Por: Segisfredo Infante

Solían asignarme la lectura de la “Oración del Hondureño” de Froylán Turcios, en las festividades cívicas de la escuela primaria. Nunca reflexioné sobre el contenido del aquel texto. Lo hice varios años después. Tampoco supe la razón (si es que acaso hubo alguna “razón”) para suprimir los sábados cívicos y las jornadas de lectura, en voz alta, de profesores y estudiantes, práctica positiva que se acostumbraba desde mediados de la década del treinta del siglo veinte. Don Jorge Bueso Arias ha sugerido que se debe retornar al tema de los sábados cívicos. Por mi parte sugiero que se debe retornar a la lectura sobria, en Honduras y en otras partes del globo.

Además de lo anterior sugiero que los “hispanos” que ya tienen residencia en los Estados Unidos y en algunos países europeos, se unan en oración internacional, durante varios meses y semanas, en la búsqueda de la justicia y del bienestar de sus paisanos, quienes mayoritariamente han viajado enormes distancias, poniendo en riesgo sus vidas preciosas, con el humilde propósito de encontrar algún asidero para subsistir honestamente, y enviarles auxilios monetarios a sus familiares que han dejado en sus terruños, viviendo en la pobreza o en situación de grave peligro.

Son heroicos los migrantes que se marchan. Son heroicos, también, aquellos que se quedan en su tierra a merced de circunstancias adversas, con todas las incertidumbres propias de un mundo “hipermoderno” que ha perdido el horizonte en lo que respecta a la justicia y a la ecuanimidad humanas. No son delincuentes los migrantes “hispanos” que buscan posibilidades de trabajo en la metrópoli del norte. Ni mucho menos terroristas como ocurre con otros migrantes aislados en latitudes y longitudes más lejanas. De vez en cuando se filtra más de algún delincuente. Pero esa es la excepción de la regla.

Con Platón aprendí que la justicia es aquella que sirve para evitar que los hombres se hagan daño unos a otros. Con José Cecilio del Valle aprendí que existen leyes injustas que los congresistas deben abolir de inmediato. No debe haber derramamiento de sangre ni atropellos de ninguna especie para luego identificar que tales fenómenos ocurrieron por causa de una ley injusta, y que debe ser abolida, cuando es demasiado tarde. Es más, nunca debieran promulgarse leyes injustas que atentan contra el derecho al trabajo, la dignidad humana y contra los países débiles, en ninguna parte del mundo. Mucho menos si tales países han sido aliados permanentes. Esto significa que la ley y la verdadera justicia entran, a veces, en profunda contradicción. Las leyes y prácticas racistas que tantos daños y genocidios provocaron durante casi todo el siglo veinte, son un ejemplo de lo que aquí tratamos. Pero también las leyes ideológicas extremistas que han seguido el camino análogo del racismo. No deseo, por ahora, traer ejemplos específicos.

Los “hispanos” somos criollo-mestizos con ancestros lingüísticos y religiosos occidentales, con algunos ligamentos filosóficos griegos directos e indirectos. No somos anti-occidentales, como sucede con otros migrantes o con algunos “cuadros” políticos aislados que se inventan nuevas fobias en el camino. Si los europeos, particularmente los alemanes e italianos, necesitan mano de obra accesible, debieran facilitar la entrada masiva de los cristianos de América Latina. No necesitan ser cristianizados. De hecho, ya lo son, en su mayoría.

“Hispanos” o “latinos” votaron en favor del católico Joe Biden. Esos votantes deben orar y exigir que se respeten los derechos naturales y divinos de sus paisanos que han gozado del “TPS” y de otras prerrogativas concomitantes. Los criollo-mestizos somos herederos de las mejores tradiciones del “Viejo Mundo”. Pero también somos herederos de las culturas y civilizaciones indígenas que poblaban el continente americano tantísimos siglos antes que llegaran los europeos. De aquí deriva el derecho natural. El derecho divino conecta con las creencias religiosas monoteístas que se revelaron en un pequeño territorio de “Tierra Santa”, y que los europeos e hispanos han asumido como suyas.

Me parece que en la misma medida en que los dirigentes occidentales olvidan los derechos naturales y divinos de los mismos occidentales, pierden territorios y vastísimas áreas de influencia, dejando el camino abierto a las potencias emergentes. Las prácticas vengativas basadas en leyes unilaterales, lapidarias o ambiguas, generan aislacionismo, y son altamente peligrosas para el “Mundo Occidental”.

Lo he externado varias veces. No se deben atacar los efectos de los fenómenos olvidando las causas generatrices de los mismos. Una buena legislación, tal como lo sugería Ortega y Gasset, debe ser producto de las costumbres y de la experiencia histórica de cada región y de cada “Hemisferio”. No de los caprichos ni tampoco de las modas de ciertos “políticos” y nuevos inquisidores. Porque entonces la “ley” se convierte en algo ilegítimo e injusto, que genera desempleo y toda clase de calamidades y tragedias.

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