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IV Y ÚLTIMA PARTE DEL PERIODISMO DIGITAL

Doctor HORACIO ULISES BARRIOS SOLANO, Premio Nacional de Ciencia “JOSÉ CECILIO DEL VALLE

Otros temas y disciplinas: Como el lector estará comprobando, son muchas las áreas en las que se ha desarrollado la investigación en torno a los medios periodísticos digitales. Cada una de esas áreas, además, cuenta con sus propias ramificaciones, de modo que el conjunto es tan frondoso, que resulta imposible dar cuenta de él en su totalidad en un artículo como este. Así y todo, antes de entrar en otras cuestiones teóricas, metodológicas y de balance general, es obligado siquiera reseñar, de modo más conciso, algunos otros temas y disciplinas de investigación a los que la comunidad académica ha dedicado particular interés en estos años. Destacaremos cuatro:

  1. El cambiante marco tecnológico;
  2. La convergencia multimedia y la evolución en las rutinas profesionales de los periodistas;
  3. Los modelos de innovación en las organizaciones periodísticas;
  4. as nuevas audiencias de los ciber medios.

En la medida en que el periodismo digital nació gracias a un salto tecnológico, no sorprende que ésta haya sido una de las áreas a la que los investigadores han dedicado mayor atención. Entender el ciberperiodismo obligaba a conocer sus cambiantes tecnologías. Y es que internet no ha supuesto solamente una evolución de las herramientas del periodismo, sino un cambio integral en sus paradigmas (Orihuela, 2004). Las investigaciones sobre las tecnologías del periodismo digital se han distribuido en dos categorías principales: estudios sobre la producción periodística y sobre el consumo de noticias. Los estudios sobre producción han analizado el modo en el que las tecnologías digitales han modificado las formas y los entornos de trabajo de los periodistas. Las herramientas digitales demostraron desde muy pronto su capacidad de transformar, no siempre para bien, los procesos de trabajo en las redacciones (Cottle; Ashton, 1999), propiciando una creciente polivalencia de los periodistas (García-Avilés et al., 2004). Existe una fundada preocupación respecto de las condiciones de trabajo de los periodistas, cada vez más difíciles. También preocupa su perjuicio a la calidad de la información publicada. Sin embargo, es indudable que las herramientas digitales también han tenido su vertiente positiva: han ampliado el espectro de las actividades y coberturas de los medios de comunicación. Disciplinas como el periodismo de datos, las narrativas periodísticas multimedia o el análisis avanzado de las métricas de audiencia, serían imposibles sin el concurso de las tecnologías digitales de producción que se han desarrollado en el último cuarto de siglo. Por su parte, los estudios en torno a las tecnologías digitales de consumo de información se han centrado en analizar las peculiaridades y oportunidades de los dispositivos lanzados al mercado durante estos años. Desde la década de 1980, las primeras investigaciones sobre tecnologías digitales del periodismo analizaron las posibilidades de desarrollo de plataformas como el videotex (Carey, 1982; Heikkinen; Reese, 1986) o el teletexto (Henke; Donohue, 1986), entre otras. Con la irrupción de internet y, especialmente, la popularización de los primeros ciber medios, el foco de las investigaciones tecnológicas se trasladó a los ordenadores. Comenzaron a ser estudiadas cuestiones como las fortalezas y debilidades de la lectura en pantalla, aprovechando herramientas experimentales como los dispositivos para el seguimiento ocular o eye-tracking (Outing, 2004). El lanzamiento en el año 2007 del iPhone por parte de Apple supuso el siguiente salto tecnológico para el consumo de noticias. Desde algunos años antes, diversos teléfonos móviles ya permitían consultar contenidos periodísticos mediante sistemas primitivos como WAP (Wireless application protocol). Sin embargo, el iPhone descubrió a sus millones de compradores en todo el mundo una novedosa interacción multimedia con los contenidos. Además del tradicional texto, formatos nuevos como la fotografía y, sobre todo, el audio y el vídeo pasaban a estar al alcance de la mano en todo momento. Pronto, otras empresas tecnológicas sacaron al mercado sus propios “teléfonos inteligentes” alternativos, mientras las empresas de telecomunicaciones impulsaban la conectividad de esos dispositivos, con una rápida progresión desde los estándares más rudimentarios 2G (GPRS) y 3G (UMTS) hacia otros más avanzados 4G (LTE) y, en el momento de escribir estas líneas, 5G—. Paralelamente proliferaron los dispositivos de lectura de libros electrónicos o e-readers. Si bien algunos periódicos desarrollaron ediciones adaptadas a esos dispositivos, la iniciativa fue pronto aparcada, sobre todo, a raíz del lanzamiento en 2010 del iPad por parte de Apple. Las tabletas se convirtieron en otra exitosa modalidad de consumo informativo móvil. Todos conocemos el resultado de este proceso: los ciudadanos adoptaron de manera entusiasta los móviles —en sus diversos tamaños, dedicándoles horas y horas de atención diaria.

