Por Elia Castellón

En el mes de julio se celebra el día internacional del trabajo doméstico no remunerado, declarado así oficialmente en 1983 durante el Segundo Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe, con el propósito de reconocer la contribución de las labores de las mujeres en los hogares.

Históricamente, estas labores se han asignado a las mujeres y el trabajo para el mercado a los hombres, lo cual las pone a ellas en una clara desventaja, tanto para incorporarse como para desarrollarse en un empleo o para hacerse cargo de un negocio.

Desde hace varias décadas, las mujeres han aumentado su participación en la vida económica de los países de manera constante, sin embargo este hecho no se ha traducido en un incremento equivalente en la proporción de hombres que participan en las tareas del hogar, afirma el CONAPRED.

Según el informe de la ONU, “El Empoderamiento Económico de la Mujer en el Cambiante Mundo del Trabajo”, señala que: El valor del trabajo de cuidado no remunerado y del trabajo doméstico representa entre un 10 y un 39 por ciento del producto interior bruto; puede pesar más en la economía de un país de lo que pesan la industria manufacturera, el sector del comercio o el del transporte.

Los estudios y debates de las mujeres sobre la división sexual del trabajo estimada como el eje de la subordinación de género, han llamado la atención sobre tres elementos característicos del trabajo doméstico: su invisibilidad, su no contabilidad y su no remuneración, todos los cuales tienen relación entre sí.

Un artículo, afirma que la división sexual del trabajo mercantiliza el trabajo remunerado a través de la percepción de un salario y asocia la reproducción social con lo privado y lo relacional. Lo anterior oculta las desigualdades de género y las tensiones al interior de las familias, al concebir el cuidado y las actividades domésticas como responsabilidades inherentemente femeninas.

http://mexicanadesociologia.unam.mx/index.php/v83ne/461-v83nea3

Fabiola Campillo, autora del artículo: “El Trabajo Doméstico No Remunerado En La Economía”, argumenta las características antes mencionadas:

  • La invisibilidad del trabajo doméstico: está relacionada con la apreciación de las actividades del hogar como la expresión “natural”, por extensión, de las funciones reproductivas femeninas. La ideología patriarcal logró incluir y legitimar en los roles de las mujeres, consideradas ante todo madres o productoras biológicas que procrean, dan a luz y amamantan, todas las actividades de cuidado de los miembros del hogar y su reproducción social.
  • La no contabilidad del trabajo doméstico: tiene que ver con lo anterior y con la consideración de que lo que no produce directa/riqueza, no se registra como un proceso económico y por ende, no se contabiliza como tal. 
  • La no remuneración económica: se deriva de las dos anteriores, pero esencialmente tiene que ver con: la creación de identidades de género basadas en la actual división del trabajo: Hombre: productor y mujer: reproductora y consumidora. Hombre trabajador en lo público y económico y mujer trabajadora en lo privado y doméstico.
https://www.redalyc.org/pdf/1051/105115263011.pdf

Violencias a raíz del trabajo doméstico no remunerado

ONU Mujeres, resalta un tipo de violencia, también llamada maltrato en el hogar o violencia de pareja, que constituye cualquier patrón de comportamiento que se utilice para adquirir o mantener el poder y el control sobre una pareja íntima.

Abarca cualquier acto físico, sexual, emocional, económico y psicológico (incluidas las amenazas de tales actos) que influya en otra persona. Esta es una de las formas más comunes de violencia que sufren las mujeres a escala mundial.

