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MORAZÁN Y LA CAPITULACIÓN DE LAS VUELTAS DEL OCOTE

DOCTOR HORACIO ULISES BARRIOS SOLANO Premio Nacional de Ciencia “JOSÉ CECILIO DEL VALLE”

 

El significado de lo que militarmente se entiende por Capitulación: es todo convenio por medio del que se estipula la rendición de un ejército, plaza, punto fortificado o en general de cualquier cantidad de personas alzadas en armas por cualquier motivo, justo o injusto que sea y la misma obviamente, y salvo estipulación en contrario, ella implica que las fuerzas obligadas a concluirlas son hechas prisioneras de guerra debiendo entregar todo el material bélico.

Público en general: la guerra es un arte, y el artista nace no se hace; y el General Morazán, artista consumado de este arte milenario, desde la Trinidad hasta su entrada a la inmortalidad el 15 de Septiembre de 1842 en San José de Costa Rica, con su pincel de acero, pintó los cuadros más brillantes y sublimes de las armas centroamericanas. La Trinidad, es la piedra angular de ese edificio legendario; que conformó la epopeya Morazánica.

En esta vida todos (as) tenemos detractores y apologistas, yo en lo personal prefiero tener los (as) primeros porque los Jubelos, Jubelas y Jubelum, nombres que significan en todos los idiomas, la mentira, la ignorancia y la ambición, han existido, existen y existirán mientras exista la humanidad, sino recordemos a: Sambalat horonita, Tobías el siervo amonita, y a Gesem el árabe, enemigos del Profeta Nehemías en la reconstrucción de los Muros de Jerusalén y el Paladín Centroamericano  no fue la excepción y sino recordemos a Arce, Julián Volio y Milla, razón por la cual del el Héroe de dos Ríos nos legó lo siguiente:

“Dicen que triste cosa es no tener amigos, Pero más triste es no tener enemigos. Porque quien enemigos no tenga, Es señal de que no tiene, Ni talento que haga sombra, Ni bienes que se le codicien, Ni carácter que impresione, Ni valor temido, Ni honra de la que se murmure, Ni ninguna cosa buena que se le envidie”.

Sin embargo, Morazán es el único que sigue siendo el símbolo Centroamericano para la unidad, como lo observa aptamente Thomas Karnes: Ningún hombre, desde entonces, ha estado tan cerca de ser Centroamérica símbolo. Para bien o para mal, Francisco Morazán representa para las cinco repúblicas de hoy el sueño para una confederación centroamericana, y cuando la prensa se refiera a un nuevo plan, hará recordar indudablemente el “Ideal Morazanico”, aun si el autor no esté en favor del mismo La prueba de esta aseveración es, que Morazán se ha convertido en un mito del pueblo.

En las montañas de la zona fronteriza entre Honduras y Nicaragua, agricultores de noventa años y más, se jactan frente sus crédulos vecinos, de que ellos lucharon bajo el antiimperialista liberal Francisco Morazán y después bajo su sucesor, Augusto C. Sandino.

¿Cómo empezó la guerra? Rómulo Durón afirma que, en noviembre de 1828, Florencio Xatruch, ciudadano de enorme influencia en Olancho, se encontraba en Juticalpa dedicado al comercio, cuando se levantó la facción acaudillada por el indio Santos Sánchez, que tuvo su origen “en los enormes impuestos y contribuciones con que fueron gravados los capitales del país y en especial los de Olancho”.

Otro historiador, Antonio R. Vallejo, también opina con que el gobierno había cargado los empobrecidos capitales del país especialmente los de Olancho, “fueron motivos de la guerra que comenzó con los mayores horrores en noviembre de 1828”. Ángel Zúñiga Huete, al referirse a esta época agrega que los promotores de la insurrección de montoneros en Olancho fueron individuos desertores de las tropas de Morazán, que con Osejo  primero y Márquez después, combatieron a los facciosos de Opoteca. Morazán comprendió el peligro que constituía el movimiento armado de los olanchanos y lo vio como una amenaza para la retaguardia de las fuerzas liberales. Con claridad política, comprendió que los motivos de protesta local eran solo un disfraz detrás del cual se escondían las fuerzas tenebrosas de la reacción guatemalteca y de algunos agentes españoles. Por eso el 22 de noviembre de 1828, dirigió a los sublevados de Olancho la siguiente proclama:

El Jefe Provisional General del Ejército de Honduras A los habitantes del departamento de Olancho: ¡Conciudadanos!

 

Cuando creía ir a disfrutar de los inmensos bienes que proporciona el reposo, me veo en la precisión de emprender una nueva expedición contra vosotros. Cuando a la vista solo de los ejércitos de El Salvador y Honduras, todas las fuerzas enemigas han pedido rendidamente la paz, que se les ha concedido con bastante generosidad, vosotros provocáis una nueva guerra. Tristes serán sin duda sus resultados y desgraciada la suerte de vosotros directores.

