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84 FAMILIAS SOBREVIVEN AL FILO DEL PELIGRO

Pobladores de barras de Motagua y Cuyamel en el “olvido”

Luisa Agüero

Hace un año y dos meses, llegamos hasta  la Barra del Río Motagua y Cuyamel, en Omoa, Cortés; son  dos comunidades que, literalmente, están siendo “devoradas” por el mar. Allí, las 84 familias residentes le pidieron al gobierno, desde 2014, una urgente reubicación para salvar sus vidas. Sin embargo, el tiempo ha transcurrido  y no hubo respuestas, la situación de los habitantes ya no da tregua y ellos enfrentan una batalla perdida. El embravecido océano ha avanzado hacia sus casas entre 15 y 20 metros, por lo cual, quienes  pudieron, dejaron atrás sus pocas pertenencias en busca de una ayuda que aún no encuentran.

De algunos de los 504 residentes desplazados ambientales solo quedan recuerdos. Para quienes están, sobrevivir en el sitio es un peligro inminente.

La realidad

En la actualidad, se  han perdido  en promedio más de 300 metros de tierra y, donde alguna vez se erigió una vivienda, hoy  solo quedan ruinas y la basura que el mar deja cuando avanza hasta 50 metros, hasta arropar  literalmente las casas, lo cual ha sumido a los vecinos en la zozobra permanente, expresó muy preocupado el alcalde de Omoa Ricardo Alvarado. Las dos comunidades son como pueblos fantasmas, mientras  los pocos habitantes aún mantienen la esperanza que el gobierno del presidente Juan Orlando Hernández  los apoye con una inmediata reubicación.

Francisco Díaz Romero, José Elvin Rodríguez y Guadalupe Campos, son líderes comunitarios que compartieron su preocupación con Hablemos Claro. El peligro de muerte no  es una cuestión lejana a su realidad, sobre todo cuando azotan los frentes fríos en el inestable Caribe.

Los tres son hombres de mar y de pesca, una actividad que se limita a la subsistencia para ellos y sus familias. Por su situación mantienen algunas reservas pero no pierden la esperanza y también le quieren apostar al  cambio de una nueva vida que comenzarían a reescribir al ser reubicados.

Las necesidades planteadas por estos pobladores  fueron múltiples y el compromiso para solventarlas ha unido a diversos sectores, preocupados por la incertidumbre que se vive con el mal tiempo y el avance del embravecido mar. “Para nosotros es muy importante la reubicación”, insistieron en la entrevista con Hablemos Claro.

En nuestro recorrido, resultó evidente que esas comunidades urgen de la dotación de algunos servicios básicos, entre ellos la habilitación de las principales vías de acceso, algo que resulta imposible porque de la tierra, ya es tan poco lo que existe.

Los antecedentes

Un informe técnico sobre la situación de emergencia en las comunidades de barra de Motagua y barra de Cuyamel, presentado por el biólogo Gustavo Cabrera, da cuenta que con la invasión del mar en la costa, el territorio de Omoa se ha reducido considerablemente a lo largo de todo el municipio (en la realidad ya no son 382 Kilómetros cuadrados) por lo tanto, lo que sucede en las comunidades de Barra de Motagua y Barra de Cuyamel no es un caso aislado; no obstante, la afectación en este punto del país es más evidente en vista que se trata de la reducción de una zona habitable y en un sector de alto riesgo pues las comunidades se encuentran literalmente en un “trampa mortal” ya que se ubican entre los pantanos y el mar, sin rutas alternas de escape y sin un sitio seguro para poder sobrevivir en el momento de una emergencia como producto de una marejada o la crecida repentina de los ríos que drenan a la zona de humedales.

Resultados de las evaluaciones

Según las mediciones y evaluaciones hechas por Cuerpos de Conservación Omoa (CCO),  a partir del 2006,  se han estado perdiendo un promedio de 12 metros de costa por año (un metro por mes) promedio que ha  ido en aumento en los últimos dos años lo que demuestra un deterioro acelerado e inusual sobre los bienes de los habitantes de estas dos comunidades y según los análisis del biólogo Gustavo Cabrera, el área total de la zona residencial podría desaparecer por completo en los próximos dos años. Pero el proceso, se ha acelerado.

