El especialista en medicina interna, Dr. Mario Elvir, conversó con la periodista Lourdes Ramírez sobre los riesgos, el diagnóstico oportuno y el peligro del avance hacia la cirrosis no alcohólica.
El hígado graso o esteatosis hepática se ha convertido en una epidemia mundial. En América Latina, entre el 30% y el 35% de la población padece esta condición. Sin embargo, la cifra asciende drásticamente al 60% entre personas que presentan factores de riesgo del síndrome metabólico: obesidad, diabetes mellitus, hipertensión o dislipidemia (colesterol y triglicéridos altos).
Así lo alertó el especialista en medicina interna, Dr. Mario Elvir, durante una entrevista brindada a la periodista Lourdes Ramírez en el programa Salud Informativa.
El almacén del cuerpo: ¿Cómo se acumula la grasa?
El Dr. Elvir explicó que el hígado funciona como la gran caja de reserva energética del organismo. Todo lo consumido se convierte en glucosa para su almacenamiento; no obstante, el consumo excesivo de carbohidratos refinados, azúcares y bebidas carbonatadas o jugos procesados sobrepasa su capacidad.
“Cuando el hígado se abastece en exceso de azúcares, estos terminan convirtiéndose en grasas como los triglicéridos. Es ahí donde una capa grasa recubre el órgano, dando origen a la esteatosis hepática”, señaló el especialista.
A medida que el consumo nocivo continúa (harinas, repostería, refrescos de lata o comida rápida), el hígado se inflama. Este proceso evoluciona progresivamente:
- Esteatosis hepática: Acumulación inicial de grasa en el tejido.
- Esteatohepatitis: Inflamación del tejido hepático a causa del exceso graso.
- Fibrosis: Cicatrización progresiva que no suele observarse mediante ultrasonido convencional, sino a través de métodos especializados como el FibroScan.
- Cirrosis: Daño irreversible del órgano, el cual puede derivar finalmente en hepatocarcinomas (cáncer de hígado).
Mitos de la cirrosis: Ya no es exclusiva del alcoholismo
Históricamente, la cirrosis hepática se asociaba de forma exclusiva al abuso de alcohol o a infecciones virales crónicas como la hepatitis B y C. No obstante, el doctor enfatizó que en la actualidad aumentan los diagnósticos en personas que jamás han probado una gota de alcohol.
Asimismo, desmintió que la afección afecte únicamente a personas con sobrepeso. Pacientes delgados con dietas desbalanceadas —altas en carbohidratos como arroz, espaguetis, plátano y tortillas consumidos en un mismo tiempo alimenticio— también desarrollan esteatosis hepática.
Un punto de máxima preocupación señalado en la entrevista fue la detección de hígado graso en niños de 11 y 12 años, provocado por la inclusión recurrente de bebidas envasadas con alto contenido de fructosa, galletas y comida rápida en las loncheras escolares, sumado al sedentarismo y el uso excesivo de pantallas digitales.
Diagnóstico e importancia de la medicina preventiva
Debido a que el hígado no posee terminaciones nerviosas de dolor en su etapa inicial, la esteatosis hepática es una enfermedad silenciosa. Los síntomas iniciales suelen limitarse a fatiga crónica o cansancio vago. Manifestaciones visibles como la ictericia (coloración amarillenta de la piel y ojos), orina oscura (coluria) o la ascitis (acumulación de líquido en el abdomen) aparecen únicamente cuando el daño se encuentra en etapas avanzadas de cirrosis.
El Dr. Elvir criticó la falta de un sistema enfocado en la prevención primaria en Honduras:
“En países con recursos limitados es más barato prevenir que curar. Un chequeo rutinario con pruebas de transaminasas o un ultrasonido abdominal a tiempo evita el colapso hospitalario”, recalcó.
La mejor medicina: El plato saludable y el ejercicio
Para revertir las etapas tempranas de esteatosis hepática, el especialista enfatizó que no existen “remedios mágicos” ni tratamientos milagrosos en la medicina natural. De hecho, alertó sobre los peligros de ingerir infusiones de hojas o brebajes sin respaldo científico, los cuales pueden desencadenar toxicidad hepática severa.
La clave para frenar el avance de la enfermedad se resume en dos pilares:
- Alimentación balanceada (El “Plato Saludable”): Reducir el consumo de azúcares y harinas refinadas. La mitad del plato debe estar compuesta por vegetales de distintos colores, una cuarta parte por proteínas magras (del tamaño de la palma de la mano) y únicamente una cuarta parte por carbohidratos (del tamaño de un puño). Se recomienda priorizar el consumo de agua sobre cualquier jugo de frutas o refrescos.
- Actividad física constante: Realizar al menos 30 minutos de ejercicio diario o caminata a paso ligero. La pérdida de al menos el 7% del peso corporal excedente permite al hígado regenerarse y reducir significativamente la infiltración grasa acumulada.
- Dr. Mario Elvir (Medicina Interna): Atiende en San Pedro Sula al 9745-1095 y en El Progreso al 3392-9013.

