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¿EL CAFÉ GRANO DE ORO EN LA ACTUALIDAD

DOCTOR HORACIO ULISES BARRIOS SOLANO Premio Nacional de Ciencia “JOSÉ CECILIO DEL VALLE”

 

En mi paso por el gobierno central, organismos semiautónomos, autónomos y desconcentrados de mi país, laboré en el Instituto Hondureño del Café (IHCAFÉ) siendo Gerente General el Economista Agrícola Fernando Daniel Montes Matamoros (+) y además profesional del derecho in fíeri; Montes Matamoros presidió la Organización Mundial del Café (OIC) electo en Londres en septiembre de 1997, propuesto por Brasil y apoyado por el resto de los países productores de café. Sub Gerente General el Economista Rodolfo Matamoros Hernández  (hoy PhD) y Jefe de la Unidad Técnica Crediticia Economista Mario Alejandro Rendón García (+). Inicialmente me reportaba al Economista Rendón García (+). Y posteriormente al Gerente General (+).

Nuestras labores se circunscribieron a facilitar mediante un análisis holístico los insumos necesarios para el IHCAFÉ con la idea aplicarles un Cramdown o Salvataje a las Cooperativas Cafetaleras y fue de esa forma que nos impusimos de toda la cadena de valor del aromático, que dicho sea de paso, hay eslabones que hacen una realidad lo que indicó Paulino Cruz el 08 de abril de 2016 en Radio Progreso un pequeño productor del aromático de San Nicolás Santa Bárbara: “Los productores de café generamos riqueza pero administramos pobreza…” extremo que constaté cuando me tocó ser Miembro de la Terna Examinadora de un Maestrante en Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH-POSFACE) que sustentó su Tesis previo otorgamiento de su Master en Administración de Empresas con énfasis en Finanzas.

El precio del café está fuertemente influenciado por varios factores, entre ellos los climáticos, de producción, la cotización del dólar y la especulación en la bolsa y la elasticidad del café de los países consumidores e influyen poco en la fijación del precio, estas razones pueden explicar una mayor inelasticidad (o menos elástica) de precios del aromático. Los productores no participan en su determinación, sino que son tomadores de precios, debido a que este se negocia en la Bolsa de Nueva York, porque la forma como se define el precio en la bolsa es la siguiente: los inversionistas (especuladores) adquieren unas obligaciones de compra y venta de café mediante unos contratos que tienen una fecha de vencimiento. Bajo estos contratos se pactan los precios para meses futuros y, antes de que llegue la fecha, los especuladores negocian los contratos de nuevo. Lo que se negocia no es el producto, sino su precio futuro, teniendo en cuenta el calendario de cosecha de cada país y los inventarios de café que se tiene en las diferentes naciones. Esta manera de establecer el precio se instauró desde que se rompió el Pacto Cafetero en 1989, el cual aseguraba una oferta regulada y precios sin mayores sobresaltos que permitían la participación en el mercado de todos los países exportadores suscritos al acuerdo. Tras la ruptura, los precios se determinan por el libre mercado, con el problema de que no hay forma de regular la especulación en los precios, puesto que la Bolsa de Nueva York es un mercado libre y por tanto no se puede restringir.

De acuerdo Al informe de mercado de la OIC todos los precios indicativos de grupo tuvieron un fuerte descenso en diciembre de 2018 en comparación con el mes anterior. El descenso más fuerte se observó en el precio promedio de los Brasil y Otros Naturales y de los Suaves Colombianos, cuya caída respectiva fue del 9,9%, a 102,10 centavos, y del 8,2%, a 127,86 centavos. El de los Otros Suaves descendió un 7,3%, a 127,10 centavos, y el del Robusta un 7,1%, a 77,57 centavos. Como resultado del mayor descenso en el promedio mensual de los Suaves Colombianos en comparación con los Otros Suaves, el diferencial se redujo un 64,8% hasta ser de tan solo 0,76 centavos.

En la segunda mitad de 2018 la moneda de Colombia experimentó una depreciación mayor frente al dólar estadounidense que las monedas de países productores de Otros Suaves tales como Honduras. Eso contribuyó mucho al descenso en el diferencial entre los Suaves Colombianos y los Otros Suaves. Este fue el segundo mes consecutivo en que el arbitraje promedio en diciembre, tal como se evalúa en los mercados de futuros de Nueva York y Londres, descendió un 13,5%, a 36,20 centavos. Además, la volatilidad intradía del precio indicativo compuesto de la OIC descendió 1,6 puntos porcentuales, a 6,9%, dado que disminuyó la volatilidad intradía de todos los precios indicativos de grupo.

