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¿QUIÉN SERÁ EL UNGIDO?

SEIS DIPUTADOS SE MENCIONAN COMO FAVORITOS PARA OCUPAR LA PRESIDENCIA DEL PODER LEGISLATIVO

Redacción

Tegucigalpa – Con la reciente confirmación de Nasry Asfura como presidente electo de la República para el periodo 2026-2030, el tablero político hondureño se traslada ahora al Palacio Legislativo.

La conformación de la nueva Junta Directiva del Congreso Nacional se perfila como el primer gran desafío de gobernabilidad, con dos figuras de peso en la oposición y el oficialismo emergente disputando el control del primer poder del Estado: Marlon Lara y Tomás Zambrano se mencionan como los favoritos para llegar a dirigir el poder legislativo.

Un poder del Estado que según opiniones de expertos y de algunos diputados, perdió legitimidad por la forma abrupta en que llegó, el aún presidente del Congreso Nacional Luis Redondo, quien como diputado saltó del Partido Anticorrupción, al Salvador de Honduras y posteriormente al Partido Libertad y Refundación.

Con más desafíos que fortalezas, estos dos diputados buscan suceder a Luis Redondo en la silla presidencial del Congreso Nacional; Marlon Lara (Partido Liberal), diputado por el departamento de Cortés, llega a esta contienda respaldado por una trayectoria que combina gestión municipal y experiencia legislativa. Su perfil se vende como el de un “constructor de puentes” en un Congreso que, según las proyecciones, requerirá de alianzas multipartidarias para aprobar cualquier decreto.

Exalcalde de Puerto Cortés (1994-2006) y exministro del Fondo Hondureño de Inversión Social (FIHS). Ya conoce el funcionamiento de la directiva, fue vicepresidente del Congreso en periodos anteriores. En su capacidad de negociación, Lara ha mantenido una postura crítica pero institucional frente al gobierno saliente de Libre, posicionándose como una opción moderada que podría atraer los votos de los sectores que temen una polarización extrema.

Sin embargo, tiene el reto de unificar a su propia bancada liberal, históricamente fragmentada, y convencer a las fuerzas de oposición de que su presidencia no será una extensión de los intereses tradicionales, sino una garantía de equilibrio.

Por su parte; Tomás Zambrano (Partido Nacional) de la “Vieja Guardia” José Tomás Zambrano Molina, representante del departamento de Valle, es quizás el legislador más fogueado en el rigor parlamentario de la última década. Como actual jefe de bancada del Partido Nacional, ha sido la voz principal de la oposición, lo que le otorga una visibilidad mediática y un control férreo sobre su estructura partidaria.

Es abogado de profesión, ha escalado todas las posiciones dentro del Congreso, desde secretario hasta jefe de bancada. Es considerado el estratega jurídico de su partido. Consideran que su fortaleza es la disciplina hacia el Partido Nacional, cuenta con el respaldo casi unánime de la bancada nacionalista, que será la más numerosa tras el triunfo de Asfura. Su conocimiento profundo del Reglamento Interior del Congreso lo convierte en un adversario formidable en el debate técnico.

Sin embargo, tiene que superar el desgaste de su imagen asociado a gestiones pasadas y lograr los consensos externos. Para ser presidente del Congreso, Zambrano necesita votos fuera del Partido Nacional, y su perfil combativo podría ser un obstáculo para atraer a diputados de otras fuerzas que buscan una “renovación”.

Escenarios posibles

La elección de la Junta Directiva este enero de 2026 no es solo una cuestión de nombres, sino de estrategia de país. Si Marlon Lara logra la presidencia, el Partido Liberal recuperaría un protagonismo histórico, obligando al Ejecutivo de Nasry Asfura a una negociación constante y pública. Si Tomás Zambrano se impone, el Partido Nacional consolidaría un “control total” (Ejecutivo y Legislativo), lo que facilitaría la agenda del nuevo presidente pero avivaría las alarmas de los sectores sociales sobre la concentración de poder.

Las próximas 72 horas serán cruciales. Las reuniones “bajo la mesa” en Tegucigalpa definirán si el próximo 25 de enero veremos una juramentación pacífica o si, como en 2022, el Congreso Nacional será el escenario de una nueva crisis política.

Otras caras podrían dividir los votos

A los nombres de Marlon Lara y Tomás Zambrano, se suman ahora cuatro piezas clave que podrían definir el futuro del Legislativo. Si incluimos a Iroska Elvir, Yuri Sabas, Jorge Calix y Antonio Rivera, el panorama se vuelve mucho más complejo y estratégico.

