“El COVID-19 me transformó”

Villanueva, Cortés, En AltaVoz. Héctor Gómez, de 45 años, dejó su lecho de enfermo por la COVID-19 y hoy, con más energía que nunca, está dispuesto a emprender un negocio con sus propias manos. “Soy el alfarero que le da forma a mi nueva vida”, comparte, muy seguro, con En Alta Voz.

Ser un emprendedor en un rubro que no es su profesión no es nada fácil, pero nunca es tarde para aprender algo nuevo. A raíz de la pandemia del coronavirus estuvo en cama varias semanas. Al recuperarse, se sintió impulsado a emprender, por la necesidad de continuar generando ingresos para vivir, para apoyar a su padre y a sus hijos.

“Gracias a Dios, que él me ha dado una idea y la estoy intentando plasmar con mucho esfuerzo y trabajo y creo que voy por buen camino con su bendición. Mi sueño ahora es ver un día establecida una fábrica de maceteras, que he llamado Rústicos. En mi mente pasaron muchas cosas y eso estresa, mucho más cuando uno tiene responsabilidades con los hijos”, afirma.  

“Rústico porque cuando sale del molde está áspero y no tengo herramientas para pulirlos; pero, como alguien me dijo, lo rústico está de moda”.

Gómez trabajaba antes de la pandemia para una prestigiosa revista social de San Pedro Sula, considerada la ciudad industrial de Honduras, asistía a múltiples eventos sociales de la élite sampedrana, disfrutó de manjares, ambientes refinados, espectáculos musicales y shows, conoció la forma de vida de los ricos y famosos y todo eso le permitió reflexionar sobre las diferencias extremas entre las clases sociales en Honduras, los que tienen todo y más de lo que necesitan y los que no tienen nada.

“Algunos hasta importan agua de Francia para regar sus plantas y árboles ornamentales en sus grandes jardines. Observaba todo a mi alrededor y pensaba en cómo viven los ricos y cómo hacemos otros para vivir cada día”, reflexionaba Gómez mientras hacía su trabajo de camarógrafo.

La revista se vio obligada a realizar recortes de personal por falta de ingresos publicitarios. Gómez fue uno de los afectados y comenzó a trabajar de forma independiente, realizando trabajos pequeños de producción de video, transmisiones en vivo en circuito cerrado para eventos deportivos, contenido audiovisual para algunos periódicos digitales y colaborando con amistades en lo que podía.

Después, en mayo 2020, “me enfermé de COVID-19 en San Pedro Sula y no fue fácil, es una peste que nos quita las fuerzas y si uno se descuida puede suceder lo peor. Gracias a Dios y a las amistades logré superar esta enfermedad. Siento que, a pesar de esto, el coronavirus me ha cambiado la forma de pensar y me dio las fuerzas y los deseos de enfrentar la situación económica actual. Siento que soy una persona diferente, con una segunda oportunidad”.

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“Por descuido me contagié”

Por las restricciones de movilización impuestas por el Gobierno y el toque de queda a causa de la pandemia, Héctor tenía dos meses de no trasladarse a San Pedro Sula, donde viven sus dos hijos de 18 y 11 año.

“Me desesperé por ir a verlos, no aguantaba estar sin ellos. A través de unas amistades logré movilizarme porque esos días estaba todo cerrado, no se podía circular. Llegué el miércoles 20 de mayo a San Pedro Sula”.

El jueves 21 salió temprano a realizar unas gestiones, acompañando al abuelo de sus hijos al mercado. “Estaba en el carro, esperando al señor que estaba en el banco y vi a un muchacho, vendedor ambulante, vendiendo mascarillas. Lo llamé, le compré tres mascarillas y un par de guantes y no me fijé que las mascarillas las andaba al aire libre. Me puse la mascarilla que compré y ahí fue donde, a los cuatro días, tal como dicen los médicos, comencé a experimentar los síntomas”, relata.

Comenzó a tomar suero el domingo 24 de mayo. “No me sentía bien, estaba débil. Después se me quitó la fiebre, el dolor de cuerpo, pero me continuó la diarrea siempre”. A raíz de eso, en la casa donde estaba le dijeron que estaban preocupados porque podía ser la enfermedad de la pandemia y que podía contagiar a las demás personas, incluso a sus hijos.

“Tuve que salir de ahí. Llamé a un amigo que tiene un taller mecánico y resulta que, al llegar al mediodía, me desmayé. Mis amigos me asistieron, me dijeron que convulsioné. Son hermanos en Cristo. Ellos comenzaron a orar por mí, estaban bien preocupados por mi salud. Después me dijeron que mejor me fuera para Villanueva porque me podía sentir peor y me quedé durmiendo dentro de un carro para no exponerlos al contagio”, dice Gómez.

Héctor tiene amistades que siempre lo apoyan y una doctora le proporcionó el tratamiento para el virus. Ese mismo día le entregaron los medicamentos. No asistió a ningún centro médico por miedo de que lo dejaran interno. Lo asustaba ver en la televisión esos pacientes con tubos.

No fue al hospital y no creyó que fuera eso, aunque los síntomas lo confirmaban, la tos no paraba y era cada vez más intensa. Pensó que el dolor de cuerpo que le comenzó el domingo era por trabajo físico que había realizado. El lunes sintió más pesado el cuerpo y comenzó a no sentirle sabor a la comida y se incrementó el dolor del cuerpo.

