Por: SEGISFREDO INFANTE

            El Estado es de todos nosotros. En consecuencia no es, de ningún modo, de los políticos ni mucho menos de los archi-millonarios en forma exclusiva. Por supuesto que esta visión integral del Estado proviene de la “Historia” milenaria de la Europa continental, y tal vez de algunos países orientales. Sólo ciertas personas ideológicamente obnubiladas continúan confundiendo al Estado con los gobiernos transitorios de un país. Es más, ciertas sociedades, con una larga experiencia histórica y cultural, llevan el nombre de “Estado”, antepuesto a su gentilicio general. Un solo ejemplo de esto es el “Estado Vaticano”. Un siguiente caso paradójico es el nombre de “Estados Unidos de Norte América”. Podría mencionar un par de ejemplos más. 

            En artículos anteriores he subrayado una lista parcial de las instituciones básicas (o claves) que articulan la superestructura del Estado al margen de las coyunturas y de quienes sean los gobernantes de turno. En primer lugar, en materia de soberanía, he colocado a las Fuerzas Armadas. En el capítulo financiero al Banco Central de Honduras. En materia de salud a los hospitales públicos como el viejo “San Felipe”; el Instituto Hondureño de Seguridad Social (financiado, predominantemente, por todos nosotros); el “Materno Infantil”; el Hospital Escuela; el Hospital del Tórax; el Hospital “María”; el “Catarino Rivas”; los centros de salud. Etc. No se me ocurre para nada qué cosa estaríamos haciendo, ahora mismo, en ausencia hipotética de estos pobres centros hospitalarios estatales, hoy por hoy casi colapsados frente a la actual pandemia. (Algunos países desarrollados han tenido graves problemas por haber privatizado la salud social).

            Por otra parte, en nuestro caso, muchos políticos y técnicos actuales provienen de estratos sociales “medios” y “bajos” de la República. Si lograron alcanzar estudios universitarios se lo deben a las universidades estatales y, por encima de todo, a la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Algunos incluso recibieron becas para estudiar dentro del país o para matricularse en universidades extranjeras. En todo caso fueron financiados por la UNAH o por la vieja “Escuela Superior del Profesorado” para estudiar en Francia, en Italia, en España o en Costa Rica. Conozco nombres y apellidos de tales personajes, algunos de los cuales hoy se sienten muy por encima del resto de la sociedad catracha; o se autoperciben como enemigos escorados de la UNAH.

            Recuerdo una discusión coyuntural con el licenciado William Chong Wong (QEPD) menospreciando, desde el poder, a las universidades estatales. Me sentí en la obligación de recordarle el origen humilde del cual él provenía: “Sin la Universidad Nacional Autónoma de Honduras tú no serías nada, ni nadie, en este momento histórico”, me atreví a sugerirle en aquel breve interludio de un supuesto “Pacto Fiscal”, en el cual estábamos trabajando juntos. En mi caso, por mero voluntariado. Otra experiencia ocurrió en una de las tantas reuniones convocadas por el publicista “Carlitos” Calderón (QEPD) en su hermosa residencia. Salvador Nasralla, sin venir al caso, y sin ningún miramiento diplomático, expresó que había que “cerrar la Universidad”. Tuve que recordarle (pues estábamos almorzando casi a la par) que él se había desempeñado como profesor de la institución estatal que estaba proponiendo liquidar. Lo triste del caso es que varios estudiantes universitarios han votado en las elecciones generales en favor de este personaje (enemigo abierto de la UNAH) que posee habilidades especiales para difamar a todo mundo (incluyendo a los europeos y a los “gringos”) y, sobre todo, para engañar a la juventud que pasa sumergida en el lado negativo de las redes sociales.

            En este punto vale la pena destacar que en el contexto de la “Segunda Guerra Mundial”, provocada por los nazis y fascistas principalmente, ciertas universidades medievales y modernas fueron bombardeadas por el fuego cruzado de la guerra. Sin embargo, al solo terminar aquella horrible hecatombe, las universidades medievales fueron reconstruidas casi inmediatamente. Creo que otro tanto había ocurrido durante la “Primera Gran Guerra”. Esto significa que a pesar de aquellas devastaciones inconmensurables, subsistieron individuos inteligentes y racionales que siguieron ofreciendo sus cursos universitarios y supieron valorar las tradiciones académicas cultivadas durante muchos siglos. Incluso ahora mismo, durante la pandemia cargada de muertes y de incertidumbres, a ningún europeo y a ningún asiático se les ha ocurrido intervenir a las viejas universidades estatales y privadas, que son como campos sagrados; “o madres nutricias”.

            Desde luego que la UNAH exhibe todavía varios defectos, como la persecución sistemática reciente en contra de sindicalistas (buenos y malos) y en contra de varios miembros y simpatizantes del Partido Nacional de Honduras. O aquello de los bajos rendimientos intelectuales de ciertos profesores. Pero, a pesar de tales defectos, sigue siendo la  universidad más integral de Honduras, en la cual se formaron algunos funcionarios que a veces parecieran conspirar contra su indispensable autonomía kantiana.

            Tegucigalpa, MDC, 14 de junio del año 2020. (Publicado en el diario “La Tribuna” de Tegucigalpa, el jueves 18 de junio del 2020, Pág. Cinco). (También se reproduce en el diario digital “En Alta Voz”).

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