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SE PREPARA MARATÓN PARA RECAUDAR FONDOS Y REUBICARLOS

El clima no perdona a los habitantes de las aldeas de Barras del Motagua y Cuyamel

LUISA AGÜERO

La intrusión marina en las comunidades de Barra del Motagua y Barra de Cuyamel, por efectos del cambio climático, hace peligrar la vida de 84 familias. 300 metros de costa se han perdido frente a sus comunidades en los dos últimos 24 meses. El mar está entrando a sus viviendas y, por eso, la única solución es reubicarlos para salvarlos.

Los resultados de una investigación presentada por el biólogo Gustavo Cabrera son preocupantes: los cambios de ecosistemas, la erosión y o inestabilidad de la costa, cambios en la composición del suelo, impactos de salinidad en el aire, suelo y agua, deforestación por el mar y la arena y grandes depósitos de basura y desechos del mar, son algunos de los impactos ambientales observados en la zona. El impacto adicional es generado por los desechos del rio Motagua.

La realidad

Las dos comunidades están condenadas a ser pueblos fantasmas, mientras el tiempo ha transcurrido sin que el gobierno los apoyara con una inmediata reubicación. Ante ese sombrío panorama el 18 de julio próximo tendrá lugar una maratón para recaudar 10 millones de lempiras que cuesta un terreno en Omoa. Las casas para que las familias afectadas las habiten serian donadas por organismos internacionales.

Francisco Díaz Romero, José Elvin Rodríguez y Guadalupe Campos, son líderes comunitarios que compartieron su preocupación. El peligro de muerte no es una cuestión lejana a su realidad, sobre todo cuando azotan los frentes fríos en el inestable Caribe. 

Francisco Díaz Romero, José Elvin Rodríguez y Guadalupe Campos, son líderes comunitarios que compartieron su preocupación por la incursión del mar.

Los tres son hombres de mar y de pesca, una actividad que se limita a la subsistencia para ellos y sus familias. Por su situación mantienen algunas reservas, pero no pierden la esperanza y también le quieren apostar al cambio de una nueva vida que comenzarían a reescribir al ser reubicados.

Las necesidades planteadas por estos pobladores fueron múltiples y el compromiso para solventarlas ha unido a diversos sectores, preocupados por la incertidumbre que se vive con el mal tiempo y el avance del embravecido mar. “Para nosotros es muy importante la reubicación”, insistieron.

En nuestro recorrido, resultó evidente que esas comunidades urgen de la dotación de todo, algo que resulta imposible porque de la tierra, ya es tan poco lo que existe.

 En la Barra del Río Motagua y Cuyamel, el mar le está ganando espacio a la tierra y se ha convertido en un peligro inminente para las 84 familias de ambas comunidades. Los 550 pobladores son los primeros desplazados ambientales en una batalla que ya perdieron frente a un océano que los literalmente los devora cada año. 

En la actualidad, donde alguna vez se erigió una vivienda, hoy solo quedan ruinas y la basura que el mar deja cuando avanza hasta 50 metros, arropando literalmente las casas y sumiendo a los vecinos en la zozobra permanente.

El nivel freático del área afectada actualmente es de 30 centímetros, lo cual indica que las comunidades se encuentran prácticamente flotando sobre una pequeña capa de suelo firme, dice el biólogo Gustavo Cabrera.

Los antecedentes

El  informe técnico sobre la situación de emergencia en las comunidades presentado por el biólogo Gustavo Cabrera, da cuenta que con la invasión del mar en la costa, el territorio de Omoa se ha reducido considerablemente a lo largo de todo el municipio (en la realidad ya no son 382 kilómetros) por lo tanto, lo que sucede en las comunidades de Barra de Motagua y Barra de Cuyamel no es un caso aislado; sin embargo, la afectación en este punto del país es más evidente en vista que se trata de la reducción de una zona habitable y en un sector de alto riesgo pues las comunidades se encuentran en una “trampa mortal” ya que se ubican entre los pantanos y el mar, sin rutas alternas de escape y sin un sitio seguro para poder sobrevivir en el momento de una emergencia como producto de una marejada o la crecida repentina de los ríos que drenan a la zona de humedales.

