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¿QUÉ TAN VERÍDICAS SON LAS PELÍCULAS “BASADAS EN HECHOS REALES”?

Doctor HORACIO ULISES BARRIOS SOLANO, Premio Nacional de Ciencia “JOSÉ CECILIO DEL VALLE”

 

Es nuestra opinión un documental es una película que documenta o trata de cuestiones de la realidad y una cinta proyectada que llamamos película es una combinación de lo real y la ficción, no obstante en los dos casos hay un guion y actores. Y como dice [1]Yulene Olaizola “Ya no deberíamos hacer una diferencia entre documental y ficción, ambas son películas y deben verse como tal. A mucha gente le sorprende que se nominen por igual documentales y ficciones en la categoría de Mejor  Película, pero no debería ser así. Es como si nos dijeran que el documental no tiene el nivel  para competir con una ficción.”

[2]Las películas “basadas en hechos reales” pueden ser interesantes propuestas para contar sobre hechos y personajes importantes. ¿Qué tan verídicas son? Cuando vemos una película “basada en hechos reales”, en cierto modo, aceptamos que no todo pasó como se presenta en la pantalla. Estas “licencias dramáticas” son necesarias para que podamos disfrutar la historia o conocer interesantes personajes. Este tipo de películas tienen su grado de fidelidad a los hechos reales; algunas son mucho más apegadas a la historia, mientras otras utilizan la historia como un pretexto para presentar otros relatos. Y ciertamente hay algunas que de plano no son justas con las historias y personajes en las que se basan. Uno de los aportes más importantes de las películas basadas en hechos reales es que son la puerta abierta para conocer a los personajes que presenta. Es decir, a las personas que existieron y fueron lo suficientemente peculiares para hablar de ellas. Estas son personas que seguramente vale la pena conocer, tanto los tiranos como los héroes, los artistas y las personas de a pie que hicieron cosas extraordinarias

Calificar una película por su grado de fidelidad a las historias reales puede resultar OCIOSO porque en realidad no tienen por qué ser fidedignas en todo lo que exponen. Si queremos ver la “historia verdadera” tal vez no debamos recurrir a las películas de ficción sino a los documentales, y aun así estaríamos viendo las historias a través de un director o guionista. Por tal motivo, decíamos que resulta un tanto OCIOSO exigir a este tipo de películas apego a las historias reales. Lo que sí podemos hacer es saber qué tanto es ficción y qué tanto son licencias dramáticas utilizadas para presentar una historia en la pantalla grande. Para esto podemos echar mano del interesantísimo sitio Information is beautiful, en donde se presenta una lista de las películas basadas en hechos reales de los último 5 años que fueron analizadas según su apego a los hechos. Como el sitio se especializa en presentar información por medio de bellos gráficos, la lista se vuelve mucho más interesante cuando podemos ver la lista de 14 cintas bajo distintos criterios: uno muy relajado que acepta que es una cinta de ficción, uno sólo aceptando algunas licencias dramáticas y uno estrictamente histórico.

En cualquiera de los tres criterios la película “Selma” de Ava DuVernay de 2014 se encuentra a la cabeza. La lista realizada por este sitio de David McCandless queda como sigue bajo el criterio de “solo la verdad absoluta”:

  • Selma 80.4%
  • The Big Short 78.5%
  • Bridge of Spies 68.4%
  • 12 Years a Slave 56.4%
  • Rush 73.3%
  • Spotlight 67.2%
  • Captain Phillips 60.1%
  • The Social Network 61.3%
  • The Wolf of Wall Street 63.1%
  • The Kings Speech 56.4%
  • Philomena 47.7%
  • Dallas Buyers Club 40.9%
  • American Sniper 29.4%
  • The Imitation Game 18.6%

Como podemos ver, la gran mayoría de estas cintas fueron nominadas y ganadoras en los premios Óscar en distintas categorías. La que menor porcentaje de veracidad histórica tiene es la película basada en Alan Turing dirigida por Morten Tyldum y ganadora del premio de la Academia a mejor adaptación de guion. Si bien nos quedó a deber el homenaje y reconocimiento que Turing no disfrutó en vida (y ciertamente la historia, la ciencia y la humanidad le debemos), es el ejemplo claro de que la calidad de la película es un tema aparte de qué tan real es la misma.

Otros filmes también se han destacado por su apego a los hechos y podríamos mencionar varios como:

  • Goodfellas, Martin Scorsese, 1990
  • Schindler’s List, Steven Spielberg, 1993
  • The Last Emperor, Bernardo Bertolucci, 1987
  • The Lion in Winter, Anthony Harvey, 1968
  • Lincoln, Steven Spielberg, 2012
  • Apollo 13, Ron Howard, 1995
  • The Elephan Man, David Lynch, 1988
  • The Pianist, Roman Polanski, 2002

Así pues, con los datos y con las películas más destacadas entre las llamadas “basadas en hechos reales” podemos decir que el rango de fidelidad a la historia es variopinto. Sin embargo, hay algo indiscutible: las personas ahí presentadas realmente existieron y su historia fue lo bastante sui generis para que otros dedicaran su talento y tiempo para contarlas. Es por esto que resultan tan apasionantes; después de todo se trata de personas que desafiaron lo ordinario, cambiaron su entorno y, por tanto, el mundo para siempre.