Este salto tecnológico del computador personal al dispositivo móvil abrió el camino al “periodismo móvil”, una de las áreas más florecientes de la investigación en periodismo digital durante la década de 2010 (Westlund, 2013). Muchas de estas investigaciones en torno a la comunicación móvil, así como sobre otras tecnologías, se han apoyado en la teoría de los usos y gratificaciones, tratando de explicar con ella los motivos por los que los ciudadanos sustituyen ciertos dispositivos por otros que van siendo lanzados al mercado. Al margen de las investigaciones estrictamente tecnológicas, otra área que ha concitado el interés de los investigadores es la de la convergencia multimedia y la evolución en las rutinas profesionales de los periodistas. Con un enfoque inspirado en la sociología de las organizaciones, estos estudios han explorado el cambio interno vivido por los medios y por sus profesionales: cómo han evolucionado los espacios de trabajo, los perfiles de los periodistas, las dinámicas de toma de decisiones, así como la relación con las fuentes y con el público, entre otros asuntos. Buena parte de estos estudios se ha centrado en el concepto de convergencia, estudiando en particular el cambio en las dinámicas de trabajo de las salas de redacción, y explorando la difícil convivencia con frecuencia, mera cohabitación entre periodistas tradicionales y digitales (Boczkowski, 2005; Quinn, 2005; Salaverría; Negredo, 2008). Ligada a estos fenómenos de la convergencia multimedia e integración de redacciones, otra área relevante de la investigación se ha centrado en los modelos de innovación en las organizaciones periodísticas (Gynnild, 2014). Como ha quedado patente en las páginas anteriores, los medios se han enfrentado a un escenario tecnológico, social, económico de cambios abruptos, al que han tenido que dar respuesta en un tiempo breve. Para afrontar esos desafíos y aprovechar las oportunidades del nuevo mercado, algunos medios han adoptado estrategias de innovación de diverso tipo. Las más comunes se han centrado en la innovación de producto, mediante la experimentación de narrativas multimedia y la ideación de nuevos contenidos y servicios. Otras se han centrado en la reconfiguración interna de las compañías, con el propósito de impulsar nuevos proyectos y mantener la organización al día de las innovaciones del mercado. Por último, buena parte de la innovación se ha basado en los sistemas de distribución y comercialización, al compás de las novedades en dispositivos y plataformas lanzadas al mercado por las empresas tecnológicas. Aunque hay diferencias según los países, se ha comprobado que los medios más inclinados a la innovación no han sido precisamente los más grandes; por el contrario, al menos en España, se ha detectado una mayor innovación entre los ciber medios pequeños y, especialmente, entre los medios nativos digitales (García-Avilés et al., 2018). Como ocurre en tantos otros ámbitos, también en el periodismo digital los más débiles han hecho virtud de la necesidad (Sádaba-Chalezquer, 2016).