“Sentí toda la semana el clima caluroso. El martes sentí cansancio extremo, fiebre. Pensé que era dengue y en la casa donde estaba me comenzaron a dar tés de limón, pero solo fue un día la fiebre. El miércoles ya no tenía fiebre, no tenía gusto en el paladar, ya no quería comer. Estaba muy débil, con diarrea. Dejé de comer miércoles, jueves y viernes. Tuve dolor de cabeza, pero suave. El sábado no me pude levantar. Intentaba y no podía, Una debilidad tremenda. Con los medicamentos que me envió una doctora y que me monitoreó todos los días pude ver los avances. Comencé a mejorar al poco tiempo. Pasaron los días y me fui sintiendo mejor poco a poco, tenía que reponerme y comenzar a trabajar, pero, ¿cómo? o ¿en qué?, si no tenía empleo”, describe a En Alta Voz de forma cronológica.

 “Vi la luz al final del túnel”

“Desde el año anterior me sentía en algún momento muy estresado. Decidí apartar un día para relajarme y encontré en YouTube cómo hacer una macetera. Fue así que aprendí y lo hice. Me sentí bien con el cemento en mis manos y me relajó. Recuerdo que hice tres maceteras pequeñas y me alegré la vida, me sentí útil.

Al sentirme bien después de superar el virus, lo recordé y decidí hacer de nuevo maceteras y lo publiqué en mi página de Facebook y les gustó a algunas personas que me hicieron pedidos. Entonces vi la luz al final del túnel. Inicié con un cuarto de bolsa de cemento y un poco de arena en un balde y recipientes para ensaladas como moldes. Gracias a Dios, todo salió bien”.

“Soy el alfarero que da forma a una nueva vida”

“La verdad, no sé si moriría por la peste, pero hubo un día que caí desmayado con convulsiones y, cuando desperté, mis amigos pensaron lo peor. Quisiera decir que nunca pienso en la muerte, pero, si sucediera, creo estoy preparado porque sé para dónde voy y estoy seguro de eso.

Dios me recibirá con los brazos abiertos. El tiempo de arcilla en las manos de Dios creo que ya llegó a su final porque ya he sido formado en sus manos. Después de quebrarme varias veces, pienso que ya tengo la forma que Él quiere que tenga. Ahora sí creo que me ha dado la capacidad de ser un alfarero para darle forma a una nueva vida para mí y los míos.

Quiero decirles a las personas que están abatidas y desesperadas que pongan su vida en las manos del Señor Jesucristo para iniciar, después pídale una forma de hacer algo y él lo hará. Le pedí y le dije quiero hacer algo donde pueda ganar dinero a pesar de la pandemia y él me lo dio. No se den por vencidos e inicien algo. En el camino, Dios abrirá el mar Rojo. Venzan su mente y créanle a Dios y comiencen. Con poco o mucho, las cosas con esfuerzo y perseverancia se logran”.

Héctor Gómez es un ejemplo de resiliencia. Es uno de los sobrevivientes del COVID-19. Varios periodistas, fotógrafos y camarógrafos se han contagiado del virus y también lograron recuperarse. Mientras tanto, fallecieron los periodistas Francis Jacqueline Bojorque, David Romero Ellner, Pablo Gerardo Matamoros y José Edilberto Zelaya, quienes recibieron un homenaje póstumo de parte de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).

https://www.latribuna.hn/2020/08/07/periodistas-hondurenos-muertos-por-covid-19-merecedores-de-premio-de-la-sip/

“La televisión me dio tantas alegrías viajando, aunque a veces arriesgando la vida, pues en nuestros países en Centroamérica tocar algunos intereses de grandes es un riesgo de vida o muerte. Conocí Guatemala, Costa Rica, México y mi país Honduras haciendo reportajes y documentales con periodistas locales y extranjeros.

Una de las experiencias más riesgosas fue un viaje al Bajo Aguán, en el departamento de Colón, investigando la muerte de personas de grupos campesinos. Teníamos el lodo hasta la rodilla y mirábamos flotar serpientes. Fuimos vigilados, perseguidos. Otra experiencia que me marcó fue en una comunidad del río Gualcarque, acompañando a periodistas extranjeras que estaban investigando el asesinato de la ambientalista Berta Cáceres. Con ese trabajo gané un premio fotográfico de unas organizaciones extranjeras.

Más de 25 años trabajé exclusivamente en noticias generales y en deportes. Fueron tantas vivencias y tantas experiencias con colegas productores, camarógrafos, editores, fotógrafos, técnicos y periodistas, para medios nacionales e internacionales.

Jamás olvidaré grandes jefes y jefas como el periodista Gabriel García Ardón en Telediario (Q.E.P.D), Edgardo Melgar (Hoy Mismo), Renato Álvarez (Canal 63), Sonia Mejía (Canal 11), Mauricio Banegas (Canal 63), Mayra Navarro, José Adán Castelar, Olman Serrano, Carlos Martínez y el periodista Sabino Gámez. También con Lourdes Ramírez en Noticias 21 y Café Informativo Radio”.

También trabajó en radio, en noticieros, inició en radio Estrella de Oro como productor y copresentador con la periodista Judith Reyes. Fue director un tiempo de Radio Fraternidad y director de programación en Estéreo Unción, en Carolina del Norte, Estados Unidos. “Siempre he querido producir un noticiero internacional en alguna radio en Honduras”.

“Me siento satisfecho de mi labor como productor y documentalista. Trabajé con medios de México, USA, Inglaterra, China, Oriente Medio y Alemania. Me siento realizado profesionalmente, aunque ahora solo colaboro para algunos medios digitales”.

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