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Niños vulnerables ante estructuras criminales

Luisa Agüero

“Miguelito” tiene 16 años, pero al verlo en persona aparenta 12 por su menuda figura y su pequeña estatura de apenas 1.50 metros. Sin embargo, tiene el recorrido de un adulto como miembro activo y cobrador de extorsiones de la Mara Salvatrucha MS13. El jovencito fue detenido en una operación ejecutada por la Fuerza Nacional Anti maras y Pandillas (FNAMP) en pleno centro de San Pedro Sula.

“Esta persona detenida es conocida como “Miguelito” dentro de la Mara Salvatrucha y, a pesar de ser tan joven, tenía amedrentados a dueños de pequeños negocios en la zona”, dijo el portavoz de esa institución, cuyo nombre no trasciende por cuestiones de seguridad.

La corta historia es parte de un problema de grandes magnitudes y no es para menos. Operaciones similares han dejado, en lo que va de 2018, la detención de 26 menores que han participado en acciones extorsivas.  “Durante 2018 hemos ejecutado acciones que han dejado como resultado la detención de 26 menores de edad, que han sido remitidos a centros de rehabilitación”, dijo el oficial.

Su apariencia inocente no los delata casi nunca. Para cualquier ciudadano común, son niños en edad escolar, pero estos menores hoy, están siendo utilizados por pandilleros para realizar el cobro de extorsiones en el valle de sula y en el resto de Honduras.

 “Es preocupante porque pudieran ser más niños en esa edad en poder de estructuras criminales, pero tenemos el límite del sub registro y, al ser menores, operan con mayor libertad ante una autoridad que no se imaginaría que están cobrando dinero ilícito porque se confunden con los clientes sin inspirar desconfianza”, expresa. Estos niños cobran el “impuesto” en un promedio de 30 a 50 negocios diarios.

El círculo cercano debe adoptar los correctivos necesarios para rescatar a sus hijos o hijas en caso de vivir una situación de esas. “No vacilen en denunciar al 143”, señala.

La FNA dio cuenta que, en 2015, se detuvo a 355 personas por extorsiones, de las cuales 112 eran menores de edad. Ellos, no alcanzan la cárcel sino centros de internamiento, con una débil estructura física y de reinserción a la sociedad, por lo cual   pueden escapar fácilmente y volver a su labor delictiva.  En 2016, se detuvo a integrantes de unas 14 bandas dedicadas a ese flagelo que ha dejado una secuela de millonarias pérdidas materiales y humanas en nuestro país. En el Valle de Sula, operaciones en las cuales participaban menores se reportó en La Lima y en la colonia Luisiana, al sur oeste de San Pedro Sula.

 

  La realidad

El delito no es reciente en países como El Salvador. Sin embargo, en San Pedro Sula, hace muy poco, se ha comenzado a develar que los pandilleros utilizan a niños para realizar extorsiones. Hace dos semanas, en un operativo realizado en La Lima, se detuvo a varios integrantes de grupos criminales y, con ellos, a un menor de 10 años quien se encargaba de recaudar el dinero ilícito en pequeños negocios de la zona.

Las autoridades están conscientes del cambio de estrategia de estructuras criminales que hoy, ven en los menores un instrumento para delinquir, por lo cual les piden a las familias estar alertas. “Por favor, le solicitamos a las familias permanecer alertas si detectan que sus hijos menores tienen ingresos sin explicación o si presentan cambios en su conducta o en su manera de comportarse”, señaló el portavoz de la entidad.  Al cierre de 2017, la FNAMP capturó al menos a 940 personas por el delito de extorsión de las cuales 685 son hombres, 140 niños, 85 mujeres y 29 niñas.

Las denuncias son moderadas y los operativos constantes para desarticular bandas dedicadas a extorsionar a empresarios y otros pobladores en el Valle de Sula. “Lo preocupante es que ahora usan niños que hasta se confunden con los clientes porque nadie va a desconfiar de ellos”, expresó la propietaria de un pequeño negocio que pidió mantener su nombre en la privacidad por temor a que atenten contra su vida.

Más de un centenar de personas le aseguró a la Policía que son víctimas de extorsiones. Y como agravante, en la mayoría de los casos los malvivientes utilizan niños o si no, recurren a muchachas agraciadas para incursionar en el proceso delictivo.  El año pasado, se detuvo a integrantes de unas 14 bandas dedicadas a ese flagelo que ha dejado una secuela de millonarias pérdidas materiales y humanas en Honduras.

Según la Fuerza Nacional Antiextorsión (FNAMP), los menores de edad no alcanzan la cárcel sino centros de internamiento, los cuales cuentan con una débil estructura tanto física como de reinserción a la sociedad, por lo cual los internos pueden escapar fácilmente y volver a su labor delictiva.

Un oficial de la institución lo dice: “el estímulo económico que estos menores recibirían es 10% del total de la extorsión cobrada o negociada por la mara, unos dos mil dólares, además de beneficios de protección, drogas y pertenencia dentro de la estructura delictiva, y este aspecto se nutre más, ya que, de acuerdo al Instituto Nacional de Estadística hay más de 800.000 jóvenes que ni estudian ni trabajan”.  En operativos ejecutados en 2016, se detuvo a jóvenes pandilleros en San Pedro Sula y en La Lima, y, en esos grupos, había niños de 10 y 11 años de edad.

Por esa razón, los cuerpos de inteligencia han endurecido las operaciones y orientado campañas de prevención en centros educativos para evitar que menores caigan en las garras de la delincuencia común y organizada.

¿Y las causas? “La desintegración familiar continúa siendo el factor principal de este problema, pero sin duda, el trabajo que se ha estado ejecutando, ha dado muy buenos resultados y una prueba de ello son las estadísticas”, dijo uno de los operadores de justicia a quien abordamos en una escena de crimen.

El estado de indefensión y de barbarie en que se encuentran los niños hondureños se cuantifica así: Tres menores de edad mueren violentamente cada día en Honduras.  Un número cada vez mayor de infantes viven en los cinturones de miseria a merced de todo tipo de vejámenes; o en las calles, donde están expuestos a ser violados, absorbidos por las drogas o caer en las redes de los grupos criminales.

Literalmente, se está perdiendo a la nueva generación, su bono demográfico y la fuerza transformadora que reside justamente en los niños.  Las instituciones obligadas a proteger los derechos de la niñez han desviado las iniciativas de acción a favor de nuestros menores de edad, dice el economista Darío Lagos, consultor independiente. Hoy, el reto es  rescatar a la niñez, hacer efectivos sus derechos y garantizar su formación como agentes de cambio.

En su estudio “Crimen y violencia en Centroamérica: un desafío para el desarrollo”, el Banco Mundial (BM) plantea: la próxima víctima del espiral de criminalidad y violencia que afecta a la región  podría ser la propia prosperidad  a medida que sus países enfrentan enormes pérdidas en vidas humanas e ingresos.  El informe del BM sostiene que no existe una solución rápida y fácil para el problema de la criminalidad y la violencia en América Central. En su lugar, los tomadores de decisiones deberán insistir porque todo indica que la lucha contra el crimen … será prolongada.

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