Una última área temática a la que nos referiremos es aquella que se ha centrado en investigar las audiencias de los medios digitales. Desde el principio de su historia, los ciber medios mostraron una singular capacidad de atraer públicos diferentes de los de la prensa, la radio y la televisión. En los años fundacionales de la prensa digital, en la década de 1990, ese público, casi experimental, estaba compuesto por personas con conocimientos informáticos medios o avanzados y, sobre todo, por jóvenes. Sin embargo, esta situación evolucionó pronto. A medida que se fueron asentando los medios digitales, sus audiencias se diversificaron, de modo que, al cabo de sus primeros veinticinco años, hoy constituyen un medio periodístico indiscutiblemente intergeneracional. Si hoy día los medios digitales siguen siendo los que atraen mayor número de jóvenes, no es por su incapacidad para interesar también a públicos adultos, sino porque los medios tradicionales incluida la propia televisión se muestran cada vez más incapaces de atraer a los jóvenes. Hoy día, los medios digitales atraen a jóvenes y mayores por igual; los medios tradicionales, por su parte, son consumidos por gente cada vez más mayor. Abundan los estudios en torno al perfil, la distribución, los intereses y los hábitos de consumo informativo de la audiencia de los medios digitales. Muchos de esos estudios e informes tienen un enfoque más profesional que académico, pues se orientan con frecuencia a ofrecer referencias estratégicas para la toma de decisiones por parte de las compañías periodísticas. Uno de los informes más consolidados es el State of the news media (elaborado anualmente desde 2004 por el Pew Research Center, donde se analiza la evolución del perfil de los medios y sus audiencias en Estados Unidos). http://www.pewresearch.org/topics/state-of-the-news-media Junto con ese tipo de informes de mercado, existe también una larga lista de investigaciones netamente académicas, que examinan mediante metodologías tanto cuantitativas como cualitativas la transformación del público consumidor de noticias y sus novedosas pautas de comportamiento en la Red (véanse, por ejemplo, Tewksbury, 2005; Masip et al., 2015). También estudian, por ejemplo, el impacto de las métricas de audiencia entre los periodistas; en concreto, su influencia en el modo en que los periodistas seleccionan, escriben y jerarquizan las noticias (MacGregor, 2007). En audiencias, el estudio más amplio y consolidado respecto del consumo de noticias en internet y en dispositivos móviles es, sin lugar a dudas, el Digital news report. http://www.digitalnewsreport.org Se trata de un estudio elaborado anualmente desde 2014 por el Reuters Institute for the Study of Journalism de la University of Oxford, con la colaboración de una docena de universidades de otros países. En su edición de 2018, la más reciente en el momento de escribir estas líneas, ese informe analizaba comparativamente el consumo de noticias digitales en 37 países, sobre la base de más de 74.000 encuestas entre usuarios de internet. Como vemos, la investigación sobre periodismo digital ha dado lugar a múltiples desarrollos y áreas de interés. Además de las disciplinas que hemos mencionado, podríamos haber añadido otras como los estudios sobre ética periodística en el contexto digital, sobre los fenómenos vinculados a la atención selectiva a las noticias filter bubbles y echo chambers y, especialmente en los últimos años, sobre las serias amenazas de la desinformación deliberada a través de las redes digitales, las tan cacareadas fake news. Es mucho, en fin, lo que nos hemos dejado en el tintero. Pero baste lo dicho para poner de manifiesto, al menos, la incuestionable diversidad y notable madurez alcanzadas por la investigación sobre periodismo digital.

