Doctor HORACIO ULISES BARRIOS SOLANO, Premio Nacional de Ciencia “JOSÉ CECILIO DEL VALLE”

13 de septiembre de 2020

Estamos a 2 días de celebrar la Independencia de la República Federal de Centro América y quien escribe como cholutecano, titulado de secundaria en el Instituto Departamental José Cecilio del Valle y Vallista 100% al haberme distinguido mi Patria con El Premio Nacional de Ciencia “JOSE CECILIO DEL VALLE” he defendido a ultranza por los medios de comunicación a mi alcancela figura del Cicerón Andino, en vista de la Academia y Autoridades Gubernamentales Locales y Centrales no lo han hecho, no obstante, de están en autos que un doctor salvadoreño de nombre Ramón López Jiménez  le endilgo ignominioso mote de “Fouché de Centro América” en un libro que él escribió y fue publicado de la siguiente forma 500 ejemplares en papel voluminoso y 4500 en periódico el 15 de septiembre de 1968 según el colofón del mismo, que indica además que fue la Editorial José de Pineda Ibarra del Ministerio de Educación de la ciudad de Guatemala en Centro América.

La defensa de mérito la he tomado como un reto personal para comprobar ante propios y extraños la integridad del Prócer oriundo de La Sultana del Sur, hondureño, centroamericano, pero con un perfil continental del Hombre de las Dos Américas y Padre del Hispanoamericanismo, entendiendo por Hispanoamérica desde México hasta la Patagonia; distinguido Amigo del Inglés  Jeremy Bentham Padre del Utilitarismo y en La Academia de Paris le inscribió en el catálogo de sus Miembros.

El Plan pacífico de independencia es un documento poco conocido-incluso olvidado con frecuencia por los mismos historiadores-que brinda otra perspectiva de los sucesos ocurridos en torno a la independencia de Centroamérica.

Se redactó en agosto de 1821 y fue impulsado por los Aycinena, una familia influyente en el país, con el objetivo de crear las condiciones adecuadas para que las mismas autoridades del Reino de Guatemala decidieran separarse en forma pacífica de la monarquía española y, a la vez, solicitaran ayuda militar a los sectores conservadores y al alto clero de México, encabezados entonces por Agustín de Iturbide, para garantizar la continuidad del sistema económico, político y social que hasta entonces imperaba. En su redacción participaron los hermanos Mariano y Juan José de Aycinena, Pedro Molina, Mariano de Beltranena y José Francisco Barrundia.

Dicho escrito fue encontrado en los archivos de la familia Aycinena por el periodista e historiador guatemalteco

Enrique del Cid Fernández y fue publicado íntegro por primera vez el 14 de septiembre de 1963, en el diario El Imparcial

Esta es la historia: Gaínza Antes de asumir el cargo de subinspector de las tropas veteranas y milicias de infantería y caballería del Reino de Guatemala, Gavino Gaínza estuvo en España y fue testigo de cómo el general Rafael del Riego obligó al rey Fernando VII a jurar la Constitución de Cádiz. Llegó a la Nueva Guatemala de la Asunción en enero de 1821, y dos meses después, el 9 de marzo de 1821, el presidente Carlos Urrutia delegó en su persona el cargo, pues las enfermedades le impedían gobernar.

Durante los primeros meses de presidente interino, Gaínza defendió el poder monárquico. Por ejemplo, al enterarse de que Agustín de Iturbide y el caudillo insurgente Vicente Guerrero firmaron el Plan de Iguala o Plan de las Tres Garantías, el 24 de febrero de 1821, mediante el cual se acordó la emancipación de México para crear un sistema oligárquico constitucional y establecer la unión entre criollos y peninsulares, sin distinción de castas y privilegios, Gaínza publicó el 10 de abril un manifiesto contra Iturbide, en el cual lo acusaba de traidor, de tener perversas intenciones y de haberse robado más de un millón de pesos.

