Por Mario Hernán Ramírez

Presidente vitalicio Consejo Hondureño de la Cultura Juan Ramón Molina

Este noviembre con todo y los desagradables momentos que nos ha hecho vivir, como consecuencia de los derrumbes e inundaciones por doquier, producto del cambio climático, derivado simple y sencillamente por la deforestación, sobre todo en esta zona en que, con mayor fuerza se ha sentido la presencia de los meteoros que han azotado esta región del planeta.

El 1 de noviembre se conmemoran dos efemérides de alto relieve cultural; primero, el 112 aniversario del fallecimiento del egregio Juan Ramón Molina y segundo, el 87 cumpleaños de H.R.N., conocida como la primera emisora del país.

Enseguida el 11 de los corrientes se recuerda también la extraordinaria gesta gloriosa del paladín centroamericano General Francisco Morazán Quesada, al utilizar su genial estrategia de singular guerrero, derrotando las fuerzas invasoras de José Justo Milla, las que salieron en desbandada en el sitio conocido como La Trinidad, a inmediaciones de Sabanagrande, F.M.

Después llegamos al 18, fecha que felizmente en este 60 aniversario de su arribo, el notable escritor, abogado internacionalista don Carlos López Contreras, en este mismo diario nos pormenoriza la efeméride por medio de la cual se pone punto final a uno de los episodios más gloriosos que ha vivido Honduras durante su historia republicana, cuando la Honorable Corte Internacional de Justicia de La Haya, Holanda, en un histórico fallo de 14 votos a favor y 1 en contra, resuelve dirimir el problema limítrofe entre Honduras y Nicaragua, resultando favorecido nuestro país, para reconocer así el Fallo del Rey Alfonso XIII de 1906 en que se legitimiza alrededor de 18mil km2 que Nicaragua le disputaba a Honduras en la zona de La Mosquitia.

Ahora veamos el porqué de nuestro membrete en esta crónica dominical.

Los más connotados historiadores de nuestro país han escrito durante cerca de siglo y medio los más sesudos comentarios convertidos en fulgurantes textos históricos que reflejan en su contenido la extraordinaria vida y obra de un hondureño irrepetible como fue el sabio don José Cecilio del Valle nacido el 22 de noviembre de 1777 en la augusta, señorial y muy noble ciudad de Choluteca, ciudadano de incalculables méritos y virtudes que falleció en 1834, cuando Centroamérica esperaba mucho más de ese coeficiente intelectual no repetido en la región.

Y es que, por una de esas coincidencias felices, en una fecha igual, nada más que en 1920, surge otro talento excepcional en la misma ciudad chorotega, en el municipio de El Triunfo, a quien su madre bautiza con el nombre de Eliseo Pérez Cadalso, o sea que, mientras Valle cumpliría 243 años, Pérez Cadalso celebraría su primer centenario en esta fecha gloriosa.

¿Por qué el parangón? Simplemente, porque el Sabio Valle – redactor de nuestra Acta de Independencia _ cada día que transcurre, su nombre se agiganta más en la historia centroamericana y México, nación de la cual fue su canciller, Pérez Cadalso comienza su carrera intelectual prácticamente a los 28 años, cuando en 1949 ocupa una curul en el Congreso Nacional de la República, comenzando desde entonces su triunfal ascenso, ya que por moción suya en el hemiciclo legislativo con Víctor Cáceres Lara y otro colega parlamentario proponen la creación de los premios nacionales de ciencia, arte y literatura que desde ese mismo año comienzan a adjudicarse, el primero al laureado poeta, abogado y fabulista Luis Andrés Zúñiga en un día como hoy. Y así, sucesivamente, Pérez Cadalso descolló como un brillante expositor de la política, la ciencia, diplomacia y como escritor de inconmensurable legado a través del tiempo. Don Eliseo ocupó entre otros los honrosos cargos de Diputado al Congreso Nacional, presidente de la Asociación de Prensa Hondureña, embajador nuestro en diferentes países como España, México, Nicaragua, El Salvador y otros por el estilo, Canciller de la República, rector de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras y notable catedrático en las aulas de las escuelas de derecho, todo lo anterior con resonante éxito.

Pérez Cadalso se destaca, también, como escritor de monumentales obras sobre diferentes temas de carácter nacional e internacional que reflejan en su contenido la supremacía intelectual de un hombre fuera de serie.

Sin embargo, donde este legítimo valor hondureño sobresale es cuando forma el Comité pro monumentos a Juan Ramón Molina (hoy Consejo Hondureño de la Cultura JRM), sacando del olvido la obra que ya antes habían emborronado personalidades como Froylán Turcios, Miguel Ángel Asturias, Arturo (Pituro) Oquelí, Humberto Rivera y Morillo y otros hombres de similar talento, logrando Pérez Cadalso la unidad de 12 compatriotas más para redactar la más portentosa obra sobre el genio de Molina, levantar un monumento en bronce, dignificando al comayagüelense jamás igualado, mucho menos superado, monumento que se yergue airoso en el parque La Libertad de su ciudad natal y la edición del libro Obra y Vida de Juan Ramón Molina, en la que con sus compañeros del Comité exaltan de por vida la recia personalidad de este genio de la literatura hondureña.

Hoy, pues, conmemoramos los nacimientos de José Cecilio del Valle y Eliseo Pérez Cadalso, ambos originarios de la sultana del sur, la siempre bella ciudad de Choluteca.

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