Jorge Calix (Partido Liberal – Ex Libre), aunque aún no se consolida su incorporación como diputado, llega a este proceso con una narrativa de “resiliencia política” su retorno al Partido Liberal y su alianza con Salvador Nasralla lo posicionan como un candidato con alto perfil mediático. Tiene la fortaleza de una capacidad de debate y una base de apoyo joven. Es el candidato ideal para quienes buscan una figura que conozca las entrañas de “Libre” pero que ahora juegue en la acera opuesta.

Por otra parte, tiene el reto de sanar las heridas que dejó su salida de Libertad y Refundación y convencer a los liberales tradicionales de que él representa la verdadera identidad del partido.

Yuri Sabas (Partido Liberal) diputado por Choluteca, es visto por muchos como el candidato de consenso por excelencia. Sabas ha cultivado una imagen de político moderado, educado y respetuoso de las formas parlamentarias. Goza de buena aceptación entre las bancadas minoritarias y sectores del empresariado. Su estilo menos confrontativo que el de Lara o Calix lo hace el “plan B” perfecto si las negociaciones principales se estancan. Tiene el reto de lograr que su perfil moderado no sea interpretado como debilidad ante un Ejecutivo nacionalista que vendrá con una agenda fuerte.

Antonio “Toño” Rivera (Partido Nacional): décadas en el hemiciclo, “El de los Chocoyos” es probablemente quien mejor conoce el Reglamento Interior y las mañas del procedimiento legislativo. Se las sabe todas. Si el Partido Nacional decide no arriesgar con Zambrano (quien tiene un perfil más desgastado por la confrontación directa), Rivera es la carta institucional. Es un negociador nato que prefiere el acuerdo en oficina que el grito en el pleno. Le llaman “cara dura” porque le resbalan las criticas en público de ciudadanos que rechazan su integración de última hora al Congreso.

Tiene enormes retos de representar a la “vieja guardia” en un momento donde el electorado pidió renovación. Su nombre está ligado a la era de Juan Orlando Hernández, lo que podría generar anticuerpos en la oposición liberal.

Por último, pero no menos importante, Iroska Elvir, su nombre ha comenzado a ganar fuerza en el ajedrez político. Podría ser la primera mujer en dirigir el poder Legislativo, si las alianzas se consolidan. La diputada por Francisco Morazán no solo llega con el respaldo de haber sido una de las legisladoras más votadas en las elecciones recientes, sino que se posiciona como una pieza estratégica para el nuevo equilibrio de poder.

A diferencia de los perfiles más tradicionales como Marlon Lara o Tomás Zambrano, Iroska Elvir representa una amalgama de juventud, comunicación directa y un bloque político que, aunque ahora integrado en el Partido Liberal, mantiene una identidad propia bajo el liderazgo de Salvador Nasralla.

Tiene el perfil de una candidatura en ascenso. Iroska Elvir ha dejado de ser “la esposa del candidato” para convertirse en una operadora política con voz propia. Su gestión como vicepresidenta del Congreso en el periodo anterior le otorgó un conocimiento de primera mano sobre el manejo de la agenda legislativa y la dinámica de las comisiones.

Con estudios en Finanzas (UNITEC), Elvir ha enfocado su discurso en la transparencia y la lucha contra la corrupción, siendo una de las voces más críticas sobre la ejecución presupuestaria del gobierno saliente. Su principal activo es la legitimidad popular. Al haber sido la candidata a diputada más votada en su departamento, tiene un “mandato de base” que pocos pueden reclamar. Además, su perfil es visto con menos rechazo por los sectores que buscan una alternativa a la “vieja guardia” nacionalista y liberal.

El mayor desafío para Iroska Elvir será demostrar que su presidencia garantizaría una independencia real frente al Ejecutivo. En un escenario donde el Partido Nacional ostenta la presidencia de la República con Nasry Asfura, una presidencia de Elvir en el Congreso significaría un contrapeso dinámico, pero también requeriría de una madurez política extrema para no caer en el bloqueo legislativo.

“No estoy aquí para ser una figura decorativa; el pueblo me dio su voto para legislar y, si es necesario, para dirigir con mano firme el destino de este poder del Estado”, ha mencionado Elvir en círculos cercanos a su bancada.

Comienzan las operaciones matemáticas

El Partido Nacional necesita conquistar 16 votos de la oposición para lograr los 65 votos para elegir la directiva. Ningún partido, por sí solo, alcanza esa cifra, lo que convierte a cada uno de estos seis perfiles en piezas de un rompecabezas que solo se armará en la víspera del 25 de enero.

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