¡Conciudadanos! ¿No conocéis que estos son vuestros enemigos, que se valen de nuestra bondad para engañarlos? ¿Qué abusan de nuestra inocencia para obligarnos a trabajar contra los derechos más sagrados de los pueblos? Ellos os dicen debéis ser neutrales para no dar dinero, ni hombres que sostengan la libertad ultrajada por los nobles y godos de Guatemala. Pero ellos, al mismo tiempo, os aconsejan que debéis tomar las armas para sostener esa neutralidad contra el gobierno legítimo del Estado, que ha detenido siempre vuestros derechos. Examinad cuales son los bienes que os brindan esos directores y encontrareis en lugar de ellos los mayores males.

Quieren que no toméis las armas contra la nobleza de Guatemala, porque ellos pertenecen a aquel partido. Quieren que no deis dinero para sostener la libertad, porque tratan de esclavizaros. Quieren que obréis contra el jefe legítimo del Estado, porque desean veros perecer, ya que no pueden tiranizarnos; porque quieren de este modo embarazar las providencias de un gobierno que se ha dedicado siempre a sostener las leyes.

 

¡Conciudadanos!

 

Calculad el cumulo de males que va a producir vuestra resistencia, y desistid de semejantes proyectos; examinad el delito que comete el pueblo sustrayéndose a la obediencia de la legítima autoridad y volved a poneros bajo su protección.

Yo creo que no reuniréis a vuestras débiles fuerzas lo que se puede terminar por la razón. Me persuado que esta hará en vosotros lo que debía hacer el ejército que marcha a mis órdenes. Estoy convencido que evitareis con tiempo los males que os anuncio, y que un sincero arrepentimiento, una nueva conducta, me obligara a abrazaros como amigos, en lugar de trataros como rebeldes.

 

¡Directores enemigos de los habitantes de Olancho!

 

Se aproxima vuestro término: vais a pagar muy pronto los males causados a esos inocentes. El valiente ejercito que ha vencido en los campos de Gualcho y triunfado en las llanuras de San Antonio, marcha sobre ese Departamento, nada tienen que temer sus sencillos habitantes, que engañados han obrado contra sus propios intereses. Vosotros debéis aguardar toda clase de males si no restablecéis la quietud a esos pueblos y abandonáis vuestras miras ambiciosas de dominación.

Cuartel general en marcha, noviembre 22 de1828.

  1. Morazán

 

Morazán asume la Presidencia de Honduras el 4 de Diciembre de 1829 y deposita el gobierno en el Senador Juan Ángel Arias, el 24 de Diciembre para enfrentar la pacificación de Olancho se estacionado en Morocelí, El Paraíso, Honduras, él parte con sus tropas al escenario donde se encuentran los alzados en armas cuyos argumentos son los altos impuestos, pero no por la ruta acostumbrada para evitar una emboscada.

El 21 de enero de 1830, parapetados sobre uno de los cerros que cubren el sitio conocido como “Las Vueltas de El Ocote”, un vecino del municipio de Catacamas, de nombre Lorenzo Sánchez[9], quien formaba parte de la facción de los rebeldes, esperaba ansioso la orden de atacar las tropas al mando del jefe de Estado de Honduras, Francisco Morazán, como él mismo lo narró posteriormente. “Los insurgentes esperaban a Morazán en las Vueltas del Ocote para convenir la capitulación de la rebelión o para decidir, en un solo combate, la suerte de la guerra; pero el héroe los sorprendió con un gesto de hombría que desarmó moralmente a esos hombres, acostumbrados a respetar y admirar los actos temerarios. Frente a los facciosos que cubrían los lados del camino, avanzó Morazán a pie y desarmado; llegó hasta donde estaban los jefes de la rebelión, les pidió agua y se sentó con ellos a la sombra de una amate. Unas horas después, Agatón Aguilar, ordenanza del cabecilla Desiderio Escobar, grito: ¡Muchachos la guerra terminó! El grito corrió serranía abajo y los andrajosos rebeldes rodearon alborozados al general Morazán; los indios achaparrados de Catacamas, los mulatos de Silca, los trigueños, enjutos y altos de Lepaguare, los de Manto, que se ponían pólvora en los bigotones para acentuar su hombría, empezaron a dar vivas a Morazán”. José Antonio Vijil, ayudante del General, confirma lo anterior en sus memorias: “Él se dirigió al campamento enemigo y con un valor extraordinario, el solo entre la multitud de un pueblo ensangrentado y enfurecido, llamó a los caudillos, los hizo sentar en el suelo, les pregunto la causa de la guerra”.

Los pueblos de Olancho insurgentes son los siguientes y firmaron la capitulación en las Vueltas del Ocote:

  1. Silca,
  2. Jano,
  3. Guata,
  4. Manto,
  5. Sapota,
  6. Gualaco,
  7. Yocón,
  8. Catacamas,
  9. El Real,
  10. Juticalpa y reducciones de Guayape; y
  11. Palo Atravezado.