Resultados de las evaluaciones

Según las mediciones y evaluaciones hechas por Cuerpos de Conservación Omoa (CCO), a partir del 2006, se han estado perdiendo un promedio de 12 metros de costa por año (un metro por mes) promedio que ha ido en aumento en los últimos dos años lo que demuestra un deterioro acelerado e inusual sobre los bienes de los habitantes de estas dos comunidades y según los análisis de Cabrera, el área total de la zona residencial podría desaparecer por completo en poco tiempo.

Aquí, los árboles de coco fueron derribados aún con vida sin pasar por el proceso de marchitamiento. Dicho proceso debe ocurrir cuando las raíces del árbol están expuestas a la salinidad directa del mar en un tiempo prolongado y en este caso es evidente que la afectación es directa y rápida pues están completamente verdes. Imágenes secuenciales también muestran la perdida de costa sobre puntos de referencia tomadas en fechas diferentes, entre 2006 y 2012 evaluados con GPS y con Sistemas de Información Geográfica.

Posibles causas

Son diversas, a criterio del biólogo consultado, las posibles causas que podrían estar provocando la erosión acelerada de la costa en el sector de Barra de Motagua y Barra de Cuyamel. Entre ellas podría haber una en particular en forma individual o bien la combinación de algunas de ellas.

El  Calentamiento Global y Cambio Climático son dos factores combinados que podrían ser las causas más posibles que estarían provocando el problema en las barras: en primer lugar, debido al calentamiento global los grades casquetes polares se están derritiendo y como consecuencia se está generando un aumento considerable en el volumen del agua del mar; en segundo lugar, debido a los efectos del cambio en los esquemas climáticos del planeta, la fuerza de las mareas podrían estar aumentando o cambiando su patrón histórico de movimiento generando mareas más constantes y con ondas expansivas de mayor velocidad e intensidad. Los fenómenos tropicales, huracanes y principalmente los frentes fríos contribuyen a acelerar la pérdida de la línea costera y aumenta el riesgo por alto oleaje sobre las comunidades, precisa Cabrera.

Desde su perspectiva, el terremoto de mayo de 2009 sería otra posible causa de este deterioro. “Con el fuerte movimiento telúrico ocurrido el 28 de mayo del 2009, se generó en esta zona un fenómeno de licuefacción lo que provocó el hundimiento de grandes parcelas de tierras cultivables (aproximadamente 470 Manzanas) y la deformación de la superficie del suelo en toda la zona residencial con lo cual se presume que las comunidades quedaron bajo el nivel del mar facilitando que las aguas invadan el suelo continental y además la intrusión de agua marina en extensas áreas de cultivo.  La focalización del problema podría estar influenciada por la falla del Motagua.

Los niños de las Barras son el segmento de la población más afectado por el desplazamiento.

El biólogo tampoco descarta la modificación de la línea costera en el resto del municipio. “La construcción de rompeolas, piedraplenes o 128 malecones a lo largo de la costa municipal de Omoa desde Masca hasta Tulián Campo, podría estar provocando cambios en el patrón de las corrientes marinas, cada rompeolas en forma individual podría estar aumentando la energía oceánica en un pequeño porcentaje pero la suma de todos estarían aumentando la energía considerablemente, la punta de Motagua debería estar sirviendo como disipador de energía pero, como no tiene estructura sólida (suelo rocoso) se estado frágil termina cediendo ante los embates de las olas”, manifestó.

Pero aunado a los factores anteriores, también enumeró la desviación del cauce del Rio Motagua. “Se tiene información que el cauce del rio Motagua fue cambiado hace muchos años probablemente de forma natural durante las crecidas provocadas por el Huracán Mitch en 1998. Con esta desviación, la fuerza principal de la corriente del rio se introduce en el mar varios kilómetros dentro de territorio guatemalteco por lo que dejó de funcionar como un rompeolas natural a favor de Honduras y la vertiente original pasó a ser una corriente pasiva cuyas aguas que drena son únicamente un desagüe del sistema de humedales del Valle de Cuyamel”, destacó.

Pero eso no es todo, además, los sedimentos aluviales arrastrados por el rio ya no llegan a la punta Motagua, sino que son depositadas en la costa de Guatemala. Como producto de los depósitos de sedimentos Guatemala ha recuperado grandes extensiones de suelo costero, evento que se ha constatado y se puede comprobar al hacer la comparación a través de imágenes satelitales o al hacer visitas de campo en la denominada Barra del Coco sitio en el cual desemboca actualmente el rio o simplemente al conversar con residentes del sector antes mencionado o con pescadores hondureños que han frecuentado históricamente este sector del hermano país.