Nuevos métodos, viejas teorías; Hasta aquí hemos repasado algunas de las principales áreas en las que se ha centrado en los últimos años la investigación sobre periodismo digital, apuntando las líneas a las que los investigadores han prestado mayor interés y resumiendo sus principales contribuciones. Ese enorme corpus de investigación académica, enmarcado en las ciencias sociales, carecería de validez si no se realizara con la debida solvencia metodológica. Sobre esto trataremos en las próximas líneas: ¿qué ha caracterizado a la investigación sobre periodismo digital y ciber medios desde el punto de vista de las metodologías? Se trata de un asunto esencial para la comunidad investigadora y que, en la última década, ha comenzado a ser objeto de trabajos monográficos (Palacios; Díaz-Noci, 2009; Karlsson; Sjøvaag, 2016; 2019). En los últimos veinticinco años los investigadores no sólo se han visto ante el reto de explorar una realidad en crecimiento, la de los medios periodísticos digitales, sino también ante la necesidad de idear y aplicar métodos y herramientas apropiadas para su estudio. Es cierto que algunas de las metodologías, especialmente las basadas en la observación, no han experimentado una gran evolución con respecto al modo en que se aplicaban anteriormente en medios no digitales. Por ejemplo, los numerosos estudios publicados durante estos años en torno a las rutinas profesionales en las salas de redacción de los medios digitales (véanse, entre otros, Boczkowski, 2004; Domingo; Paterson, 2011), apoyados en metodologías etnográficas, no difieren sustancialmente de los que se hacían y se han seguido haciendo en relación con medios no digitales. Es cierto que la investigación de raíz etnográfica ha dado lugar a metodologías específicas en internet, englobadas en el concepto emergente de “netnografía” (netnography) (Kozinets, 2015), pero la realidad es que la mayoría de los estudios etnográficos sobre medios de comunicación sigue anclada en modelos de investigación tradicionales. Entre las metodologías de investigación cualitativa, los estudios basados en entrevistas en profundidad tampoco han variado en lo sustancial. La aplicación de este método de investigación mantiene, en esencia, los modelos aplicados desde hace décadas en múltiples estudios de las ciencias sociales. Ahora bien, el análisis posterior del contenido de esas entrevistas sí ha comenzado a beneficiarse de herramientas mucho más sofisticadas. En los últimos años, los investigadores de las ciencias sociales han incorporado diversas aplicaciones analíticas lanzadas al mercado NVivo, ATLAS.ti y similares—, que facilitan la exploración de frecuencias lingüísticas en las transcripciones de las entrevistas, así como la identificación de relaciones entre conceptos. Estos programas informáticos permiten, de hecho, analizar esos aspectos no sólo en textos, sino incluso en múltiples elementos multimedia, de modo que resultan de especial utilidad para los investigadores de los medios periodísticos digitales. Estas aplicaciones son capaces, en definitiva, de traducir la materia prima cualitativa, con frecuencia desestructurada, a magnitudes cuantitativas bien ordenadas, de modo que pueden ser analizadas y representadas gráficamente. Estas mismas herramientas, junto como otras capaces de realizar análisis de grandes volúmenes de datos —R, Python, etc.—, han supuesto un gran impulso para otra de las principales metodologías de investigación en periodismo digital: el análisis de contenido (Flaounas et al., 2013; Lewis; Zamith; Hermida, 2013). Antes de contar con estas aplicaciones, la investigación basada en análisis de contenido se limitaba a muestras reducidas, puesto que a menudo resultaba imposible abordar análisis sobre poblaciones o conjuntos de datos muy amplios. En la actualidad, por el contrario, gracias a la digitalización de los contenidos y a estos poderosos programas de cálculo computacional, se llevan a cabo investigaciones sobre corpus de datos con un tamaño que habría sido impensable apenas una década atrás. Quizá el ejemplo más elocuente de este salto cuantitativo—en este caso, cuadra mejor que el término “cualitativo” se halla en los cada vez más numerosos estudios sobre periodismo y redes sociales (Newman, 2009; Hermidaet al., 2012). Por la naturaleza de estas redes, conformadas por cientos de millones de usuarios repartidos por todo el mundo, su estudio obliga a operar con gigantescos volúmenes de contenido, algo que encaja plenamente en el concepto de datos masivos (big data). Sin unas herramientas de análisis y visualización poderosas, su análisis resultaría imposible. Las aplicaciones computacionales que se han ido desarrollando en los últimos años permiten, sin embargo, analizar conjuntos masivos de datos, a través no sólo de procedimientos estadísticos tradicionales, sino incluso mediante la aplicación de modelos de análisis basados en tecnologías de aprendizaje automatizado (machine learning) (Boumans; Trilling, 2016). Si la renovación de las metodologías de investigación ha sido intensa, habría que emplear un adjetivo algo más modesto cuando nos referimos a la renovación de las teorías. Estos primeros veinticinco años de los medios digitales no han sido especialmente fecundos en los que se refiere a la creación de nuevas teorías para la interpretación general del periodismo. Las ideas de los grandes pensadores de la comunicación social, el periodismo y la opinión pública del siglo XX nos referimos a autores tan dispares como Walter Lippmann, Marshall McLuhan, Paul Lazarsfeld, Harold Lasswell, Umberto Eco, Jürgen Habermas, entre otros, siguen siendo, en esencia, el marco de interpretación teórica sobre el que pivota buena parte de las investigaciones sobre el periodismo de nuestros días. En palabras de Mitchelstein y Boczkowski, “la mayoría de los estudios continúan empleando los lentes existentes para mirar los nuevos fenómenos” (Mitchelstein; Boczkowski, 2009, p. 575). Ahora bien, que las ideas de esos autores continúen determinando el marco teórico no significa, desde luego, que no se vean revisadas. Al contrario, el gran aluvión de estudios empíricos de las tres últimas décadas, expresados en un sinfín de congresos y en una lista interminable de artículos en las cada vez más numerosas revistas científicas sobre comunicación, ha contribuido a extender el alcance de esas teorías a nuevos contextos.