Señaló: “Guatemalenses, que nada sea capaz de alterar vuestra paz y tranquilidad presentes; un Gobierno que os ama y protege; permaneced firmes en vuestra lealtad y resueltos a contrarrestar los tiros de la perfidia y del engaño (…) Guatemalenses: si practicáis estas máximas que garantizan vuestra conservación y felicidad, solo encontraréis en mí a un Jefe pacífico, un padre, un compatriota vuestro, que os cuide, que os dirija y defienda; si alguno las desconoce y declarase contra ellas, me veréis un militar resuelto y firme, que procederá contra el agresor hasta el exterminio; me está encargado el conservaros la paz. Estos son mis deberes, he de cumplirlos”.

A finales de agosto de 1821, los maquinadores del Plan pacífico iniciaron una campaña propagandística a favor de la independencia entre los asistentes a las tertulias y a los juegos de naipes que se llevaban a cabo en casas particulares.

El 27 de ese mismo mes, Pedro Molina cambió el nombre de su periódico, El Editor Constitucional, por el de El Genio de la Libertad; al día siguiente, varias familias iluminaron sus casas y manifestaron su regocijo por lo que acontecía en México. Por todo ello, durante el cabildo extraordinario celebrado el 4 de septiembre de 1821, Gaínza acusó a José Francisco Córdova de recolectar firmas en la Universidad de San Carlos y Seminario Tridentino Nuestra Señora de la Asunción en favor de la proclamación de la independencia. En tal ocasión, Mariano de Aycinena, síndico del Ayuntamiento de la Nueva Guatemala de la Asunción, pidió la palabra y defendió de forma abierta la necesidad de seguir la misma suerte de México. Además, invitó a Gaínza a reflexionar, argumentando que si andaba recogiendo firmas era para evitar una conmoción popular. Finalmente, con un interesante argumento ad hóminem, le indicó que no había interés alguno en cambiar a las autoridades constituidas.

De esa forma, iniciaron pláticas directas con Gaínza para convencerlo de que la emancipación pacífica de España y la anexión a México eran posibles. Es más, le enumeraron los beneficios que él mismo obtendría si apoyaba la ejecución del Plan pacífico, ya que no se trataba de “hacer novedades en las autoridades constituidas y sí de sostenerlas permaneciendo bajo esa dirección”. Para el historiador Horacio  Cabezas Carcache, según cita en su libro Independencia centroamericana,   gestión y ocaso del “Plan pacífico”, tal plan “no pretendía modificar o revolucionar el sistema económico y político, sino prolongarlo, dejando intactas las profundas diferencias sociales que mantenían en la extrema pobreza a la mayoría de la población del Reino de Guatemala”. Luego del Cabildeo sostenido con la familia Aycinena, Gaínza cambió de actitud, lo que facilitó que el 9 de septiembre le fuera enviada y entregada en forma reservada una copia del Plan.

El 11 de septiembre, durante una tertulia en la casa de Felipa Montúfar, Gaínza hizo muestras públicas de su adhesión al Plan pacífico de independencia, lo que agradó a los Aycinena y a aquellos intelectuales que apoyaban la independencia.

Sin embargo, aún había un fuerte problema en el camino: el arzobispo Ramón Casaus y Torres, quien era un férreo defensor de la monarquía española. Así lo demostró a finales de 1810, cuando publicó la Cartilla de párrocos contra el sacerdote mexicano Miguel Hidalgo y Costilla, a quien tildó de traidor y hereje por sus “actos revolucionarios y conspiradores”.

Poco después de su llegada a la Nueva Guatemala de la Asunción, a principios de septiembre de 1811, Casaus y Torres hizo una investigación para descubrir a frailes y sacerdotes seculares que estuvieran involucrados en acciones sediciosas contra el poder real. Durante tales pesquisas secretas, el 3 de noviembre de 1811 mandó encarcelar al sacerdote Manuel Aguilar, originario de San Salvador, por haber desobedecido la orden de leer durante la misa una carta pastoral contra Hidalgo y Costilla. Tal castigo provocó dos días después una sublevación en aquella provincia.