Aquí, los árboles de coco están siendo derribados aún con vida sin pasar por el proceso de marchitamiento. Dicho proceso debe ocurrir cuando las raíces del árbol están expuestas a la salinidad directa del mar en un tiempo prolongado y en este caso es evidente que la afectación es directa y rápida pues están completamente verdes. Imágenes secuenciales también muestran la perdida de costa sobre puntos de referencia tomadas en fechas diferentes, entre 2006 y 2012 evaluados con GPS y con Sistemas de Información Geográfica.

Posibles causas

Son diversas, a criterio del biólogo consultado por Hablemos Claro, las posibles causas que podrían estar provocando la erosión acelerada de la costa en el sector de Barra de Motagua y Barra de Cuyamel. Entre ellas podría haber una en particular en forma individual o bien la combinación de algunas de ellas.

El  Calentamiento Global y Cambio Climático son dos factores combinados que podrían ser las causas más posibles que estarían provocando el problema en las barras: en primer lugar, debido al calentamiento global los grades casquetes polares se están derritiendo y como consecuencia se está generando un aumento considerable en el volumen del agua del mar; en segundo lugar, debido a los efectos del cambio en los esquemas climáticos del planeta, la fuerza de las mareas podrían estar aumentando o cambiando su patrón histórico de movimiento generando mareas más constantes y con ondas expansivas de mayor velocidad e intensidad. Los fenómenos tropicales, huracanes y principalmente los frentes fríos contribuyen a acelerar la pérdida de la línea costera y aumenta el riesgo por alto oleaje sobre las comunidades, precisa Cabrera.

Desde su perspectiva, el terremoto de mayo de 2009 sería otra posible causa de este deterioro. “Con el fuerte movimiento telúrico ocurrido el 28 de mayo del 2009, se generó en esta zona un fenómeno de licuefacción lo que provocó el hundimiento de grandes parcelas de tierras cultivables (aproximadamente 470 Manzanas) y la deformación de la superficie del suelo en toda la zona residencial con lo cual se presume que las comunidades quedaron bajo el nivel del mar facilitando que las aguas invadan el suelo continental y además la intrusión de agua marina en extensas áreas de cultivo.  La focalización del problema podría estar influenciada por la falla del Motagua.

El biólogo tampoco descarta la modificación de la línea costera en el resto del municipio. “La construcción de rompeolas, piedraplenes o 128 malecones a lo largo de la costa municipal de Omoa desde Masca hasta Tulián Campo, podría estar provocando cambios en el patrón de las corrientes marinas, cada rompeolas en forma individual podría estar aumentando la energía oceánica en un pequeño porcentaje pero la suma de todos estarían aumentando la energía considerablemente, la punta de Motagua debería estar sirviendo como disipador de energía pero, como no tiene estructura sólida (suelo rocoso) se estado frágil termina cediendo ante los embates de las olas”, manifestó.

Pero aunado a los factores anteriores, también enumeró la desviación del cauce del Rio Motagua. “Se tiene información que el cauce del rio Motagua fue cambiado hace muchos años probablemente de forma natural durante las crecidas provocadas por el Huracán Mitch en 1998. Con esta desviación, la fuerza principal de la corriente del rio se introduce en el mar varios kilómetros dentro de territorio guatemalteco por lo que dejó de funcionar como un rompeolas natural a favor de Honduras y la vertiente original pasó a ser una corriente pasiva cuyas aguas que drena son únicamente un desagüe del sistema de humedales del Valle de Cuyamel”, destacó.

Pero eso no es todo, además, los sedimentos aluviales arrastrados por el rio ya no llegan a la punta Motagua sino que son depositadas en la costa de Guatemala. Como producto de los depósitos de sedimentos Guatemala ha recuperado grandes extensiones de suelo costero, evento que se ha constatado y se puede comprobar al hacer la comparación a través de imágenes satelitales o al hacer visitas de campo en la denominada Barra del Coco sitio en el cual desemboca actualmente el rio o simplemente al conversar con residentes del sector antes mencionado o con pescadores hondureños que han frecuentado históricamente este sector del hermano país.

