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Hagamos honor al juramento hipocrático

Elsa de Ramírez

Recientemente estuvimos visitando a un familiar cercano que fue internado de emergencia en el  Hospital Escuela Universitario (HEU) por descompensación diabética y arritmia cardíaca.

En ese vaivén observamos muchas cosas que llamaron nuestra  atención, por ejemplo la variedad de colores con que se visten los estudiantes que realizan su trabajo social, previo a la opción al título de Doctor en Medicina y Cirugía; esto nos obligó a investigar el significado de cada color, motivo por el cual consultamos al doctor Carlos Alfredo Ramírez (sobrino), quien nos explicó que estos son los llamados “colores de scrubs” (códigos utilizados en los hospitales para diferenciar al personal) representados por uniformes confeccionados de dos piezas con telas y colores diseñados para brindar comodidad a las personas que los portan, especialmente en las extensas horas de trabajo, principalmente para médicos, personal de enfermería, maternidad, etc., de tal manera, color blanco (estudiantes de 4to.a 6to. Año);  café (médicos internos que cursan el 7to. Año); gris (neurología y neurocirugía);  verde (ginecología); azul celeste (pediatría y cirugía, igualmente las licenciadas en enfermería) y azul oscuro (residentes de medicina interna.)

Empero, en el HEU, no todo es color de rosa, ya que el mismo no satisface integralmente las necesidades de atención en salud con calidad y calidez y mucho menos humanismo, como debe ser su visión, además el edificio ya no da abasto para tantas personas que acuden en busca de mejorar su salud ya que el espacio en emergencia es tan reducido que algunos pacientes están sentados en el piso esperando ser atendidos,  lo mismo sucede en las salas de cuidados intensivos donde las camas, más bien camillas están casi unidas.

Y lo peor de todo es que cuando uno pregunta a los cuasi-médicos sobre el estado de salud de su pariente, no responden, ni siquiera levantan la mirada, caminan con la cabeza agachada, parece que tuvieran temor de dictar un mal diagnóstico.

Asimismo, vimos que el aparato que sirve para pasar el suero y conteo de gotas estaba desconectado… que barbaridad cómo es posible que no haya personal supervisando esto… Da tristeza realmente que los hondureños no tengamos acceso a una atención médica de calidad, a la que tenemos derecho, por derecho propio;  pues somos seres humanos.

Seguidamente llegamos a la farmacia y de cuatro recetas solo había un medicamento.

De igual forma,  los estudiantes de medicina en servicio social no reciben supervisión y para colmo de males a los visitantes no se les permite usar los ascensores, ya que pudimos escuchar a personas de la tercera edad que solicitaron este servicio, mismo que les fue negado,  Indicándoles que tenían hacer uso de las gradas, en este caso del 1º. al 5to., piso.

También captamos que las sillas de ruedas ya necesitan ser reemplazadas.

Este centro que momentáneamente sustituyó al antiguo pero siempre eficiente Hospital  General San Felipe, hoy por hoy, recibiendo las mejores aportaciones, sobre todo de gobiernos amigos interesados en la salud de los hondureños y que como el ave fénix alza vuelo de las cenizas y se yergue airoso, allá en el barrio de su mismo nombre.

Pues bien, decíamos que este centro hospitalario es considerado el primero dentro de su categoría a nivel nacional, sin embargo lo que dejamos apuntado líneas arriba, se queda corto con la realidad viviente en el mismo, pues hay que decirlo de una sola vez, este primer centro hospitalario de la república resulta completamente obsoleto, pues su construcción fue diseñada posiblemente para diez o acaso  veinte años de servicio, o sea que, quienes levantaron los planos de esta edificación, no percibieron que Tegucigalpa crecería al ritmo acelerado en que lo hace y que la “clientela” no solo es de la capital sino de las aldeas, caseríos e inclusive de otros departamentos de la república que creen que por estar en Tegucigalpa es el mejor del país.

Ojalá volvieran a ocupar la Secretaría de Salud Pública, hombres de la talla de los doctores Antonio Peraza Casaca o Enrique Aguilar Paz Cerrato, quienes sí dejaron huella a su paso por esa importante Secretaría.

De todas formas, es bueno citar al ilustre psiquiatra doctor Octavio Sánchez Midence actual Ministro de Salud para que haga una visita sorpresiva, sobre todo en horas de la mañana a dicho centro asistencial y compruebe in situ algo de lo mucho que nosotros por cuestiones de espacio dejamos de señalar en este comentario.

Finalmente y de manera muy respetuosa, excitamos al honorable cuerpo médico, sobre todo a los más jóvenes, para que rindan honor al juramento sagrado hipocrático “…prometo solemnemente consagrar mi vida al servicio de la humanidad…”  y se compenetren de la enorme responsabilidad que han adquirido al ostentar un título de semejante envergadura y que dibujen en sus rostros una sonrisa de satisfacción, al saberse porta estandartes de la salud de un pueblo que definitivamente reclama mejor atención.

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2 Responses to Hagamos honor al juramento hipocrático

  1. Dr. HORACIO ULISES BARRIOS SOLANO dice:

    Totalmente de acuerdo Licenciada Elsa de Ramírez.

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