Indefectiblemente el mercado cafetero mundial tendrá que seguir bajo las leyes de la oferta y demanda, y que los 29 años de funcionamiento del pacto quedarán como una importante lección para la historia económica. Las posibilidades de firmar un nuevo Acuerdo en la Organización Internacional del Café (OIC), con cuotas de exportación y buenos precios, se complicaron de manera inesperada por [1]El fin del pacto cafetero la ruptura del Pacto Mundial del Café no solo provocó una gran transformación de la economía colombiana; también, un giro de 180 grados para el mercado agrícola mundial. El mundo recuerda 1989 como el año en que cayó el muro de Berlín. Ese no fue el único suceso trascendental de esos 12 meses; hay un antecedente con implicaciones igual de definitivas para el agro colombiano: el fin del Pacto Internacional del Café. Esta novela tuvo desenlace el lunes 3 de julio de 1989, cuando los representantes de los países integrantes de la Organización Internacional del Café (OIC) se citaron en el número 22 de la Calle Berners en Londres, sede histórica de la OIC. Era el último esfuerzo por mantener con vida un sistema de mercado que le había dado resultados favorables a los productores de café durante casi tres décadas: el pacto establecía cuotas de producción, lo que permitía mantener a raya la oferta, garantizando niveles razonables de precios para los agricultores en todo el planeta. El entonces gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, Jorge Cárdenas Gutiérrez, recuerda que el edificio de la OIC era un hervidero pues había reuniones en todas las oficinas y pasillos. Las comitivas de los productores se movían para lograr el objetivo de refrendar el acuerdo y mantener vigente el sistema de cuotas. Pero los países consumidores, liderados por Estados Unidos, no se quedaron quietos. John Rosenbaum fue quien desde la silla norteamericana de la OIC defendió las posiciones de la principal potencia mundial y el responsable de sumar aliados a su causa. En ese esfuerzo contó con el apoyo de los europeos, especialmente Alemania, y los centroamericanos. “Durante la negociación, muchos productores cafeteros (como los centroamericanos) se cambiaron de bando, porque decían que el Pacto no recogía la nueva realidad y que el mercado lo que quería era calidades”, explica Cárdenas. Por Colombia, quien llevó la voz cantante durante las votaciones fue el hoy embajador ante la ONU, Néstor Osorio, quien radicó una dura constancia sobre los efectos que traería la liberalización del mercado cafetero para los productores. La votación empezó y a medida que avanzaba el conteo de votos, era evidente que el desenlace sería fatal para los productores. Con el último de los sufragios se ratificó la tendencia y la historia quedó sentenciada: el Pacto Cafetero, vigente desde 1962, llegaba a su fin. “El Pacto Cafetero fue un soporte para la economía colombiana durante 30 años. Fue un acuerdo fundamental. Pero a finales de los 80 las condiciones mundiales empezaron a cambiar con la idea de la libertad del mercado y la reducción del Estado. Por eso entran en crisis todos los acuerdos. Se consolidaba así la hegemonía del Consenso de Washington y la Escuela de Chicago”, asegura Cárdenas. En consecuencia, lo que se selló ese día no fue una simple anécdota histórica sino un capítulo más en el proceso de cambio de la economía mundial que había empezado en el gobierno de Ronald Reagan, con grandes políticas de liberalización, no solo del comercio, sino también del sector financiero. Si con la caída del Muro de Berlín se terminaba la Guerra Fría, sin Acuerdo Internacional del Café, se consolidaba la ola de liberalización del comercio en el mundo, que en esa oportunidad tocaba a uno de los productos agrícolas más representativos. La caída del Acuerdo tuvo impacto prácticamente inmediato. Según las cuentas de Cárdenas Gutiérrez, de un día para otro quedaron disponibles en el mercado 25 millones de sacos de café. En 1990, menos de un año después de la noticia, el café colombiano se pagaba a US$0,69 la libra, el peor precio en la historia reciente. Con la caída del Acuerdo empezó el declive de la caficultura en Colombia, que había llegado a representar cerca de 10% del PIB nacional y que había convertido al presidente de la Federación de Cafeteros en uno de los hombres más poderosos del país. Ese 3 de julio, la hegemonía del más importante producto agrícola de nuestra historia empezó su final.

