HORACIO ULISES BARRIOS SOLANO

…VIENEN: En la I Parte del Arte del lavado de Dinero les relataba dilectos ciber lectores sobre este cáncer que corroe hasta la médula al mundo entero sin distinción de ninguna clase yEn esta II parte además de la experiencia de Matthew Green, les relataré un pequeño “segmento de los Archivos FinCEN”, y si por curiosidad quieren saber más sigan es link  https://www.bbc.com/news/uk-54226107 y en próximos artículos abordaremos “los paraísos fiscales y la banca que opera en ellos”.

“…Los archivos de la FinCEN son más de 2.500 documentos, la mayoría de los cuales fueron archivos que los bancos enviaron a las autoridades estadounidenses entre 2000 y 2017. Expresan su preocupación por lo que podrían estar haciendo sus clientes. Estos documentos son algunos de los secretos mejor guardados del sistema bancario internacional. Los bancos los utilizan para denunciar comportamientos sospechosos, pero no son prueba de delitos o delitos. Se filtraron a Buzzfeed News[1] y se compartieron con un grupo que reúne a periodistas de investigación de todo el mundo, que los distribuyó a 108 organizaciones de noticias en 88 países, incluido el programa Panorama de la BBC. ¿Qué ha sido revelado? HSBC permitió a los estafadores mover millones de dólares de dinero robado en todo el mundo, incluso después de que los investigadores estadounidenses supieran que el plan era una estafa…

Continuamos con la experiencia de Matthew Green: El proyecto de ley en el Congreso Según el proyecto de Ley de Prevención del Tráfico Ilícito de Arte y Antigüedades que se está debatiendo en el Congreso, el gobierno estadounidense exigiría a los comerciantes de arte y antigüedades que establezcan programas de lucha contra el lavado de dinero, mantengan registros de compras en efectivo e informen a los reguladores federales de toda actividad sospechosa y de las transacciones superiores a USD 10.000. Además, se exigiría a la industria del arte que investigue los antecedentes de los clientes y examine compras y ventas en busca de pruebas de que el dinero podría ser sucio.

En la Unión Europea, según la quinta Directiva contra el blanqueo de capitales, las empresas de arte estarían obligadas a desplegar mayores esfuerzos para examinar a los clientes y discernir “en la medida de lo razonablemente posible” la finalidad de todas las transacciones de gran cuantía, inusitadamente complejas o secretas.

En opinión de muchos comerciantes de arte, los cambios legislativos tanto en Estados Unidos como en la Unión Europea despojarían a los vendedores de un atractivo comercial importante: la capacidad de ofrecer anonimato a los clientes y de mantener la opacidad del mercado del arte. En el pasado, cuando el mercado de bellas artes era visto como una actividad más respetable, las autoridades no se mostraban muy inclinadas a controlarlo con tanta energía como al sector bancario o a los corredores de valores. Todo

esto ha cambiado más o menos en la última década debido a las enormes sumas de dinero que se vierten en colecciones de arte y al creciente interés en obstaculizar el tráfico clandestino de artefactos saqueados y contrabandeados de naciones asoladas por la guerra.

Las fuerzas y cuerpos de seguridad, e incluso algunos comerciantes de arte, afirman ahora que el excesivo secretismo se ha convertido en un inconveniente, ya que cada vez más blanqueadores de dinero descubren que se puede utilizar el mercado del arte como un conducto fácil. Como señalaron el FBI e Interpol, “en comparación con otros sectores comerciales, el mercado del arte se enfrenta a mayores riesgos de exposición a prácticas financieras dudosas” porque “el volumen de transacciones cuestionables desde el

punto de vista legal es muy superior a otros mercados mundiales”.

En la imputación de Matthew Green y sus cómplices se relata incluso una conversación, grabada por un agente infiltrado, en la que Green supuestamente se jactaba de que “el comercio de arte es el único mercado que no está regulado”. Un cliente “podría incluso

comprar arte con un nombre falso sin repercusiones”, habría dicho Green.

“Sin duda, las fuerzas y cuerpos de seguridad destaparían más casos de lavado de dinero a través del arte si quienes comercian en obras de arte y  antigüedades estuvieran incluidos en la lista de negocio obligados a informar de pagos sospechosos”, afirma Rick St. Hilaire, ex fiscal estadounidense y experto en legislación de arte y antigüedades. “Por el momento, está completamente expuesto”.

Quienes apoyan ampliar la regulación dicen que lo único que quieren es que la industria de las bellas artes, la propiedad intelectual y los artefactos antiguos se sometan a las mismas normas financieras que los bancos y otros sectores.

“El mercado del arte es un terreno ideal para el lavado de dinero”, afirma Thomas Christ, miembro del consejo del Basel Institute on Governance, una organización suiza sin fines de lucro que ha propuesto normas de lucha contra el lavado de dinero para los

operadores del mercado de arte. “Debemos exigir total transparencia, de dónde se obtuvo el dinero y a dónde va”, añadió. El sector se opone.

No sorprende que la industria del arte se oponga a estas regulaciones. Algunos sectores afirman que los ejemplos reales de lavado de dinero a través del comercio de arte son escasos o exagerados por los servicios de seguridad, ansiosos por generar titulares sensacionalistas. Otros, como la Confederación Internacional de Asociaciones de Comerciantes de Arte y Antigüedades, dicen que las obligaciones de presentación de información son demasiado gravosas para los agentes más pequeños del mercado del arte.

