que Honduras se modernice, equilibradamente, sin dar saltos hacia el vacío abismal, en el menor tiempo posible.

            Pero los deseos íntimos y las crudas realidades a veces chocan. Pues ocurre que mientras los técnicos de la “OPS”, de la “OMS” y del gobierno daban recomendaciones precautorias para neutralizar el asedio del nuevo “virus”, exigiendo lavatorio de manos con agua y jabón, en mi vecindario hemos estado hasta diecisiete días sin agua potable. La pregunta elemental es dónde conseguiríamos agua para lavarnos las manos tantas veces sea necesario, según las recomendaciones de emergencia. Con el agravante de la escasez de “gel con alcohol” y la duplicación, de la noche a la mañana, de precios en algunos medicamentos vitales para las vías respiratorias y otras enfermedades concomitantes. Es inexplicable cómo pueden haber “hondureños” con tales acciones abominables contra sus propios paisanos o contra el prójimo en general, que se aprovechan de cualquier coyuntura crítica para flagelar la carne y los huesos de los demás, perdiendo de vista que calamidades como la presente se convierten en un bumerán para todos. Tarde o temprano la “Historia” les va a pasar la factura, a los unos y a los otros. Especialmente a los que se aprovechan de la angustia y del pánico de las personas humanas asediadas por circunstancias tan impredecibles como las que estamos experimentando ahora mismo.

            El tema de la genética, de la virología, del agua y de su relación con problemas económicos, militares y políticos, ha sido estudiado meticulosamente por varios autores viejos y nuevos, y algunos, de hecho, muy actuales. Al final tanto la “Historia” como el pensamiento sesudo general, es decir “Filosófico”, se reivindican nítidamente. Uno de esos investigadores respetables es el geógrafo multidisciplinario Jared Mason Diamond, quien desde 1991 ha venido publicando libros y ensayos polémicos pero interesantes. Creo que por lo menos hay cuatro libros llamativos de Jared Diamond que valen la pena ser leídos, estudiados y discutidos, entre ellos: “Armas, gérmenes y acero”, del año 1997. Un texto que, dicho sea de paso, se me ha “extraviado” dentro de un túmulo de libros desperdigados por aquí y por allá. Quedan pendientes otros autores de bioética, más serios, que comentaré después. Como también queda pendiente el desarrollo del tema central del agua en países periféricos como Honduras, comúnmente ligado a los subtemas de “escasez económica”.

            Tegucigalpa, MDC, 15 de marzo del año 2020. (Publicado en el diario “La Tribuna” de Tegucigalpa, el jueves 19 de marzo de 2020, Pág. Cinco). (También se reproduce en el diario digital “En Alta Voz”).

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