Clave de SOL:
Por: Segisfredo Infante

Las noticias de los fallecimientos de los amigos llegan como baldes de agua helada, en tanto que un frío recorre nuestras espaldas cuando de pronto nos enteramos que los amigos y los parientes cercanos han comenzado a viajar a través del polvo sideral, en tanto que para nosotros “el más allá” resulta algo así como impensable dentro de los parámetros comunes de la lógica ordinaria.

Como soy un hombre introvertido, me resultó difícil transformar en amistad una vieja proximidad intelectual con Benjamín Santos, dos de cuyas características eran la timidez y la distancia con el prójimo. Pero una vez que se franqueaban las barreras naturales y se estrechaban los lazos interpersonales, el hombre sabía reír, contar confidencias, apenarse y compartir conocimientos. Como éramos colegas en las páginas de opinión de LA TRIBUNA, me resultaba fácil invitarlo al programa de televisión “Economía y Cultura”, con el propósito de abordar diversos tópicos. Un tema recurrente que nos ligaba era el asunto de la “economía social de mercado”, siendo Benjamín Santos Maldonado uno de los hondureños que mejor manejaba el asunto, en tanto que había vivido en Alemania y había sido directivo del Instituto de Formación Política de Centroamérica (de la “Konrad Adenauer”) en Guatemala. Ambos fuimos expositores en el “Instituto de Investigaciones Socioeconómicas” que dirige Ramón Velásquez Nazar, allá por Valle de Ángeles, donde almorzábamos juntos. Pero los momentos más gratos los pasamos en la cafetería y librería de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, en donde Benjamín relataba sus peripecias de estudiante, su vida familiar, sus discusiones acaloradas con otros integrantes del movimiento democratacristiano, etc.

Podría decirse que entre nosotros había un ligamen arcano. Una pariente suya, María Victoria Maldonado Chinchilla (“Mama-Toya”), había sido la ama de llaves que me enseñó a leer las primeras letras en los primeros textos de la Biblia, allá por la colonia Villa Adela, cuando apenas contaba con cinco años de edad. Este fue resorte de algunas de nuestras conversaciones, y también el de su parentesco cercanísimo con monseñor Héctor Enrique Santos (QEPD). Benjamín Santos eran un catedrático universitario de principios éticos muy fuertes. Y raras veces se la caía un elogio para nadie. Sin embargo, me respetaba en temas filosóficos, y una vez me citó en uno de sus artículos. Al final era un hombre tímido, reservado y bueno.

En cuanto a Jaime Chávez Almendares, las cosas fueron más directas. Nos conocimos en comisiones políticas y en reuniones de análisis económico. Nos hicimos amigos casi en los primeros intercambios. Razón por la cual fue uno de mis primeros invitados en el programa de “Economía y Cultura” de la Televisión Educativa Nacional, en el año 2007. Nunca olvido que durante la crisis financiera global del año 2008 y subsiguientes, estuvimos abordando, en forma reiterada, las secuelas desencadenadas directa o indirectamente por aquella gran explosión de la burbuja financiera.

Aun cuando Jaime Chávez poseía un doctorado en matemáticas, le gustaba que lo presentáramos como “analista financiero internacional”. La verdad es que tal atributo era respaldado por su experiencia como vicepresidente del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE). Luego por sus contactos permanentes con el “Deutsche Bank” de Fráncfort del Meno. En años más o menos recientes se había convertido en presidente del Banco Popular de Honduras. De tal suerte que cuando intentábamos sumergirnos en problemáticas económicas y financieras del mundo actual, sentía encontrarme frente a una autoridad de peso. Sin embargo, el comportamiento de ambos frente a las cámaras de televisión, era de mucha cautela, en tanto que percibíamos que la crisis financiera desencadenada en el 2008, presentaba facetas inéditas si las comparábamos con la quiebra financiera de 1929. Esto significaba que sabíamos que, pese a todo, carecíamos de algunos datos vitales relacionados con los derrumbes (siniestros e internos) de algunos delos más importantes bancos del mundo, incluyendo los de Islandia, que en un lapso de tres meses dejaron en la calle a casi toda la población de ahorrantes y de jubilados de aquel rico país nórdico.

La moderación del amigo Jaime, en los vaticinios de los problemas financieros y económicos, era proverbial. Recuerdo que abordamos, en dos o tres oportunidades, previo a la pandemia, el tema de “la guerra comercial entre los dirigentes de Estados Unidos y de China Popular”. Ambos coincidíamos en que hacía falta un liderazgo carismático mundial fuerte, que viniera a poner orden ante los vacíos de poder internacional.

Antes y después de los programas televisivos, con Jaime Chávez conversábamos sobre poesía, en tanto que él había conocido y tratado en su adolescencia al poeta de Comayagua Edilberto Cardona Bulnes. ¡Paz eterna para nuestros amigos fallecidos!

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