La campaña de Olancho costó a la Hacienda Pública, 53,656.63 pesos[12] Según el hecho sucedido el 21 de Enero de 1830 y el 21 de enero de 1830 la Capitulación de las “Vueltas del Ocote” en Olancho. Manda una proclama después de la capitulación de Olancho que a la letra dice:

 

“El General Francisco Morazán sometió a los revolucionarios olanchanos en veinticuatro horas, probando con este acontecimiento su genio militar y político.

Los Pueblos de Silca, Jano, La Guata, Manto, Zapota, Gualaco, Yocón, Catacamas, El Real, Juticalpa y reducciones de Guayape y Palo Atravezado, obedecen al Gobierno del Estado, bajo las bases siguientes:

  1. Los habitantes del Departamento de Olancho y los de fuera de él, que se hayan mezclado en la guerra del mismo departamento, volverán a ocupar sus casas y a hacer uso de sus propiedades.
  2. Se garantizan las personas de los estantes y habitantes del Dpto. de Olancho y fuera de él, que hayan tomado parte en la guerra que se ha hecho en el mismo Dpto., sea cual fuere la conducta que han observado en ella y estas garantías serán ratificadas por la Asamblea del Estado entre ocho días contados de la presente fecha.
  3. Para reponer las pérdidas que han sufrido los expresados pueblos se les ha señalado por cuatro años las rentas de alcabalas[16], aguardiente, tabacos y diezmos.
  4. Por término de tres años quedan inhibidos absolutamente de todo servicio público, pecuniario y personal; y solo prestaran este último en caso que sea atacada la independencia nacional o por una potencia extranjera.
  5. Para que sea gobernado este Dpto. nombra el Gral. Morazán por Jefe Político de él, al ciudadano Gregorio Canelas y por Comandante de Armas del mismo al ciudadano Concepción Cardona.
  6. Estas autoridades deberán existir en el pueblo de Manto.
  7. La autoridad militar del Dpto. nombrara los Comandantes Locales de cada pueblo, los que estarán subordinados.
  8. Los pueblos de Silca, Jano, La Guata, Manto, Zapota, Gualaco, Yocon, Catacamas, El Real, Juticalpa y reducciones de Guayape y Palo Atravezado, pondrán todas las armas que tengan a disposición del Comandante General del Dpto. y este las depositara en una pieza de pueblo a que pertenezcan, quedando inmediatamente a las órdenes del Comandante Local del mismo pueblo.
  9. Las armas que existen en los Dos Ríos, El Rusio, Lepaguare y Guayape, quedan en Palo Atravezado, siendo facultad del Comandante General del Dpto. el nombramiento del Comandante Local que se haga cargo de ellas para que las deposite.
  10. Los pueblos de Silca, Jano, La Guata, Manto, Zapota, Gualaco, Yocon, Catacamas, El Real, Juticalpa y reducciones de Guayape y Palo Atravezado, prestaran su obediencia al Gobierno Supremo del Estado de Honduras, tan luego como sea ratificada por la Asamblea esta Capitulación y en dicho tiempo repetirán este acto de obediencia a las Municipalidades de estas por medio de actas.
  11. El individuo que, reconvenido por su respectivo Comandante no quiera entregarle el arma de fuego que porte, quedara excluido de esta Capitulación.
  12. No tendrá lugar en el Dpto. de Olancho ni en aquellos pueblos fuera del que se hayan mezclado en la guerra que se ha hecho en el mismo Dpto. el Decreto de la Asamblea del Estado de diez de junio último y el Gral. Morazán pedirá en la misma Asamblea su revocatoria en esta parte.
  13. El Gral. Morazán dejará libre el Dpto. de tropas tan luego como encuentre bagajes.
  14. El individuo que insulte de palabra a otro por resentimiento que haya hecho nacer de la guerra, será castigado con un año de presidio en el Castillo de San Felipe.
  15. El que lo agraviare de obra hiriéndole o maltratándolo, quedara sujeto a las penas señaladas por las Leyes.
  16. Este convenio será ratificado por la Asamblea en el término de ocho días contados desde esta fecha y en el de seis, por los respectivos pueblos del Dpto.
  17. La infracción de cualquiera de los artículos de este convenio por las partes contratantes lo hará nulo y de ningún valor.

 

VUELTAS DEL OCOTE, 21 de enero de 1830.

 

FRANCISCO MORAZAN. CONCEPCION CARDONA, Comisionado por Gualaco. VICENTE MARTINEZ Y JUAN CARDONA, Comisionados por Manto. DESIDERIO ESCOBAR, Comisionado por Catacamas. FRANCISCO MEZA, Comisionado por Zapota. PABLO URMENETA, Comisionado por Silca. SANTIAGO ZELAYA, Comisionado por Guayape y Palo Atravezado. Por el Comisionado Gregorio Matute de Jano, VICENTE MARTINEZ.

CONFORME. MORAZAN

 

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