Por Mario Hernán Ramírez

Presidente vitalicio Consejo Hondureño de la Cultura Juan Ramón Molina

Antes de entrar en materia, sobre el tema que nos ocupa, vamos a unirnos a la enorme algarabía que el ascenso de Joe Biden ha provocado en el mundo entero con la fe y la esperanza de que su administración será de paz, concordia, armonía, progreso y prosperidad sobre todo para estos países de América Latina cuyo reloj se mueve a ritmo conque marca las horas la Unión Americana. Quiérase que sí, quiérase que no, esta es una verdad meridiana que quien pretenda ignorarla es como alguien que quiera apagar el sol con un dedo.

Definitivamente, somos satélites de Estados Unidos y como tales dependemos en gran medida de la oferta y demanda que el pueblo y gobierno norteamericano nos hagan a los latinos, especialmente a los de la región centroamericana y más concretamente a los del triángulo norte, cuya presencia en esta parte del continente ha sido objeto de especial atención de quienes han gobernado durante los últimos tiempos la tierra del Tío Sam.

Entonces, existen fundadas esperanzas y la fe en que la miseria y el viacrucis de la inseguridad, si por lo menos no desaparezcan, pues es prácticamente imposible que suceda este fenómeno, por lo menos decimos, bajará su pesada carga para nuestro pueblo, en especial que es el que en carne propia ha estado sufriendo las inclemencias de la corrupción y la inseguridad nacionales.

Después de la reflexión anterior reiteramos como catadores de la opinión pública nuestra creencia que con la llegada de Biden todo mejorará alrededor del planeta. Quiera Dios que no nos equivoquemos.

Ahora vamos al grano en cuanto al asunto de nuestro epónimo general Francisco Morazán Quezada cuya sombra y nombre permanecen en el corazón y la mente de todos los centroamericanos, pero, por supuesto, de los hondureños en mayor escala, ya que su ombligo fue sembrado en estas tierras de pan llevar llamada por la gracia de Dios Tegucigalpa, en el histórico año de 1792.

El asunto es que a nuestro Morazán le han consagrado un nuevo homenaje, tributo que agradecemos no solo como hondureño, sino en nuestra condición de haber sido presidente del Instituto Morazánico-hondureño y actualmente presidente vitalicio del Consejo Hondureño de la Cultura Juan Ramón Molina. Ni el gobierno salvadoreño, ni el hondureño han dicho nada en relación con este importante suceso, que recoge a grandes titulares el periódico La Prensa Gráfica, uno de los diarios de mayor antigüedad y prestigio de El Salvador, cuyo texto reproducimos textualmente:

“…Por David Hernández- 13 de diciembre, 2020…Un impresionante retrato del General Francisco Morazán, óleo sobre lienzo, con medidas de 75 x 60 centímetros, ha sido pintado por el maestro Augusto Crespín y donado a la Vicepresidencia de la República con el objetivo de llenar el vacío que existe en la colección de prohombres de Latinoamérica de la Maison de l’Amérique Latine, en París, Francia.

El retrato es una interpretación del artista sobre la figura histórica del general Morazán, tiene colores de la época en la cual vivió Francisco Morazán y el tratamiento técnico es contemporáneo; se trata de una fusión de realismo e impresionismo, típica del estilo del maestro Crespín, con una marcada formación académica de la Escuela del gran maestro español Valero Lecha, de quien fue uno de sus últimos discípulos.

En la Casa de América Latina de París hay una galería de retratos con los próceres y héroes de la lucha por la Independencia del Subcontinente, desde Simón Bolívar, pasando por José de San Martín, Bernardo O’Higgins, José María Morelos o Miguel Hidalgo y Costilla.

El año pasado, durante el recorrido de honor dado al vicepresidente Félix Ulloa por el director Alain Rouquié, un internacionalmente reconocido intelectual y exembajador de Francia en El Salvador, notaron que, en la galería de próceres latinoamericanos, donativos de los gobiernos de Latinoamérica, faltaban los centroamericanos. Era necesaria la presencia de una figura representativa de El Salvador y Centroamérica para honrar su sitial a la par de preclaros próceres y heroínas de América Latina.

Francisco Morazán es ese patricio, pues tuvo la visión de abogar en obra y pensamiento por la unidad de América Central, una idea que ha cobrado auge en las últimas décadas, sobre todo de cara a la cooperación europea e internacional, donde es más productivo y eficaz manejar proyectos regionales que abarquen toda la zona en lugar de proyectos por países. En tal escenario es que surgen a partir de la segunda mitad del siglo pasado distintos intentos regionales unionistas como la Organización de Estados Centroamericanos (ODECA), el Consejo Superior Universitario Centroamericano (CSUCA), el Mercado Común Centroamericano, hasta desembocar en el actual Sistema de Integración Centroamericana (SICA). Todos ellos de marcado espíritu unionista morazánico.

Los dos suntuosos inmuebles del siglo XVIII, declarados monumentos históricos, que ocupa la Casa de América Latina, cuya misión es ser puente entre las artes y la cultura de Francia y Latinoamérica, se levantan en el corazón cultural de París, en el célebre Boulevard Saint-Germain, cerca de la Asamblea Nacional. Fue fundada en 1946, pocos meses después del fin de la Segunda Guerra Mundial.

La Maison de l’Amérique Latine es un espacio cultural muy preciado de los diplomáticos y de las comunidades latinoamericanas de París. Cada año acoge decenas de actividades culturales, artísticas, asociativas y políticas y organiza exposiciones de artistas latinoamericanos.

El retrato de Francisco Morazán será entregado en nombre de la República de El Salvador en una ceremonia en la residencia del señor embajador de Francia en El Salvador, monsieur François Bonet, por el vicepresidente Félix Ulloa y el maestro Crespín, para que sea trasladado a la Casa de América Latina en París.

Se trata de dar a conocer lo más positivo de nuestros países en la figura de Morazán, un enriquecedor y generoso dar y recibir.”

Ojalá que a estas alturas ya halla llegado esta valiosa obra a la tantas veces mencionada Maison de l’Amérique Latine en París, la ciudad luz, y que, por lo menos, nuestra ilustre y distinguida embajadora haya sido invitada a la colocación del importante retrato de nuestro insigne y hondureñísimo Francisco Morazán Quezada.

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