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LA HISTORIA DE UN AMOR: BODAS DE ORO BARRIOS-VALLE

ABOGADA Y DOCENTE: ULISA ARMIDA BARRIOS VALLE

 

Hace ya muchos años, alguien me preguntó si podía definir a mis padres en una oración, a lo cual yo contesté con una pregunta: ¿Juntos o individualmente? La respuesta fue que lo dejaban a mi criterio. Yo escogí individualmente, y respondí: “Mi padre es mi héroe” y agregué “Mi madre es una santa… (pausa dramática)…por aguantar a mi padre!” Esta respuesta causó hilaridad y la petición de una explicación, la cual, dilecto ciberlector, le relataré hilvanando la historia de la vida de mi familia en las líneas que a continuación escribo. Existe un adagio popular que reza “corona y mortaja, del cielo baja” y sin obviar el libre albedrío que tenemos como seres humanos, creo firmemente que fue Dios quien envió a un joven, alto y guapo oriundo de la cálida Choluteca trabajando en Tegucigalpa, pero trasladado al caluroso Puerto Niño y conocer allí a una hermosa y menuda maestra que le robaría el corazón.

No fui testigo de esa historia, pero me hubiese gustado, porque vivirla a través de las anécdotas de quienes sí la vivieron ha sido un deleite: escuché de cómo Mama Chila (mi abuela materna) corría de su casa al joven pretendiente, (obviamente no aprobaba de él), cómo amigas de mi madre como la Profe Chayo, buscaban ocasiones en fiestas para que los jóvenes enamorados se pudieran ver, ganándose los regaños de mi abuelita, cómo mi Tía Maritza mostraba simpatía para mi papá al reírse de sus chistes imagino ganándose el disgusto de su Tía Chila, como mi Tío Camilo (hermano de mi mamá) miraba con ojos serios al joven Horacio, en fin…Fue así entonces como contra viento y marea un 11 de enero de 1969 se unieron en matrimonio:

Por vicisitudes de la vida, este joven matrimonio tuvo que emigrar a la ciudad capital donde forjaron su vida, sin olvidar su amor por el Sur, amor que inculcaron a todos sus hijos. Como dice la Biblia: “He aquí, herencia de Jehová son los hijos; Cosa de estima el fruto del vientre. Como saetas en mano del valiente, Así son los hijos habidos en la juventud. Bienaventurado el hombre que llenó su aljaba de ellos;” Salmo 127:2-5a, este hogar fue bendecido y crecimos con mucho amor pero también mucho rigor: Horacio Ulises, Thatiana Waleska, Darryl Spencer, Aldo Fabián (+quien ya reposa en el aprisco celestial) y su servidora, Ulisa Armida. No deseo dejar por fuera a Jairo, quien nos acompañó en esta vida terrenal únicamente por cinco días antes de que Dios lo llamara a su presencia, pero a quien recuerdo con amor con la tierna imagen de un eterno bebé.

Tuvimos, y hablo en plural porque incluyo a mis hermanos, una niñez extraordinaria! La educación que me dieron mis padres afincaron en mi mente los roles de tanto la madre como el padre: mi papá era (y sigue siendo) el proveedor, el disciplinario y por sobre todo cabeza de familia; mi mamá era (y sigue siendo) la ejecutiva del hogar, educadora y por sobre todo ayuda idónea para mi padre. Mis padres se complementaban de tal forma que crecí sintiéndome amada pero sabiendo que mis decisiones, buenas o malas, tenían consecuencias y que parte de crecer era aprender a vivir con esas consecuencias sin echarle la culpa a propios y/o extraños por mis acciones. Hubo mucha disciplina, física inclusive, dicho sea paso, yo nunca la sufrí, porque veía en mis hermanos mayores las consecuencias de su desobediencia y no la quería experimentar en carne propia! No obstante, al conversar con ellos, ya como cabezas de sus propios hogares, ninguno de ellos sintió que esta disciplina fuese excesiva, extemporánea y mucho menos, injusta. En el hogar donde crecí había orden, que como docente infortunadamente veo carece en muchos hogares de hoy en día.