Aspectos que agudizan el problema

Para el experto, el corte de mangle provocado por algunos miembros de la comunidad que lo extraen por la difícil situación de pobreza que están viviendo y por personas de otras comunidades que los explotan para construir champas y galeras para la prestación de servicios turísticos especialmente en la época de verano, es uno de los aspectos que agudizan el problema…

A esto, debemos añadir el tránsito de vehículos a través de la playa que afecta la estabilidad de las dunas de arena que se forman naturalmente y no permite el establecimiento de plantas típicas (uvas, hicacos y otros) en estas áreas, además en el verano de 2012, se utilizó maquinaria pesada para extraer material de la playa específicamente en el sector de Buena Vista con el cual se  rellenó  la calle de acceso a estas comunidades, de esa forma, se destruyeron  las dunas existentes.

Otros aspectos incluyen la extracción descontrolada de productos de caza y pesca provocado por persona ajenas a las comunidades, el depósito de grandes toneladas de desechos sólidos arrastrados por el Motagua, los cuales afectan a la comunidad y a las áreas de pesca, la incursión de militares de Guatemala en las áreas tradicionalmente usadas para la pesca prohibiendo la actividad pesquera en esos sitios.

Asimismo, como producto del masivo cultivo de palma africana se han canalizado algunos ríos y canales, concentrando las aguas que originalmente se esparcían en el humedal en espacios reducido, algo  que aumentará la velocidad y fuerza de las corrientes que llegan directamente a las comunidades, además, con la palma se espera que aumente el depósito de fertilizantes, pesticidas y otros desechos en las áreas de pesca, situación que pone en riesgo su capacidad productiva.

Crítica realidad

La investigación es contundente.  El deterioro de la línea costera por erosión del mar en la zona de Barra del Motagua y Barra de Cuyamel es irreversible de manera natural por lo menos a corto y mediano plazo por lo que las vuelve una zona totalmente vulnerable, destaca Gustavo Cabrera.

Señala: “El nivel freático del área afectada actualmente es de 30 centímetros, lo cual indica que las comunidades se encuentran prácticamente flotando sobre una pequeña capa de suelo firme y  de presentarse un terremoto de alta magnitud todas las casas podrían colapsar”.

De lograrse adquirir un predio amplio para la reubicación de las comunidades, puntualiza, se debe tener en cuenta la designación de predios para recuperar los medios de vida de los pobladores mediante el establecimiento de parcelas productivas orientadas a la seguridad alimentaria y retirar toda la infraestructura existente de la comunidad.

Omoa es uno de los municipios costeros del departamento de Cortés, cuenta teóricamente, con una extensión territorial de 382 kilómetros cuadrados y una población de aproximadamente 40 mil habitantes entre población rural y urbana. Por su posición geográfica ubicada entre la Sierra de Omoa y el Mar Caribe,  se convierte  en uno de los municipios más vulnerables del país en cuanto los eventos climatológicos ya que se ubica en la convergencia de los vientos alisios, los frentes fríos y los anticiclones de las Bermudas que mantienen una inestabilidad permanente sobre el territorio sumado a los efectos del cambio climático. La proximidad a la falla geológica del Motagua aumenta la vulnerabilidad pues está sujeta a un eventual movimiento telúrico de alta proporción, a esto se añade la falta de preparación de los habitantes quienes no están capacitados en cuanto a procesos de prevención y adaptación.

Dos de las comunidades más vulnerables son Barra del Motagua y Barra de Cuyamel ubicadas sobre una angosta duna de arena en la franja costera del Valle de Cuyamel entre un vasto sistema de humedales y la zona inter mareal del Caribe rodeadas de marismos y bosque inundado, donde viven las familias dedicadas históricamente a la agricultura, la ganadería y la pesca, actividades que se han reducido en los últimos años como producto de la intrusión marina en las aéreas de cultivo y de pastoreo, la acumulación de desechos sólidos y arena en las áreas pesqueras, sumado a la invasión del mar en la zona donde están establecidas las comunidades..

La ubicación histórica de las comunidades en mención se remonta a principio de los años 1900 del siglo pasado y su coexistencia siempre ha estado ligada con el mar, la playa, los esteros y las lagunas costeras, de donde, por heredad se han mantenido inalterable sus formas y medios de vida.

En medio de ese panorama, Francisco, José y Guadalupe, junto a sus familias, mantienen una visión optimista. Todos ven la reubicación con muy  buenos ojos, a pesar de reconocer que el tiempo avanza y el clima no perdona. “Ojalá que esto ocurra pronto porque queremos el bienestar para nuestra comunidad en todo sentido”, puntualizaron.

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