Javier Carrington, una apuesta LGBTIQ+ en las elecciones primarias de Honduras

El precandidato a diputado suplente por el partido Libertad y Refundación es multifacético. Dirige campañas en pro de la diversidad y de la niñez, graba programas de radio y se mantiene activo en redes sociales
Graduado en Psicología, Carrington Arauz está orgulloso de ser gay y afrodescendiente. “Levanto las dos banderas”, dice.

San Pedro Sula, Honduras. Es incansable. Un día está en campaña con el partido Libertad y Refundación (Libre) y al día siguiente da entrevistas para medios como Reportar sin Miedo mientras coordina un encuentro virtual o un “podcast” sobre la niñez con VIH. Se considera “multifacético”, según su perfil de Instagram. Y no deja de probar que lo es: ahora mismo es precandidato a diputado suplente por el departamento de Cortés.


Javier Carrington Arauz, sampedrano gay y afrodescendiente, de 28 años de edad, caza al vuelo cualquier oportunidad para hablar de su procedencia popular y sus planes políticos. Nacido en el sampedrano barrio Morazán, después de criarse con su abuela y su tía, se independizó.


“En la universidad no tuve problemas con mi sexualidad porque soy muy abierto, platico con muchas personas y me siento cómodo”. Javier derriba los estereotipos sociales y familiares, entre otras razones porque se graduó en Psicología. “Busco que me respeten. Es lo único que me importa”.


No solo le gusta hablar de política, sino también de sus luchas en pro de los derechos de las poblaciones vulnerables y de las minorías a las que pertenece. Pero “no somos minorías, nos han convertido en minorías”, afirma.
“Edgardo ‘Chele’ Castro, diputado por Libre, apoyó la creación de una casilla donde hubiera dos representaciones de jóvenes y de poblaciones con experiencia social”, cuenta Javier a Reportar sin Miedo. “Josué Blanco quedó como diputado titular y yo como suplente por el movimiento Pueblo Organizado en Resistencia (POR)”.

Faltan candidatos de la diversidad
El famoso diputado y periodista “Chele” Castro no solo apoya a Javier Carrington para impulsarlo como precandidato. También incluyó en el año 2017 como precandidata a diputada a la activista trans Claudia Spellman, quien participó a comienzos de 2021 como testiga en las audiencias por el caso de la activista trans Vicky Hernández, asesinada durante el golpe de Estado de 2009.


Sin embargo, Javier se lamenta por la sequía de personas de la diversidad sexual que participan activamente como aspirantes políticos en las elecciones de 2021. “No conozco a ninguno, pero eso puede ser un as bajo la manga”, agrega con algo de optimismo.


El deseo de Javier es que la juventud LGBTIQ+ participe más en las elecciones y en las decisiones políticas en Honduras. La nominación de Javier como precandidato es uno de los pasos para que ese deseo se cumpla. “Queremos acceder a la participación”, dice.


Si bien hay precedentes de participación política de la diversidad, como los de las precandidatas trans Viena Ávila y Kendra Stefany, y el del activista gay Rony Martínez, Javier espera que en próximas contiendas políticas se dé más espacios a la comunidad LGBTIQ+.


Sus compañeras y compañeros la tienen difícil porque se enfrentan a los prejuicios como el del hoy precandidato presidencial Darío Banegas, quien el Día de Gay Orgullo del año 2017 publicó en un diario nacional la caricatura de una serpiente para simbolizar y atacar a los colectivos diversos.

Prefieren ocultarse
Muchxs políticxs de quienes se rumora que pertenecen a la diversidad sexual en Honduras “han decidido vivir su sexualidad de una manera más oscura y retraída”, dice Javier. Diputadxs, candidatxs, precandidatxs y funcionarisxs en todos los niveles del Gobierno temen que revelar su sexualidad ponga en peligro sus carreras en un país tradicionalmente machista.


Javier Carrington no se oculta. Está cómodo por ser quien es. “En Honduras es un asunto cultural”, afirma sobre el temor al rechazo que obstaculiza la participación política LGBTIQ+. “En la diversidad sexual tenemos que ser parte de la democracia. Muchos de la comunidad no salen a votar porque sienten que ningún candidato se preocupa por nuestros intereses”.


Un síntoma de la falta de apoyo a la diversidad sexual es la lentitud de los congresistas para aprobar normas que benefician a los colectivos, como la Ley de Identidad de Género, que permite, entre otras cosas, a los grupos trans ejercer el sufragio con la apariencia y el nombre que ellos han escogido en su tarjeta de identidad.


A pesar de todo ha habido algunos avances.
Respecto al proceso de enrolamiento para obtener la nueva identidad, en los últimos años se han dado pasos “en lo relacionado la parte de la expresión de género”, señala Javier, “pero el Estado nos debe mucho, aunque ha habido avances significativos en los espacios políticos y en el caso de Vicky Hernández”.

Un líder competente
Se enorgullece de levantar en alto la bandera afrodescendiente y la de hombre gay. Mientras tanto sigue preparándose para ser un “líder social competente”. Su logro es el de todo un colectivo y esa es otra razón por la que es consciente de su enorme responsabilidad.


“Si se abre la ventana para una persona sexualmente abierta, se abre el espacio para todos en salud y educación”, asegura. Tener precandidatos de la diversidad no solo es entonces un avance LGBTIQ+, sino un logro para todo el pueblo.
“Me gusta relacionarme en todo. Soy un hombre muy ocupado. Mi prioridad son las asociaciones, capacitarme y capacitar a mi equipo”.


Javier pasó con buena calificación las pruebas que la pandemia del coronavirus les puso en el camino a él y a sus colaboradores en su carrera política. “Creamos un esquema de trabajo con reuniones por la plataforma digital Zoom para plantear lo que teníamos. Tenemos una junta directiva y más de veinte personas trabajando en igualdad de condiciones”.


Tiene entre manos el desarrollo “de varios proyectos en los próximos meses con distintas organizaciones”. También busca establecer alianzas “moviendo las redes sociales. Tenemos enlaces con personajes chilenos”.
El trabajo de Javier Carrington en pro de las “minorías” no se detiene. “Soy hiperactivo”, se ríe.

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