De izquierda a derecha: Darryl Spencer, Ulisa Armida, nuestro Padre, nuestra Madre, Aldo Fabián, Thatiana Waleska y Horacio Ulises. 11 de enero 1983.

Si Usted es fanático de las películas del oeste recordará el clásico de Clint Eastwood, “El Bueno, el Malo y el Feo” (1966). Este título siempre me llamó la atención porque parece resumir los aspectos que se evalúan cuando se considera algo que se procura. Es así pues, que en el hogar que formaron mis padres, y a través de los 50 años que han vivido, ha habido todo tipo de experiencias: lo bueno, lo malo y lo feo. La vida me ha enseñado a darle gracias a Dios por lo que tengo y no quejarme por lo que no tengo y en donde yo crecí hubo mucho de lo bueno, algo de lo malo y poco de lo feo. A mis hijas les causa deleite que comparta con ellas historias de un tiempo, para ellas antediluviano, cuando su mamá era una niña y sus abuelos no peinaban hilos de plata (Bueno, mi padre, porque mi madre tiene muchas menos canas que yo (!Cosas veredes, amigo Sancho!). Y es de esas historias que tomo lo mejor de lo bueno: los almuerzos de los domingos después de ir a la iglesia en Pizza Boom oyendo la marimba, los viajes de vacaciones a San Lorenzo con toda la familia y con los, como les llamaba mi madre, “agregados culturales,” pues mis padres nunca decían que no a que sus hijos  llevásemos invitados; los viajes al centro de Tegucigalpa (cuando no existían centros comerciales) a hacer las compras navideñas y luego esperar el bus frente a Bazar Mónica disfrutando la vistosas vitrinas con su mercancía en exhibición, las navidades en familia, tanto en San Lorenzo, como en Tegucigalpa, ir a ver los nacimientos y jugar a “encontrar” con mi madre y hermanos “encontrame una sirena…encontrame al mariachi…encontrame al cura…” y recuerdos como estos que formaron mi vida de tal manera, que todos los días le doy gracias a Dios por la familia que me dio.

De izquierda a derecha de pie: Ulisa Armida, Thatiana Waleska, Darryl Spencer, Horacio Ulises, nuestro Padre, nuestra Madre; sentados Aldo Fabián(+) y Mama Chila (mi abuela materna) 11 de enero 1992

Lógicamente, para de verdad apreciar lo bueno, debe haber algo de malo y en mi familia hubo de eso también: cuando mis padres se disgustaban, y por razones que nunca entendí, mi madre se mudaba a mi cuarto y yo me convertía en el micrófono de ambos: “decile a tu papa…” y yo iba y le decía, “decile a tu mamá…” y yo iba le decía…y así sucesivamente por un par de días hasta que ambos entraban en razón y limaban asperezas y mi madre, para alegría mía y de mi hermana con la que compartía cuarto, regresaba a su lugar: al lado de mi padre. No ha sido fácil para mis padres mantener el balance que hace que sigan juntos después de tanto tiempo. Requiere fortaleza y paciencia, de las que, lastimosamente, ya no se ejercita en los matrimonios modernos; nuevamente doy gracias a Dios porque mis padres sí lo han logrado.

Cada persona nace con un temperamento que se va definiendo con el tiempo y las experiencias, algunos poseen temperamentos amenos y llevaderos y otros poseen temperamentos algo agrestes y bravíos que indubitablemente llevan a reveses en la vida. Mi padre posee el segundo y ha sido la paciencia de mi madre la que ha logrado, en una pequeña medida apaciguar ese temperamento que mis hermanos y yo, a excepción de Aldo Fabián, hemos heredado.

