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III PARTE DEL IMPACTO DE LA ROBÓTICA Y EL FUTURO DEL TRABAJO

DOCTOR HORACIO ULISES BARRIOS SOLANO Premio Nacional de Ciencia “JOSÉ CECILIO DEL VALLE”

 

Jesús R. Mercader Uguina Catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad Carlos III de Madrid sigue declarando en torno al Impacto de la Robótica y el Futuro del Trabajo: Cuya historia tiene su punto de partida en 1954 con la patente de George C. Devol, Jr., seguida de la instalación en 1959 del primer modelo de prueba “Unimate” en la planta de fundición inyectada de General Motors en Turnstead y la creación en 1961 de Unimation Inc.

Keynes o la afirmación de Leontieff cobraran definitivamente vida y, como algunos autores han venido señalando, el aumento de la mecanización incrementa la eficacia de los procesos productivos a través de una reducción de la energía y de la fuerza de trabajo humana, con la inquietante consecuencia de una liberación de gran parte del trabajo. Algunos pueden ver aquí el triunfo de quienes han predicado los males del trabajo y han alentado a su definitiva y total abolición. Pero si los robots terminan por eliminar la necesidad de trabajo humano en grandes masas de población ello llevaría consigo un nuevo “darwinismo” que nos obligaría, esta vez, a atender a las necesidades de subsistencia para ese creciente y progresivo volumen de población que se verá excluida de los mucho más selectivos mercados de trabajo. Dicha realidad viene de la mano de un maltusianismo tecnológico que, aunque queremos defensivamente reconducirlo a la ciencia ficción y al temor distópico, se acerca irremediablemente. Por ello, es necesario afrontar algunos desafíos, entre ellos, uno de los más importantes es el de pensar cuáles deben ser las políticas públicas más adecuadas para que este mayor bienestar llegue a todas las personas. A) ¿Regreso al artesanado? El “trabajo” y el “trabajador” de la era de la técnica adquieren una morfología singular. Las nuevas tecnologías transforman la provocadora pero verdaderamente divertida es la obra de Black, B., La abolición del trabajo, Pipas de Calabaza, 2013 que nos actualiza la clásica de Lafargue, P., El derecho a la pereza, Madrid, Fundamentos, 1980. Obra que veía, precisamente, en la máquina “la redentora de la humanidad, el Dios que liberará al hombre de las sórdidas artes y del trabajo asalariado, el Dios que le dará el ocio y la libertad”. Un trabajador esperemos que alejado de la noción que construyera Junger, E., El trabajador, Dominio y figura, Barcelona, Tusquet, 1990, p. 91. El trabajador es la figura resultante del proceso de depuración del hombre por la técnica y que daba lugar a un nuevo “Estado de trabajo”, un Estado autoritario e hiperjerarquizado que debía gobernar a los trabajadores soldados. El trabajo, además, no es solo la participación en el proceso productivo, el tiempo libre El impacto de la robótica y el futuro del trabajo percepción del trabajo y pueden contribuir a la transformación de los modos de prestación de servicios. Su singularidad pone en cuestión los moldes clásicos de definición no solo de las fórmulas tradicionales de trabajo por cuenta ajena sino, incluso, las de trabajo autónomo tradicional. Se hace necesario reformular su concepción tradicional. En este contexto, el regreso al artesanado marca una senda en esa dirección. La lucha del artesano con las máquinas se remonta a las páginas de la Enciclopedia de Diderot. La artesanía es, pues, la resistencia silente de la creación humana pues todas las habilidades, incluso las más abstractas, empiezan como prácticas corporales; la comprensión técnica se desarrolla a través del poder de la imaginación. En una época de transformación tecnológica, la vuelta a la creación paciente del ser humano a la individualización de las creaciones y a la huida de la rutina de la producción en masa puede ser una respuesta al desafío de la robotización. Buena muestra de esta tendencia viene de la mano de la progresiva expansión de las impresoras 3D cuyas características y forma de producción podrían dar lugar a la formación de un nuevo artesanado. Las mismas permiten un trabajo “sin moldes”, personalizado y basado en el negocio “longtail” (La larga estela o larga cola). La misma impresora puede fabricar varios modelos de un mismo producto e, incluso, productos distintos realizados con un mismo material (por ejemplo, una pieza de un coche o de un grifo) durante el mismo periodo de tiempo o ciclo de producción. Permite conseguir diseños exclusivos y adaptados a las necesidades de cada cliente: basta con retocar el archivo digital que contiene la representación del modelo tridimensional que se desea imprimir (blueprint) para modiforma parte de aquél pues “el espacio de trabajo es ilimitado, de igual manera que la jornada de trabajo abarca veinticuatro horas. Lo contrario del trabajo no es acaso el descanso o el ocio; no hay, desde este ángulo de visión ninguna situación que no sea concebida como trabajo”. La impresión 3D va a aumentar este efecto: permite tener stocks digitales de productos en lugar de stocks físicos, reduciendo así significativamente el capital circulante y acercando el stock virtual al consumidor final (por ejemplo, Amazon y DHL están considerando el uso de impresoras 3D en sus centros de distribución).

