Por: SEGISFREDO INFANTE

            Uno de los filósofos más desdeñados por las tendencias deterministas y por los manualitos y pasquines relacionados con el “materialismo vulgar”, ha sido precisamente el ciudadano Platón, un integrante de la aristocracia griega, y el discípulo más inteligente y más leal del humildísimo Sócrates. Resulta harto difícil, en un breve artículo, realizar una aproximación de uno de los pensadores más geniales de todos los tiempos. Pero el deseo moral de compartirlo con mis lectores y con algunos individuos aislados de la clase política, va más allá de cualquier limitación espacial.

            Como la mayoría de los grandes escritores, Platón experimentó varias etapas en la evolución de su pensamiento. Los expertos han identificado por lo menos cuatro momentos importantes en su discurrir. El primer momento estuvo muy pegado al discurso antropocéntrico, moralista y mayéutico de su amado maestro Sócrates, a quien siempre reverenció. Más tarde trabajó, gradualmente, su propia tendencia filosófica a partir de la teoría de las “Ideas”, cuyo núcleo de pensamiento está asociado perennemente al nombre de Platón, desde la Antigua Grecia hasta nuestros días. Con sólo mencionar el concepto “Idea” uno piensa inmediatamente en Platón, incluyendo un libro reciente de Peter Watson intitulado “Ideas, historia intelectual de la humanidad”, publicado en 2005 y 2019, respectivamente.

            Las “Ideas” del discípulo más importante de Sócrates, se asocian al concepto parmenideano del “Ser”, y a la teoría de los números místicos de Pitágoras y sus seguidores, imprimiéndoles su propio sello platónico. Platón pensaba que existían unos “entes” intangibles cargados de divinidad que se llamaban “almas” o “ideas”, que eran los productores, dichos entes, de las cosas materiales. Por encima de esos entes invisibles estaba un “Ser Supremo”, Bueno y Perfecto, es decir Dios, identificado numéricamente como “Uno”. O con la “Idea” superior de todo. De tal suerte que el mundo material o sensorial era una imitación del mundo auténticamente real, es decir, del mundo de las “Ideas”, que nunca son movidas, sino que se mueven a sí mismas. Mientras el mundo sensorial es cambiante, el mundo de las “Ideas” es inmutable; o eterno.

            Tres cosas deseo destacar, por ahora, de Platón. La primera es la alegoría de la caverna, en donde unos hombres que se encuentran maniatados desde niños sin poder mover sus cabezas hacia los lados, perciben unas sombras de cosas y personas sobre la pared del fondo del “ántron” cavernoso. A sus espaldas se interpone un muro, y detrás de ellos hay una especie de fogata que proyecta tales sombras. Esos individuos creen que las sombras que perciben son la realidad. Pero uno de ellos es liberado para que salga a la superficie, y se enfrente a la luz del sol, que lo puede cegar. Se convierte en filósofo y retorna a la caverna. Pero nadie le cree en lo relacionado con el mundo exterior que el pensador ha observado. Es muy interesante que algunos físicos teóricos y de partículas y ciertos matemáticos de la primera mitad del siglo veinte, hayan coincidido con Platón en el sentido que lo único que podemos percibir de la realidad real, son puras sombras, y lo demás, desde nuestro punto de vista, son intuiciones filosóficas geniales y modelos matemáticos diversos. En este punto cabe destacar que los científicos anti-dogmáticos de la primera mitad del siglo veinte, rescataron a Platón del abismo en que lo habían hundido después del Renacimiento italiano. Pues con Heráclito y con Hegel convenimos en que todo se transforma en la “Historia”. Pero las “Ideas” filosóficas, teológicas y matemáticas son permanentes o subsisten, en diversos órdenes, tanto en el “Occidente” como en el “Oriente” civilizados.

            La segunda faceta que deseo destacar de Platón es su inquietud por adquirir diversos tipos de conocimiento, colocando la “Dialéctica” o la Filosofía Universal por encima de todas las demás ciencias, incluyendo la de los números. Según mi juicio personal Platón lo observó todo. Lo pensó todo. Y casi todo lo anticipó. Lo único que le hizo falta fue sistematizar algunos puntos enunciados en sus “Diálogos”, que fueron sistematizados posteriormente por su singular discípulo Aristóteles.

            Los “Diálogos” de Platón son fáciles de leer. Pero difíciles de comprender, por su empeño en refinar y enriquecer las ideas previas de Pitágoras, Parménides, Heráclito y de Sócrates. Algunos autores coinciden que en el diálogo de la “República” Platón retoma y condensa todas sus teorías filosóficas, incluyendo el capítulo del “Estado”, uno de sus temas centrales para encaminarse hacia la felicidad del hombre individual y colectivo. No comparto todos los puntos de vista de Platón. Pero me parece que su postulado en el sentido que la política es el arte de “encontrar el justo medio”, es totalmente correcto y continúa vigente. Aristóteles y José Cecilio del Valle adoptaron este principio. Y todos los políticos inteligentes debieran adoptar esta “Idea” de un filósofo monstruosamente genial, para empalmarla en las partes que convienen a la sociedad.

 214 total views,  1 views today

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here