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No existe más opción que migrar: Iglesia luterana

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Como muchos acá en Centro América y los Estados Unidos – comparten la preocupación sobre condiciones que enfrentan los Centro Americanos que los llevan a sentir que no existe ninguna otra opción más que migrar. Esta es una de las razones por las que establecimos AMMPARO, nuestra respuesta programática de acompañamiento a menores migrantes con protección, incidencia, representación y oportunidades.

Nuestra iglesia, la Comisión de Acción Social Menonita (CASM), y la Federación Mundial Luterana/Servicio Mundial (FML/SM) están cooperando con otras organizaciones que comparten nuestros valores, responden a las necesidades inmediatas de los migrantes y comprenden las complejas razones detrás del proceso migratorio y los desafíos que las organizaciones de fe encuentran al querer ayudar a los hondureños a reintegrarse en la sociedad.

Según cifras del Observatorio Consular y Migratorio de Honduras (CONMIGHO), más de 282,000 hondureños han sido deportados de regreso a este país en los últimos cuatro años, y no hay indicaciones que este fenómeno va a disminuir prontamente.

Nosotros creemos que todos somos creados a imagen y semejanza de Dios. Por lo mismo, ante la crisis humanitaria del 2014 que afecto a niños migratorios y sus familias, y basados en nuestro compromiso conjunto con los mandatos bíblicos basados en amar a nuestro prójimo, unimos nuestras fuerzas a fines de ese año. El ELCA ha apoyado el trabajo de CASM desde los inicios de esta crisis, entregando atención holística a los migrantes que fueron retornados al área de San Pedro Sula. Asimismo, hemos estado apoyando el trabajo realizado por la FML/SM en Olancho.

La delegación de AMMPARO visito diferentes partes de Honduras donde observó el trabajo realizado por CASM y la FML/SM con la población deportada. Nos hemos sentido inspirados por la capacidad de nuestras contrapartes en entregar asistencia a los migrantes deportados de manera efectiva. Escuchamos testimonios de instructores técnicos, líderes de la iglesia luterana sobre el impacto que la migración tiene en la sociedad y sus comunidades. Nos reunimos con oficiales de gobiernos municipales. Escuchamos historias de violencia doméstica y abuso, causando mujeres y niños huir. Hablamos con deportados y sus familias sobre hambruna, cambio climático, y temores sustentados en las condiciones de inseguridad en Honduras, motivos suficientes que los llevan a embarcarse en estos viajes llenos de peligro fuera de su país.

Los ciudadanos hondureños retornados generosamente compartieron con nosotros sus historias acerca de reconectarse con sus familias y comunidades, y reconstruir vidas y medios de vida sustentables. Nos sorprendimos al aprender que la sociedad estigmatiza a quiénes han regresado al cuestionar sus valores.
Sin embargo, los y las retornados y retornadas tiene una gran fortaleza, la cual nos impresionó. Nos mostraron su resiliencia, coraje e iniciativa al poner en uso el capital semilla entregado por nuestros socios. Estas inversiones, generan oportunidades que les permite recibir educación y capacitarse, y reconstruir sus vidas. Estas acciones benefician a las comunidades y a la economía local. Estamos convencidos que este apoyo a los inmigrantes retornados es una clara inversión a Honduras como nación.

Como ELCA, reafirmamos nuestro compromiso al trabajo de nuestros socios locales establecido en la estrategia AMMPARO: “Garantizar la seguridad y el trato humano a niños y familias no se detiene en ninguna frontera geográfica. Como hermanos y hermanas en Cristo, la ELCA está llamada a dar testimonio de las condiciones que afectan a tantas comunidades y a trabajar para encontrar soluciones que reconozcan su humanidad en todos los hijos de Dios.”

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