El 8 de septiembre de 1821, Casaus y Torres afirmó en un sermón que derramaría hasta la última gota de su sangre antes que ser infiel a Dios, al rey y a España. En respuesta, los promotores del Plan pacífico difundieron pasquines en los que se criticaba la conducta del prelado.

El 13 de septiembre de 1821, el Ayuntamiento de la Nueva Guatemala de la Asunción recibió varias cartas en las que las autoridades edilicias de Tuxtla, Ciudad Real y Comitán comunicaban su separación de España y su adhesión al

Al día siguiente se discutió el asunto y se acordó efectuar un cabildo extraordinario. Durante la reunión, efectuada esa misma tarde, Gaínza comunicó a las autoridades edilicias su decisión de convocar a una junta general en el Real Palacio para el 15 de septiembre, a las 8 horas, con la participación del Arzobispado, Real Audiencia, Ayuntamiento, Claustro Universitario, Colegio de Abogados, Auditoría de Guerra, jefes generales de los cuerpos militares, Protomedicato, órdenes religiosas, curas párrocos y Diputación Provincial, según las disposiciones del Plan pacífico.

La noche del 14 de septiembre, un mensajero de la Audiencia distribuía las notas de citación. También lo hicieron Mariano de Aycinena, Pedro Molina y su esposa, Dolores Bedoya; José Francisco Barrundia, Basilio Porras, entre otros partidarios de la emancipación.

Independencia: El 15 de septiembre de 1821 asistieron 53 personas, de las cuales 36 eran civiles y 17 eclesiásticos. Además de los asistentes oficiales, en la antesala del Real Palacio se encontraban el tercer marqués de Aycinena, presbítero Juan José de Aycinena y Piñol, José Francisco Barrundia, Pedro Molina, Basilio Porras y Dolores Bedoya de Molina. Otros vecinos estaban en los corredores, ventanas y en el portal. El tesorero Manuel Vela los calificaría, poco tiempo después, como una “gavilla de hombres comprados”.

Gaínza declaró abierta la junta extraordinaria, y solicitó a uno de los secretarios leer la correspondencia que había llegado dos días antes. Luego, pidió la opinión de los asistentes. Casaus y Torres fue de los primeros en hacer uso de la palabra para expresar su oposición a la emancipación. Esto provocó gritos de desaprobación entre los que se encontraban en la antesala. Después, dos representantes-posiblemente del Ayuntamiento de la Nueva Guatemala de la Asunción, institución en la que Mariano de Aycinena ejercía gran influencia-, en sus  intervenciones, solicitaron a los asistentes declarar la independencia conforme al Plan de Iguala.

José Cecilio del Valle se pronunció a favor de la independencia, pero la condicionó a que antes se consultara a las provincias para no ser criticados de arbitrarios. El vicario general del Arzobispado, presbítero José María Castilla, propuso que se declarara la independencia absoluta. Esto provocó gritos de apoyo, pero los opositores abandonaran el salón principal.

Al salir Casaus y Torres del Real Palacio, integrantes de la barra lo insultaron, jalonearon su vestimenta hasta rasgarle el  sobrepelliz[1] y obstaculizaron su partida. Una vez que se retiró a la Plaza Mayor, la sesión continuó, pero la mayoría de los asistentes se retiró a sus casas, intimidada por lo que había acontecido en la Plaza de Armas y en el mismo interior de Real Palacio.escribió.”


[1] Prenda larga y amplia, de tela blanca y fina y con las mangas muy anchas que lleva sobre la sotana el sacerdote, y a veces otras personas que ayudan en las funciones de la Iglesia.


[1] Roberto Villalobos 15 de septiembre de 2013 a las 0:09h

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