Por: SEGISFREDO INFANTE

Alex Padilla, un amigo médico amante de la filosofía y la literatura, a propósito del artículo “Toda guerra civil es estéril”, me hizo llegar los siguientes datos: “Se estima que emigraron más de 8 millones de personas de nacionalidad siria (17 millones de la población total), es decir, el 47%, parecido a la emigración venezolana. Es obvio que los humanos estamos lejos de ser racionales. De acuerdo con la neurociencia sólo del 1% al 5% de nuestras actuaciones, están mediadas por la razón; por lo tanto, entre el 99 y 94 % de nuestras acciones están en piloto automático.” (Hay respaldo bibliográfico de esto).

            En concordancia con los datos anteriores, podríamos señalar al pasado siglo veinte como la centuria más irracional y despiadada de la “Historia”, con auténticos genocidios; dos guerras mundiales catastróficas; y una “guerra fría”, o de “baja intensidad”, la cual estuvo a punto de conducirnos hasta el abismo más profundo, esto es, al exterminio de la especie humana; una especie con inclinaciones autodestructivas. Pero las resacas de la irracionalidad continúan vigentes en las dos primeras décadas del siglo veintiuno, en donde se suscitan nuevas guerras civiles con crímenes de lesa humanidad y terrorismo, y las grandes potencias (ni siquiera mencionemos a los países pequeños) demostraron su incapacidad para salvaguardar la salud y la vida de millones de seres humanos. De muy poco han servido, o insuficientemente, los grandes despliegues tecnológicos frente a las tragedias masivas de poblaciones enteras.

            El irracionalismo debemos rastrearlo desde los tiempos antiguos, pues Grecia, país donde fue fundada la “Razón” o el “Logos” para explicar los fenómenos naturales, humanos y “divinos” en general, utilizando el discurso lógico como procedimiento para lo universal y los accidentes particulares, también registra, Grecia, en su historia nacional, fuertes expresiones de irracionalidad. Hay un estudio interesante sobre esta faceta negativa de aquel pueblo heroico, realizado por E.R. Dodds, publicado en distintas ediciones, bajo el título “Los Griegos y lo Irracional”.

            Pero Dodds no es de ninguna manera el descubridor de la irracionalidad de los griegos. El mismísimo Platón, en su libro sobre la “República”, advierte que el alma individual del hombre posee dos facetas: La parte racional y la parte irracional. La segunda se subdivide en “concupiscible e irascible”. Por eso Platón sugería que los políticos estaban en la obligación de aprender filosofía. Y que el Estado debiera ser administrado por filósofos y guerreros, es decir, por los mejores hombres de cada sociedad, en caso que los hubiera. Sin embargo, Platón era consciente que los hombres racionales son minoría; razón por la cual su República era un “Estado Ideal”. Inexistente en Grecia y en cualquier otra parte del mundo circundante.

            Cuando Platón dice, por boca de uno de sus interlocutores, que el alma encarnada en el hombre presenta también la faceta de la irracionalidad, no se refiere solamente al hombre griego, sino al “Hombre” en general, consciente que con su método “dialéctico” está fundado un saber riguroso universal, por encima de las demás ciencias particulares en boga. Otro tanto, de manera diferenciada, ocurre con la perspectiva general sistemática de Aristóteles, al proponer la “Filosofía Primera” de los primeros principios y de la causa última; o del objetivo último, el cual es “teleológico”, para el “Bien” o felicidad de la humanidad y el Universo.

            Guillermo Hegel, por su parte, en plena modernidad filosófica, escribió en su “Filosofía del Derecho”, en un periodo de madurez cronológica y emocional del autor, que “Todo lo real es racional. Y todo lo racional es real”. Pero si acaso nos quedamos solamente con esta ecuación filosófica, será imposible comprender a Hegel. La hermosura y belleza de este enunciado lapidario (casi como un axioma) aparentemente aislado, es que ahí se condensa todo su pensamiento filosófico y casi toda la “Historia” de la gran “Filosofía” occidental, misma que se ha empeñado en imprimirle un orden, o un cosmos, mediante un lenguaje lógico abstruso, al caos primigenio de la existencia. Por otro lado, y previamente, la búsqueda del “orden” universal también la encontraremos en algunas cosmogonías y teogonías orientales reveladas, sobre todo en el “Cercano Oriente”.

            Ortega y Gasset escribió en uno de sus libros (no recuerdo en cuál de ellos), pretendiendo corregir a Hegel, que el mundo es irracional. Pero que corresponde a los filósofos interpretarlo racionalmente, desde una perspectiva ratio-vitalista. Si analizamos este postulado orteguiano, pareciera entrar en contradicción con el panlogismo del filósofo alemán. Pero al final de la tarde, muy a su pesar, coincide con Hegel.

            No podemos ni debemos ningunear el irracionalismo del “Hombre” en el curso de la “Historia” verificable. George Steiner sugería que son muy pocas las personas racionales que hay en todo el planeta. Nuestra obligación, en consecuencia, es trabajar para que los seres humanos seamos cooperantes, y un poco más racionales cada día.

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