El mercado internacional del café presenta la particularidad de haber sido regulado, durante más de veinticinco años (de 1962 a 1989), por un acuerdo internacional entre la mayor parte de los países productores y de los países consumidores. Este acuerdo aseguraba el control de la oferta gracias a un sistema de limitación de las exportaciones, lo cual, en un contexto de sobreproducción, permitía mantener los precios del café por encima de un nivel mínimo. En este sentido, constituía un modelo de regulación no competitiva del mercado. El acuerdo se estableció debido a que constituía, en determinado momento, el fruto de un consenso entre los actores involucrados en la producción, la exportación y la transformación del café; aseguraba a los consumidores un abastecimiento suficiente y regular, y brindaba a los productores la garantía de un mercado y de precios remuneradores. Otro factor importante favoreció la firma del acuerdo: en el período de la posguerra, los Estados productores se constituyeron en actores económicos y mantuvieron el control de su sector de exportación. El acuerdo resultó de una cooperación entre los países productores, que habían adoptado políticas económicas homogéneas.

El acuerdo se suspendió cuando dejó de existir dicho consenso entre productores y consumidores, y cuando la cooperación entre los países productores se transformó en competencia. Las disfunciones del modelo señalaron sus límites, condenándolo a desparecer en un contexto general de liberalización de los intercambios. Simultáneamente, los Estados productores dieron inicio a un proceso de privatización de los institutos públicos del café, en el marco de las políticas de ajuste estructural que les fueron impuestas por los organismos financieros internacionales (FMI, Banco Mundial).

La existencia de un mercado regulado, es decir, que otrora controló el suministro, los precios y/o la producción de una actividad comercial o mercado contribuyó a la configuración de la cadena del café y determinó las respectivas estrategias de sus distintos actores. Los trastornos que experimentó el mercado del café a raíz de la desaparición del acuerdo, provocaron la reorganización de toda la cadena internacional y la modificación de estas estrategias. A partir del control que ejercían sobre el sector de exportación del café, los Estados de los países productores habían centralizado la oferta, desplazando a las grandes comercializadoras internacionales que a principios del siglo organizaban los intercambios y constituían los actores dominantes de la cadena. Después de la suspensión del acuerdo y del retiro de los Estados, los comerciantes tienden a ocupar de nueva cuenta el primer piano del escenario cafetalero. El sector del comercio internacional se concentra: el desplome de los precios a raíz de la suspensión del sistema de cuotas ha provocado aparatosas quiebras. El mercado a plazo se ha convertido en el centro del establecimiento de los precios internacionales. El polo dominante de la cadena está constituido por los gigantes del sector agro-alimentario, que transforman el café en los países consumidores.

El Acuerdo Internacional del Café asignaba cuotas de exportación en función de los volúmenes de café producidos por cada país, lo cual favoreció la sobreproducción y no alentó la búsqueda de calidad y de esa manera eludía la ley de la oferta y la demanda La supresión de las cuotas y el retorno a la regulación por medio de la competencia, ha colocado a la cuestión de la calidad en el centra de la profesión cafetalera. Frente a estos cambios mayores en el mercado internacional y en los países exportadores, las organizaciones de pequeños productores deben encontrar su vía de inserción en el mercado y ahora nos encontramos en una situación de libre mercado; los precios mundiales del café ya no están sostenidos mediante un mecanismo de regulación, sino que se establecen en el mercado de futuros, donde responden cada vez menos a los indicadores del mercado, y cada vez más a los fenómenos de especulación financiera.

Según CentralAmericaData.com de fecha 4 de enero de 2019  se lee lo siguiente: “Debido a los bajos precios del grano reportados en 2018, se estima que podría registrarse una reducción en la oferta, lo que provocaría un repunte de los precios este año. En promedio el precio de la libra del grano estuvo cercana al $1,15 durante 2018, sin embargo, empresarios a nivel global pronostican que para este año el precio podría subir a $1,24 por libra.”. Ante este desalentador pronostico del otrora grano de oro los gobernantes de Colombia y Honduras “se reunieron en la finca cafetera Villa Nora, en Quimbaya, una típica casa representativa de la cultura cafetera, en el municipio de Quimbaya, a pocos minutos de Armenia, la capital del departamento del Quindío” el pasado 15 de octubre de 2018 informó El Pais.hn, obviamente, con el propósito de tratar la temática de la caída de los precios y la pregunta obligada es los países consumidores dejara a los productores ¿instaurar los fondos de amortiguación nuevamente  (buffer stocks)? puesto que reducen la volatilidad a través de impuestos a la exportación, los cuales se generan cuando el precio doméstico es menor al internacional y con el producto de los mismos financian los subsidios que se otorgan, cuando el precio externo es menor al interno.

Lo  único en nuestra opinión,  que  les queda a los productores es propugnar por un “precio de mercado” y definitivamente entrará en juego la ley de la oferta y la demanda, o por un “precio razonable” eludiendo ambas leyes.

[1] Fuente: https://www.dinero.com/edicion-impresa/caratula/articulo/el-fin-del-pacto-cafetero/182429 el 21 de agosto de 2013

 

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