[3]La última matanza (23 de junio de 2015) que sacude a Estados Unidos, en la que un joven blanco asesinó a nueve personas de raza negra en una Iglesia de Charleston (Carolina del Sur), evoca una controvertida película estadounidense, estrenada en 2013, titulada “La Purga”.

Siempre se ha dicho que la realidad supera a la ficción. La frase adquiere una inquietante vigencia cuando se confrontan los asesinatos que tienen lugar cada tanto en Estados Unidos con los que muestra Hollywood en sus películas.

Y hasta se tiene la tentación de considerar que muchas historias reales de pistoleros lunáticos disparando a mansalva sobre inocentes, una especie de formato estadounidense, se inspiran en realidad en el cine.

¿La industria cinematográfica se inspira en la vida real, o es al revés?. De hecho forma parte de un tema de discusión permanente si Hollywood tiene alguna responsabilidad en los actos de violencia que sacuden al país.

La tragedia de Charleston tiene todos los condimentos de índole idiosincrático: un joven blanco supremacista, [4]Dylann Roof, protagoniza una matanza racista. Ya apresado, trascienden sus intenciones: limpiar la sociedad de elementos indeseados.

Cuentan que una de las víctimas intentó razonar con él durante el ataque perpetrado en la iglesia de la comunidad afroamericana. Pero “él dijo ‘no, ustedes han violado a nuestras mujeres y están tomando el país. Debo hacer lo que hay que hacer’”, relató.

El episodio de sangre se inscribe dentro de una estadística tenebrosa: cada día 300 personas mueren en Estados Unidos en sucesos protagonizados por personas armadas. Muchos creen que la permisividad hacia la tenencia de armas agrava el auge de la criminalidad.

El uso de las armas para que se canalice el odio hacia los extraños, a modo de limpieza étnica y social, está presente en la narrativa de ficción estadounidense, como es el caso de “La Purga”, un film distópico.

Escrita y dirigida por James DeMonaco la película relata que en el futuro, en el año 2022, el grupo dominante de Estados Unidos encuentra una solución radical a la ola de inseguridad que azota al país.

Instituye así un período anual de 12 horas llamado ‘la purga’, en el que toda actividad criminal (como el asesinato, el robo y la violación) se convierte en legal. Es decir, en una noche cada año se puede realizar cualquier crimen sin que por ello haya consecuencias penales.

La sangría nocturna cumple una función de catarsis, según los ideólogos del régimen, quienes la justifican de este modo: dado que somos una especie inherentemente violenta, se trata de liberar lo que llevamos dentro. La depuración no sólo reduce la violencia en una noche especial, produce también “estabilidad social”. La medida se propagandiza en estos términos: “Liberen a las bestias y devoren las calles del país”.

Pero el director del film, James DeMonaco, va más allá en la película. Pone en boca de un criminólogo esta inquietante pregunta: “¿La depuración realmente consiste en liberar agresividad y contener la violencia o consiste en algo más?”.

Y añade: “Sus detractores suelen postular que el verdadero propósito de esta noche es eliminar a los pobres, los necesitados, los enfermos, a los incapaces de defenderse”.

Hay una extraña afinidad entre la tragedia de Charleston y el argumento de la película: también Dylann Roof, molesto por los elementos que él considera indeseados, hace su propia catarsis. También él da rienda suelta a su instinto de agresión, y se lanza mesiánicamente a purificar el país, a través de una sangría colectiva. (Cualquier similitud en esta compilación o parecido a nivel nacional o internacional es pura coincidencia)

[1] Fuente WIKIPEDIA: Yulene Olaizola es una directora, editora y productora mexicana. Egresada del Centro de Capacitación Cinematográfica. Ganadora de varios premios con su ópera prima, Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo.

[2] https://hipertextual.com/2016/12/peliculas-basadas-en-hechos-reales

[3] Fuente: https://www.eldiaonline.com/ee-uu-la-purga-real-y-la-de-ficcion/

[4] Fuente WIKIPEDIA: Dylann Storm Roof (n. el 3 de abril de 1994) es un estadounidense culpable de perpetrar la Masacre de la iglesia de Charleston el 17 de junio de 2015, durante un servicio de oración en la iglesia Episcopal Metodista Africana Emanuel. Se culpa a Dylann Roof de la muerte de nueve personas afroamericanas, incluido el alto pastor senador Clementta C. Pinckney y de herir a una persona. Después de que varias personas identificaran a Roof como el principal sospechoso, se convirtió en el centro de una persecución que terminó la mañana después de los disparos con su detención en la localidad de Shelby, Carolina del Sur. Más tarde confesó que cometió el tiroteo con la esperanza de encender una guerra racial.

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