En este sector, la franja de tierra entre el río y el mar se vuelve cada vez más estrecha.

Aspectos que agudizan el problema

Para el experto, el corte de mangle provocado por algunos miembros de la comunidad que lo extraen por la difícil situación de pobreza que están viviendo y por personas de otras comunidades que los explotan para construir champas y galeras para la prestación de servicios turísticos especialmente en la época de verano, es uno de los aspectos que agudizan el problema…

A esto, debemos añadir el tránsito de vehículos a través de la playa que afecta la estabilidad de las dunas de arena que se forman naturalmente y no permite el establecimiento de plantas típicas (uvas, hicacos y otros) en estas áreas, además en el verano de 2012, se utilizó maquinaria pesada para extraer material de la playa específicamente en el sector de Buena Vista con el cual se rellenó la calle de acceso a estas comunidades, de esa forma, se destruyeron las dunas existentes.

Crítica realidad

La investigación es contundente.  El deterioro de la línea costera por erosión del mar en la zona de Barra del Motagua y Barra de Cuyamel es irreversible de manera natural por lo menos a corto y mediano plazo por lo que las vuelve una zona totalmente vulnerable, destaca Gustavo Cabrera.

Señala: “El nivel freático del área afectada actualmente es de 30 centímetros, lo cual indica que las comunidades se encuentran prácticamente flotando sobre una pequeña capa de suelo firme y de presentarse un terremoto de alta magnitud todas las casas podrían colapsar”.

 “Los pobladores de las comunidades de Barra de Motagua y Barra de Cuyamel viven en una zona inhabitable, en una trampa o en un callejón con salida limitada y la solución del problema se escapa a la capacidad de respuesta de la autoridad municipal o de cualquier otra institución por lo que se requiere de la participación todo el aparato institucional tanto público como privado y de las agencias cooperantes”, enfatizó.

Las opiniones expresadas por el geólogo Eliseo Silva que visitó recientemente el área afectada y quien fuera enviado de manera oficial parte de la Comisión Permanente de Contingencias, COPECO corroboran los análisis hechos por CCO y coinciden con las conclusiones y recomendaciones expresadas en el informe de Cabrera.

“Los pobladores de las aldeas de Barra del Motagua y Barra de Cuyamel podrían convertirse oficialmente en los primeros desplazados ambientales en la República de Honduras, pero seguramente no serán los últimos”, añadió.

Los propios colonos han graficado en estos mapas los destrozos del mar

Las recomendaciones

La primera recomendación plasmada en el informe es declarar estado de emergencia y de calamidad local para el sector de Barra de Motagua y Barra de Cuyamel, y, bajo esa premisa, se debe proceder de inmediato a gestionar la reubicación de las familias que viven en el área afectada hacia un sitio más seguro. 

Omoa es uno de los municipios costeros del departamento de Cortés, cuenta teóricamente, con una extensión territorial de 382 kilómetros cuadrados y una población de aproximadamente 40 mil habitantes entre población rural y urbana. Por su posición geográfica ubicada entre la Sierra de Omoa y el Mar Caribe, La proximidad a la falla geológica del Motagua aumenta la vulnerabilidad pues está sujeta a un eventual movimiento telúrico de alta proporción, a esto se añade la falta de preparación de los habitantes quienes no están capacitados en cuanto a procesos de prevención y adaptación.

En este sector, la franja de tierra entre el río y el mar se vuelve cada vez más estrecha.

La ubicación histórica de las comunidades en mención se remonta a principio de los años 1900 del siglo pasado y su coexistencia siempre ha estado ligada con el mar, la playa, los esteros y las lagunas costeras, de donde, por heredad se han mantenido inalterable sus formas y medios de vida.

En medio de ese panorama, los residentes que aún quedan, junto a sus familias, mantienen una visión optimista. Todos ven la reubicación con muy buenos ojos, a pesar de reconocer que el tiempo avanza y el clima no perdona.

La zona es una trampa mortal, dicen expertos.

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