Para explicar mejor lo que queremos decir, podemos recurrir, por ejemplo, a la teoría del establecimiento de la agenda (agenda setting theory). Propuesta hace casi medio siglo por los profesores estadounidenses Maxwell E. McCombs y Donald L. Shaw (1972), esta popular teoría explica cómo los medios determinan no ya las opiniones de la ciudadanía, sino especialmente los asuntos que son objeto de debate por la opinión pública. Con base principalmente en metodologías de análisis de contenido, los primeros estudios empíricos que testaron la teoría de la agenda setting se centraron en informaciones publicadas por periódicos. Más tarde, a lo largo de las décadas de 1980 y 1990, esos estudios se extendieron a los medios audiovisuales, muy especialmente a la televisión. Desde la década de 2000, asistimos a un nuevo paso adelante de esta teoría, en este caso en el marco de los medios digitales y las redes sociales. Los más recientes estudios en torno a la figura de los sujetos influyentes de las redes los llamados influencers (Meraz, 2009) no dejan de ser, al fin y al cabo, un eslabón más de la investigación empírica al amparo de esta teoría. Al igual que la teoría de la agenda-setting, otras teorías clásicas en torno al periodismo la del encuadre (framing theory), la de los usos y gratificaciones (uses and gratifications theory) y la propia teoría de la información (information theory), entre muchas otras están siendo revisitadas, y en algunos casos revisadas, por los investigadores contemporáneos sobre el periodismo digital. Por supuesto, no toda la investigación se circunscribe a esas teorías clásicas. El fenómeno de la Red cuenta ya con sus propios pensadores, algunos todavía emergentes y otros ya plenamente consagrados. Entre estos últimos, es obligado mencionar autores como el sociólogo Manuel Castells (1996), gracias a su influyente teoría de la sociedad red (network society), el filósofo y sociólogo Zygmunt Bauman (2013), con su teoría de la modernidad líquida, o el ya referido Henry Jenkins (2006), por su teoría de la convergencia y la cultura transmedia. FIN………………………………………………………………….

Las cuatro partes (IV) publicadas de este extenso estudio de la autoría del Profesor RAMÓN SALAVERRÍA (Cuya Fuente es mencionada) Universidad de Navarra, Facultad de Comunicación Departamento de Proyectos Periodísticos http://orcid.org/0000-0002-4188-7811. Con base en una amplia revisión bibliográfica, se examinan las principales áreas de investigación científica en torno a los medios digitales en el último cuarto de siglo, a escala global.

Pero como Profesional Jubilado, Escritor e Investigador, con un Doctorado en Auditoría y Contaduría Pública, con 2 Maestrías (UNAH 1), Docente Universitario ha llamado, Examinador de Maestrantes de la UNAH-POSFACE, Premio Nacional de Ciencia “JOSÉ CECILIO DEL VALLE”, Ex Director del Programa Televisivo en TV20 Canal del Congreso Nacional de LA CÁTEDRA DE VALLE y LA SOCIEDAD LITERARIA DE HONDURAS PRESENTE, Ex Presidente de la Docta Sociedad Literaria de Honduras, Columnista de La Tribuna de Honduras y de 2 Periódicos Digitales, Corresponsal de OMPI y actualmente Presidente de Círculo Histórico Cultural JUAN RAMÓN MOLINA, fui de opinión publicarlo para mis ciberlectores en especial y en general para todo el Gremio que conforma el Cuarto Poder.

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