Dejo de último lo feo: el 23 de agosto de 1997 en horas de la madrugada fue llamado a presencia del Señor a sus 17 años mi hermano menor, Aldo Fabián Barrios Valle ha sido la experiencia más dolorosa para mi familia:

Ver a mi madre que representaba la fortaleza y alegría de mi familia derrumbarse frente a mis ojos fue una daga al corazón. Pero dentro de este horror, Dios tuvo a bien darle una doble medida de fuerza a mi papá para poder sostener y sobrellevar el dolor de su esposa e hijos.

No fue sino unos seis meses después que él mismo sucumbió al dolor de la pérdida en una tristeza que nunca había visto en él, y mucho menos en mi mamá. Fue así como los años de 1997 y 1998 quedaron marcados como lo feo en la vida de mi familia, ya que anterior a esto, no habíamos experimentado una pérdida de tal magnitud. Fueron años muy difíciles que sólo con la ayuda de Dios pudimos sobrellevar; no digo superar, pues la pérdida de un ser amado nunca se supera, pero sí se puede, reitero, con la ayuda de Dios, sobrellevar. Y nosotros lo hicimos. Sin embargo, lo vivido con mis padres y mis hermanos, es lo que me ha hecho quien soy; Dios tuvo a bien que yo naciera en ese hogar, con esos padres y esos hermanos.

De izquierda a derecha: Thatiana Waleska, Ulisa Armida, nuestro Padre, nuestra Madre, Darryl Spencer y Horacio Ulises 22 de diciembre de 2018

En Su Infinita Gracia vio que ellos serían los mejores mayordomos para mí; mis hermanos, mis protectores y mi hermana, mi confidente. Me explico entonces, mi papá es mi héroe porque me enseñó como yo debía ser y qué esperar de un buen hombre (y no aceptar nada menos!) y mi madre es una santa, porque me enseñó a ser madre, una loable labor que Dios nos ha encomendado y porque definitivamente estaba apartada para mi papá, para formar el hogar que formaron y ser su ayuda idónea.

Doctor Horacio Ulises Barrios Solano y Profesora Armida Rosario Valle Domínguez-22 de Diciembre 2018

Durante estos 50 años como familia hemos crecido: mis padres han tenido la bendición de ver crecer, no solamente a sus hijos, sino también a sus nietos-Horacio Enrique, Tatiana María, Ulissa Gabriela, Darryl Eduardo, Horacio Emanuel, Diana María, Camila Isabel, Leyli Abigail y Amy Isabella- hemos reído, pero también llorado, en fin, hemos experimentado lo bueno, lo malo y lo feo y doy gracias a Dios porque me tocó vivir todo ello con Los Barrios!.

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3 Responses to LA HISTORIA DE UN AMOR: BODAS DE ORO BARRIOS-VALLE

  1. Cecilia Elvir dice:

    De tal palo tal astilla, felicidades a la Abogada y Docente Ulisa Barrios, digna hija de sus padres.
    Sus palabras denotan el orgullo de haber crecido en un hogar ejemplar donde el haber experimentado lo bueno, lo malo y lo feo sirvió para crecer y valorar a ésos seres maravillosos que le dieron la vida.
    Felicidades don Horacio y doña Armida, salud por sus bodas de oro , años llenos de alegrías y tristezas , ejemplo de amor y abnegación y entrega a Dios.

  2. Lesbia Caceres dice:

    Felicidades por su boda de oro son años de alegría y de tristezas pero un buen ejemplo a seguir que Dios les conceda muchos años más juntos felicidades le desea su haijada muchos años sin verlos pero siempre los recuerdo mucho

  3. Francisco Pineda dice:

    Bonito relato de Ulisa que describe vida dentro del hogar Barrios Valle y nos ilustra de lo que como amigos de la familia no siempre conocimos, pero que ahora valora mas esa relacion de tantos años, felicidades a los “Novios” despues de 50 años.

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