En una conferencia sobre lavado de dinero el año pasado, James McAndrew, ex agente especial del Departamento de Seguridad Nacional que ahora hace lobby en nombre de galeristas y coleccionistas, dijo que “no existe un solo galerista o coleccionista que haya sido condenado por lavado de dinero a través del  arte. La idea de que las subastas son nefastas o perversas es indignante porque eso no se ha demostrado”. Peter Tompa, director de la Global Heritage Alliance que apoya a los comerciantes numismáticos y a la industria de los metales preciosos, advirtió que muchos en el sector abandonarían el mercado debido a que la adopción de las nuevas normas implicaría altos costos.

Y el Comité de Política Cultural, que representa a los pequeños y grandes comerciantes y compradores de arte en Estados Unidos, dijo que “no es práctico utilizar el arte, en especial objetos antiguos y antigüedades, para lavar dinero porque se vende despacio, y los compradores suelen ser coleccionistas”, no criminales que busquen una transacción rápida para “legitimar” dinero dudoso.

Pero los defensores de las regulaciones dicen que las valuaciones estratosféricas de las obras de arte, incluso de artistas de segundo nivel, no les deja otra opción que imponer limitaciones a un sector vulnerable en un momento en el que los capos de la droga, los oligarcas del petróleo y cleptócratas variados están desesperados por convertir su dinero sucio en activos limpios o fungibles.

Por el momento, el viento sopla a su favor, y existen suficientes juicios por lavado de dinero para justificar esas inquietudes. Por ejemplo, el caso U.S.  v.  Ronald  Belciano et  al., de 2014, implicó tanto la distribución de marihuana como una conspiración para lavar las ganancias utilizando obras de arte. La policía incautó más de USD 4 millones en efectivo y confiscó aproximadamente 125 libras de marihuana y 33 pinturas por valor de más de USD 619.000 en un depósito de Pensilvania. Los fiscales afirmaron que los traficantes de drogas habían aceptado las obras de arte en lugar de efectivo con la promesa de que podrían venderlas por dinero blanqueado una vez que los comerciantes de arte hubieran enterrado las transacciones en sus libros contables. En 2015, Belciano fue sentenciado a cinco años de prisión.

En otro caso muy sonado, un financista brasileño fue acusado de desfalcar millones de su banco e intentar blanquear el dinero adquiriendo arte caro, incluido el Hannibal de Jean-Michel Basquiat (1981). Según los fiscales federales de Nueva York, el financista, Edemar Cid Ferreira, intentó introducir ilegalmente el Basquiat y otras 90 piezas de arte de gran valor en Estados Unidos utilizando papeles que declaraban que el valor de cada obra era de USD 100. Aunque fue condenado y sentenciado a 21 años en 2006, las apelaciones y complejidades del sistema legal hicieron que Estados Unidos no pudiera

repatriar las obras a Brasil hasta 2017.

Y todos los días se producen estafas a pequeña escala. Por ejemplo, funcionarios de India afirman que se utilizan antigüedades saqueadas de templos y tumbas remotas como medio de cambio de divisas. Los objetos se envían a comerciantes de la RAE de Hong Kong o Bangkok, a menudo identificados falsamente en los manifiestos como réplicas valoradas en unas pocas rupias. Los coleccionistas y comerciantes están preparados para pagar miles de dólares por las reliquias, que vienen con documentos falsos que acreditan su compra legal. Los comerciantes se quedan con una parte de las ganancias y devuelven el resto del dinero a las redes delictivas de la India a través de empresas financieras

no bancarias no reguladas.

Deborah Lehr, presidenta de Antiquities Coalition, una organización situada en Washington D.C. que lucha contra el tráfico de artefactos, advierte que los grupos terroristas ya utilizan el sector del arte y las antigüedades para recaudar fondos; expolian sitios culturales antiguos y emplean intermediarios para vender los bienes saqueados. “Una prioridad fundamental es cerrar el mercado estadounidense a las antigüedades ilícitas y, al mismo tiempo, fomentar prácticas comerciales responsables”,

afirma Lehr.

Dado que más del 70%–90% de los registros en los catálogos de las subastas de antigüedades valiosas ofrecen escasa información sobre el vendedor, los comerciantes de arte harían bien en aceptar lo inevitable y establecer una mayor transparencia y diligencia debida, afirma Hardy, el ex fiscal. Las regulaciones propuestas, indica, simplemente recogerían en la legislación los pasos que los comerciantes de arte deberían adoptar en un primer lugar para prevenir actos delictivos. “A veces”, dice Hardy, “la procedencia de los fondos puede ser más importante que la procedencia del arte”.


[1] Fuente: BuzzFeed es una empresa de medios de comunicación de Internet estadounidense centrada en el seguimiento del contenido viral. Fundada el 1 de noviembre de 2006, en la ciudad de Nueva York, por Jonah Peretti y John S. Johnson III.5 La firma se describe a sí misma como una “empresa de noticias y entretenimiento social” con un enfoque en los medios digitales y la tecnología digital con el fin de proporcionar “las noticias de última hora más compatibles, informes originales, entretenimiento y vídeo Wikipedia)

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