Por: SEGISFREDO INFANTE

            El problema fue planteado por algunos de los primeros filósofos de la Antigua Grecia, en el proceso de búsqueda del elemento primigenio del mundo. Creo que en aquella época lejana era una enorme dificultad hablar del concepto “Universo”, tal como hoy lo concebimos, enlazamos y percibimos. Tal vez Aristóteles se aproximó un poco a esta “Idea” con aquello del “Primer Motor Inmóvil”. O los pensadores y religiosos hindúes con la noción del “Huevo Cósmico” originario.  

            Cuando nos aproximamos por primera vez a los filósofos griegos fisicalistas, pensamos que ellos eran “ingenuos”, porque los tratamos con nuestros conocimientos actuales, lo cual es un error de entrada. Creemos que algunos de ellos eran “materialistas vulgares”. Pero la verdad es que detrás de la aparente ingenuidad de aquellos filósofos como Tales de Mileto, Anaximandro, Anaxímenes, Empédocles, Leucipo, Demócrito y Heráclito, existía una gran capacidad de observación y agudeza; síntesis y asombro; igual que el asombro de los niños cuando lanzan preguntas como dardos sobre cualquier cosa que les parece un enigma; pero eran niños con la capacidad de un adulto que ha abandonado la adolescencia para siempre. Estos filósofos aparentemente ingenuos devenían obligados a trabajar sus pensamientos sutiles con mucho tacto y prudencia, dado el contexto histórico-cultural vidrioso en el cual se movían, en tanto que buscaban distanciarse de la cultura mitológica politeísta de su propia sociedad.

            No puedo ni debo hablar, en un breve artículo, de los filósofos que percibieron los cuatro elementos básicos del mundo. Así que trataré de concentrarme en Leucipo y Demócrito, aun cuando se ponga en duda la existencia histórica de Leucipo. Ambos filósofos, después de analizar los postulados de sus predecesores, arribaron a la conclusión que el mundo estaba constituido por “átomos” y “vacío”. La palabra “á-tomo”, exhibe cuando menos dos traducciones: algo que es “sin partes”; o algo que es indivisible. Aquellos filósofos intuitivos y geniales (sin ningún laboratorio a mano) pensaron que existían partículas o corpúsculos elementales, que para el ojo humano era imposible percibirlos. Mucho menos para el tacto. Justamente, por esa capacidad especulativa y metódica, es que se les puede considerar filósofos o epistemólogos. No científicos sometidos a un proceso de demostraciones particulares. Una de las características de la “Filosofía”, es la capacidad anticipatoria correcta de algunos filósofos auténticos.

            En los últimos cuatro siglos, por supuesto, resulta loable que los físicos teóricos, y experimentales, como Isaac Newton y Leon Lederman, para sólo mencionar dos nombres, se autoperciban como discípulos a la distancia de Demócrito. Uno de los problemas con los filósofos presocráticos (o preplatónicos) es que sus obras han llegado hasta nosotros en fragmentos. O por medio de comentarios tardíos. Exceptuando la obra en verso de Parménides, que la tenemos completa, con un contenido metafísico profundo y totalizador, que era casi todo lo contrario de la de Heráclito. Pues bien. Demócrito combina una especie de observación sensorial con una percepción metafísica del mundo, en el intenso proceso de intuición racional de los átomos como objetos indivisibles e indemostrables en aquella remota época de floración mental. Una de las épocas más excelsas del pensamiento humano, con unos bemoles y paradigmas educativos que debiéramos revisar o releer desprejuiciadamente. A veces me parece que el Renacimiento italiano es como una proyección indirecta, o platónica, de aquellos días gloriosos de la Antigua Grecia, pero con fuertes ingredientes judeocristianos.

            Vale la pena subrayar que varias de las preguntas asombrosas y de los problemas claves que formularon los filósofos griegos, algunos han sido despejados y otros continúan sin respuesta. Tanto en el capítulo de la configuración del mundo, o del “Universo” elemental, como en los temas vitales de la ética, de la moral y de la política en el “Hombre”. Continúa gravitando, por ejemplo, el problema epistemológico de una partícula elemental intuitiva hoy llamada “gravitón”, que más pareciera un fantasma teórico-especulativo. Además, continúa vigente la búsqueda de la felicidad real de los seres humanos, lo cual sigue siendo un problema central para la gran Filosofía. 

            Parece ser (habría que investigarlo en los relatos tardíos de Simplicio o en los libros de Rodolfo Mondolfo) que Demócrito sugería que “nada sabemos de nada”, y que “la verdad está lejos del hombre”. Pero el hombre reorganiza o modifica cerebralmente el conocimiento de las cosas con sólo contactarlas; u observarlas diríamos ahora. Si tal sugerencia de Demócrito fuera cierta, esto significaría que se anticipó en muchos siglos a Werner Heisenberg. Es evidente que el presente artículo se relaciona, en cierto modo, con el tema de la antimateria; también con otro artículo mío (pero muy diferenciado) que se publicó allá por comienzos de julio del 2008; y luego con una charla de Rigoberto Erazo, sobre el tema del átomo, ofrecida hacia lo interno del “Círculo Kurt Gödel”.

            Tegucigalpa, MDC, 18 de octubre del año 2020. (Publicado en el prestigioso diario “La Tribuna” de Tegucigalpa, el domingo 25 de octubre del 2020, Pág. Siete). (Se reproduce, igualmente, en el diario digital catracho “En Alta Voz”, por gentileza espontánea de los periodistas Mario Hernán Ramírez, Elsa de Ramírez y Lourdes Ramírez).

 155 total views,  2 views today

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here