Por: SEGISFREDO INFANTE

            Cuando la tormenta tropical “Mitch” (1998) se aproximó a Tegucigalpa, una periodista que cubría el evento anunció con una amplia sonrisa televisiva, que el ojo de dicha tormenta se desplazaría hacia la colonia “Cerro Grande”. Me resultaba difícil comprender cómo alguien podía sonreír frente a una tragedia natural que se salía de la rutina de registros huracanados durante décadas o siglos. Después esa misma periodista se vio envuelta en extrañas relaciones ligadas a los acontecimientos políticos anárquicos del año 2009. Es algo parecido a los eslóganes del cabaret del “Molino Rojo” en París, y en otras partes del mundo. Es decir, que a pesar de las tremendas desgracias que le ocurran al ser humano, “el show debe continuar.” (No mencionaré el nombre de la periodista porque en estos casos se debe hablar del pecado. No del pecador).

            Actitud análoga la he detectado en algunos noticieros televisivos internacionales, en que algunos periodistas prestigiosos (de ambos sexos) hablan con una gran sonrisa, y sin ningún empacho, de un supuesto “cambio civilizatorio” en la humanidad. Percibo de inmediato que nada saben de “Historia”. O, lo que es peor, que nada desean saber de esta ciencia que enseña los grandes aportes de la humanidad; pero también los grandes errores que en el pasado lejano o reciente cometieron los dirigentes políticos, económicos y religiosos de diferentes civilizaciones y culturas. Tampoco desean saber nada de la gran “Filosofía”, que podría ayudarles a iluminar sus senderos laberínticos.

Pareciera que nada desean aprender, estos prestigiosos periodistas metidos en el ajo de la política mundial, acerca del ensayo democrático (para colocar un solo ejemplo) de la “República de Weimar”, en la vieja Alemania, en donde se demostró una enorme inconsistencia de las élites nacionales e internacionales, quienes en forma inconsciente (y a veces demencial) facilitaron el camino de ascenso al poder del archi-violento nazi-fascismo hitleriano. Cuando los parlamentarios alemanes (especialmente de tendencia liberal y socialdemócrata) se dieron cuenta del nuevo fenómeno “civilizatorio”, ya era demasiado tarde. Hasta los comunistas estalinistas que creían ser muy listos, cayeron en la trampa. Stalin pactó abiertamente con Hitler. Lo cual se tradujo en “seppuku”, o “harakiri”, contra Polonia y contra el mismo pueblo soviético.

En este punto vale la pena recordar que los nazis, en cierto momento, llegaron a poseer el mayor poder tecnológico de aquella época cargada de intolerancia, innovaciones y de terror. Pero las causas principales de tan novedoso fenómeno habría que rastrearlas en las inconsistencias políticas y económicas internas de los mismos demócratas; en el antisemitismo extremo; y en el pésimo manejo de los intereses económicos vitales del pueblo alemán por parte de los “Aliados” triunfadores de la “Primera Gran Guerra”. Sobre todo de algunos dirigentes franceses, interesados en apoderarse de los minerales germánicos del Ruhr. Creo que el filósofo Hans-Georg Gadamer coincidiría conmigo, si estuviera vivo. Conviene estudiar “los alegres años veinte” del siglo pasado, porque en algunos capítulos se parecen mucho con nuestra época, incluyendo la “influenza”, la crisis económico-financiera y la actual pandemia.

Los famosos cambios civilizatorios podrían percibirse desde por lo menos cinco mosaicos históricos: 1) La destrucción casi completa de una civilización que podría ser sustituida por “bárbaros”, tal como ocurrió con el “Imperio Romano de Occidente”, que al final fue desmantelado por diferentes grupos germánicos. 2) La destrucción de una civilización para ser suplantada por otra. Esto le sucedió al “Imperio Persa” cuando fue sustituido por una transitoria, fragmentada y contradictoria civilización helénica, inspirada originariamente por Alejando Magno. Otro caso similar es el de la civilización bizantina: desplazada, acorralada, destruida y suplantada por los turcos otomanos, cuyo emblema es Estambul. 3) El cambio gradual dentro de una misma civilización. El ejemplo más claro es el de la civilización judeo-cristiana occidental de los tiempos feudales, que para la época del “Renacimiento” italiano, se convirtió en una sociedad capitalista,  creciente y floreciente, con la mundialización mercantil posterior del “Imperio Español” y luego del “Británico”. Pero la sociedad europea continuó siendo, espiritualmente, judeo-cristiana, bastante laica y un poquito atea. Que conste que la revolución francesa vino varios siglos después del surgimiento del capitalismo. 4) La autoextinción de algunos modelos civilizatorios por razones y motivos casi inexplicables. Quizás por fatiga, como en el caso de la civilización maya del periodo clásico. 5) Los intentos de cambios civilizatorios durante los ensayos de los totalitarismos de extrema derecha y de extrema izquierda en el siglo veinte. Pero este es un tema para otro artículo.   

Cuando en algunos programas televisivos internacionales se habla de “cambio civilizatorio”, debieran exhibir cuando menos una idea vaga de lo que pretenden decir. Pues los cambios tecnológicos por sí mismos pueden presentar un lado bueno para las sociedades; pero al mismo tiempo un lado muy oscuro, demoledor del ser humano.

Tegucigalpa, MDC, 04 de octubre del año 2020.  (Publicado en el prestigioso diario “La Tribuna” de Tegucigalpa, el jueves 08 de octubre del 2020, Pág. Cinco). (También se reproduce en el diario digital catracho “En Alta Voz”).

 157 total views,  1 views today

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here