  1. B) ¿Tienen que cotizar los robots a la Seguridad Social? El diario El País del día 17 de octubre de 2016, nos sorprendía en su página 47 con un titular inquietante pero enormemente sugerente: ¿Tienen que cotizar los robots a la Seguridad Social? La pregunta es inteligente por dos motivos. Por un lado, pone sobre la mesa un camino de salida a la crisis de nuestro sistema de Seguridad Social, por otro, plantea la forma y modo de reparto de los beneficios potenciales que pueden producir los incrementos espectaculares de productividad y riqueza que puede generar en el futuro próximo la revolución robótica. Pero si los robots crean los problemas, ¿podrían ayudar a resolverlos? Se hace necesario, por lo tanto comenzar a construir y a reflexionar sobre posibles soluciones para el caso de que la profecía de Keynes cobrara definitivamente vida. Algunos pueden ver aquí el triunfo de quienes han predicado los males del trabajo y han alentado a su definitiva y total abolición. Pero si los robots terminan por eliminar la necesidad de trabajo humano en grandes masas de población ello llevaría consigo un nuevo “darwinismo” que nos obligaría, esta vez, a atender a las necesidades de subsistencia para ese creciente y progresivo volumen de población que se verá excluida de los mucho más selectivos mercados de trabajo. Por ello, es necesario afrontar algunos desafíos, entre ellos, uno Sachon, M., Impresión 3D: La digitalización de la fabricación…, op. cit. El impacto de la robótica y el futuro del trabajo de los más importantes es el de pensar en cuáles deben ser las políticas públicas más adecuadas para que este mayor bienestar llegue a todas las personas y evite una mayor desigualdad. El reto es gobernar la transformación tecnológica y digital, con niveles reducidos de desigualdad y de tasa de desempleo. Martin Ford, uno de los teóricos más influyentes en la literatura sobre robótica de los últimos años se plantea en su obra, “El auge de los robots”, un nuevo paradigma económico para esta nueva era. En él sitúa la necesidad de costear una renta básica que evitara las posibles desigualdades sociales de la nueva sociedad que está naciendo. El establecimiento de una renta básica, “subsidio universal” o incluso “ingreso de ciudadanía”, supondría garantizar a todas las personas, de forma automática e incondicionada, un ingreso periódico de subsistencia. Las justificaciones que se han buscado a la necesidad de implantar este tipo de ingresos básicos se sitúan en la obligación de toda sociedad de asegurar a todos la satisfacción de las “necesidades esenciales” en nombre de la dignidad y de la condición de ciudadanos de los beneficiarios. Sin embargo, los programas de rentas mínimas han sido duramente criticados, pues se consideran instrumentos que pueden subvencionar la ociosidad. El reciente referéndum planteado en Suiza ha puesto sobre la mesa esta cuestión pero, en una sociedad en las que las máquinas asegurarían elevados índices de productividad, ¿sería eso un problema? Es posible también imaginar un “dividendo robot” que permita retornar a la sociedad al menos una parte de los beneficios. La literatura sobre esta materia es muy amplia y pueden encontrarse en internet reflexiones de gran interés. Magnífico ejemplo es el trabajo de Gimeno ullastes, J., Aproximación a una Renta Básica Sostenible. Consultado en: Las bases para tener una conciencia precisa de esta cuestión pueden hallarse en el libro clásico de Raventos, D., El derecho a la existencia, Una propuesta del subsidio universal garantizado, Ariel, 1999. 38 Brynjolfsson, E., Mcafee, A., Will Humans Go the Way of Horses?, op. cit. Jesús R. Mercader Uguina financieros que generen a través de fórmulas distintas. El estado de Alaska ofrece una posible solución a través del Alaska Permanent Fund. Una parte de los ingresos del petróleo del Estado se deposita en el fondo y, cada mes de octubre, se reparte un dividendo que se le da a cada residente elegible. Esta solución es fruto de la acción humana a través de una decisión democrática. Todo ello pone de manifiesto que cuanto mayor y más complejo resulte el edificio de la civilización en la que habitamos, más necesario será conocer los límites y los fines de nuestras “democracias”. En esta línea podrían situarse otras opciones vinculadas al desarrollo de diversos impuestos… Por otro lado, si, como irónicamente definió el escritor inglés Chesterton, la tecnología es “un conjunto de conocimientos que reduce el número de trabajadores… y de dueños”, por qué no pensar en que los seres humanos sean propietarios de robots y éstos trabajen para ellos. La resurrección de esta nueva forma de esclavitud no se separa mucho de la mentalidad de las sociedades griega y romana antigua cuando la vida privilegiada del ciudadano dependía del sudor de aquel puro ganado humano, totalmente desprovisto de derechos civiles y concebido como mera mano de obra (“herramientas que hablan”, en palabras del erudito romano del siglo I a. C Varrón), que eran los esclavos. No es necesario recordar la enorme riqueza y el impacto económico que tuvo en la economía y, en general, en el desarrollo de nuestra civilización esta terrible forma de explotación. Tampoco debe olvidarse la realidad de una sociedad romana en la que los tiempos de ocio superaban a los tiempos de actividad. El trabajo de los esclavos dejaba a los ciudadanos libres enormes periodos de inactividad.

 

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