  • Violencia económica: Consiste en lograr o intentar conseguir la dependencia financiera de otra persona, manteniendo para ello un control total sobre sus recursos financieros, impidiéndole acceder a ellos y prohibiéndole trabajar o asistir a la escuela.
  • Violencia psicológica: Consiste en provocar miedo a través de la intimidación; en amenazar con causar daño físico a una persona, su pareja o sus hijas o hijos, o con destruir sus mascotas y bienes; en someter a una persona a maltrato psicológico o en forzarla a aislarse de sus amistades, de su familia, de la escuela o del trabajo.
  • Violencia emocional: Consiste, por ejemplo, en minar la autoestima de una persona a través de críticas constantes, en infravalorar sus capacidades, insultarla o someterla a otros tipos de abuso verbal; en dañar la relación de una pareja con sus hijas o hijos; o en no permitir a la pareja ver a su familia ni a sus amistades.
https://www.unwomen.org/es/what-we-do/ending-violence-against-women/faqs/types-of-violence

“Desde que salí embarazada, mi esposo me dijo que dejara de trabajar y me quedara en casa a cuidar del niño, después no volví a trabajar fuera del hogar”; comparte Lucy, una mujer de 34 años, madre de tres hijos y residente de San Pedro Sula.

Lucy, afirma que no identifica haber sido víctima de ningún tipo de violencia dentro de su hogar, sin embargo, compartió que ella, debe “sujetarse” a la palabra de su esposo y que ella no tiene la libertad de tomar decisiones incluso sobre su cuerpo, ya que sus creencias así lo establecen.

“Al tener al segundo bebé, le dije que quería operarme, pero él no me dejó y salí embarazada de nuevo”. “Mi segundo bebé nació un sábado, en el Hospital Leonardo Martínez no hacen esta cirugía los sábados y por eso, no pude hacérmela en el momento del parto, después comenzó la pandemia y le pedí dinero para hacérmela en un lugar privado, pero no quiso”.

La Secretaría Xeral, de Mujeres en Galicia, aconseja eliminar al máximo los estereotipos transmitidos por la cultura patriarcal; y así desterrar mitos como que la agresividad es un rasgo masculino, o por el contrario, la sumisión, el silencio, la obediencia, son rasgos femeninos.

http://igualdade.xunta.gal/es/content/que-es-la-violencia-de-genero

Retos que enfrentan las mujeres en el marco de la pandemia del COVID-19

Los datos arrojados por un estudio del Banco Mundial, establecen que un 38 por ciento de la población hondureña en edad de trabajar es económicamente inactiva. Este estudio destaca el desafío de aumentar la participación laboral de las mujeres hondureñas, fuera del trabajo doméstico que realizan día a día.

El informe afirma que en Honduras, solo un 47 por ciento de las mujeres en edad de trabajar tiene un empleo, cifra que representa menos de la mitad. En cambio, un 85 por ciento de los hombres trabaja. De hecho, un 88 por ciento de las personas en Honduras que no estudian, ni se entrenan, ni trabajan, son mujeres.

En tiempos de pandemia, el trabajo doméstico no remunerado se maximiza, porque además de las actividades ya existentes de ordenar, limpiar, estar emocionalmente disponible para el núcleo familiar, velar de la educación de las y los hijos, el COVID-19 impone una nueva carga, ya que exige este lugar de cuidado y trabajo en eliminarlo.

Desde algunos discursos, se considera que el trabajo remunerado desde casa constituye una oportunidad de flexibilizar horarios; no obstante, para quienes tienen hijos e hijas en edades dependientes, el teletrabajo se convirtió en una carga aún mayor, ya que las demandas del cuidado, la preparación de alimentación, las actividades recreativas, la contención emocional, las prácticas de higiene y limpieza, así como la gestión permanente del manteamiento del hogar, son labores permanentes a lo largo del día.

Según el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, CLACSO, poner fin a un virus invisible es análogo al trabajo doméstico, porque ambos parecen no tener fin. El proceso de desinfectar los alimentos y la casa lleva un promedio de cuatro horas al día; para las mujeres con niños, este trabajo es aún más agotador.

La CEPAL afirma que, las políticas que promuevan el acceso de las mujeres a ingresos propios podrán incidir en una disminución de su carga de trabajo no remunerado, pero si esto no se acompaña del enfoque de la corresponsabilidad entre hombres y mujeres dentro del hogar, no podrán superarse las desigualdades de género en términos de redistribución de la carga total de trabajo.

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