Por Mario Hernán Ramírez

Presidente vitalicio Consejo Hondureño de la Cultura Juan Ramón Molina

La enciclopedia Wikipedia define Transmigraciones “La transmigración es algo así como el viaje que realiza el Espíritu a través de las diversas formas de vida a las que anima momentáneamente, mientras dura su vida, para luego retirarse sin sufrir cambio alguno”.

Sin embargo, el diccionario Oxford en su influyente página lexico.com, nos ofrece esta otra definición “1. Emigración a otro país, especialmente de todo un pueblo o de gran parte de él. 2. En algunas religiones, reencarnación del alma después de la muerte en otro ser vivo o en otro cuerpo inanimado en función de los méritos alcanzados en la existencia anterior. Según algunas creencias, la vida personal no es más que una sucesión de vidas en el tiempo eterno, es decir, una perpetua transmigración.”

Con ese sonoro epígrafe, hace algunos breves años el ilustre compatriota ingeniero Rolando Kattan, apoyado por su fraterno amigo en las lides culturales del país don Armando Lara, nos sorprendieron con un lujoso libro consagrado a la memoria del egregio Juan Ramón Molina, como un aporte más a los muchos que con motivo de su centenario de fallecimiento en el 2008 se le prodigaron al egregio porta lira Comayagüelense.

Es un trabajo sencillamente monumental, esculpido como una de las mejores obras de un escultor o pulido como un sorprendente diamante de pura cepa, realizado por un orfebre de inefable imaginación.

Se trata de un exquisito regalo al espíritu y a la mente de los hombres y mujeres que saben tasar en toda su dimensión el valor intrínseco de los auténticos y legítimos intelectuales de cualquier confín del orbe, en este caso para suerte nuestra, con sabor auténticamente catracho y dedicado a aquel hombre que al igual que Jesucristo falleció a la temprana edad de 33 años, Juan Ramón Molina.

Hoy, América, Europa y el mundo entero han sido sorprendidos con la agradable noticia de que un hondureño cinco estrellas llamado Rolando Kattán ha sido galardonado con el codiciado premio de La Casa de las Américas, presea consignada a los más grandes valores de la literatura del mundo entero.

Con esta premiación que se registra en su vigésima edición, este coterráneo que parece transpirar oro puro del Guayape inconmensurable de ese ubérrimo, vasto y legendario departamento de Olancho, con su talento inmarcesible, no solo honra su ya consagrado nombre, sino que a la Patria en general y en particular a los hombres y mujeres que pulsan su talento a través de la literatura, actividad que solo las personas de pensamiento alto, sentimiento profundo y lenguaje claro, pueden ostentar.

A Rolando Kattán tuvimos el honor de tenerlo como presidente del entonces llamado Comité Pro monumentos a Juan Ramón Molina, hoy Consejo Hondureño de la Cultura JRM, gestión durante la cual este ciudadano excepcional, entre otras cosas ofreció dos magistrales conferencias sobre el ínclito Juan Ramón; una en el desaparecido Museo del Hombre Hondureño y otra en el Centro Cultural de España en esta capital, lamentablemente sus múltiples ocupaciones como funcionario gubernamental, como experto en las ciencias de la tecnología en informática, nos privaron de su acompañamiento permanente en esa lucha que mantenemos por continuar viva la imagen del gran Juan Ramón, en la que sin duda alguna, si hubiese continuado, a estas alturas, serían mucho más los éxitos alcanzados hasta el momento por este grupo de “quijotes” que han seguido la ruta de Froylán Turcios, Miguel Ángel Asturias, Humberto Rivera y Morillo, Arturo (Pituro) Oquelí, Eliseo Pérez Cadalso y otros gallardos embajadores de la cultura que siguen plantando la simiente molinense en fértiles tierras, sobre todo de la niñez y la juventud estudiosa de nuestra querida Honduras.

Por todo lo anteriormente descrito es que nos unimos a las voces de estímulo, aliento y alegría, que escritores como Juan  Ramón Martínez y Segisfredo Infante, han dejado escuchar en sus columnas editoriales de este mismo rotativo; situación que sin duda celebra con júbilo, también, su fraterna amiga la distinguida doctora Frances Siman, otra dama excelsa que comparte maravillosamente su tiempo con las actividades propias de su profesión, de su hogar, la cultura y la literatura, de la cual es fervorosa amante.

Finalmente, debemos recordar que otro hondureño insigne como fue Roberto Sosa (Q.D.D.G.), también fue galardonado con esta presea extraordinaria, que reiteramos nos llena de inmenso placer y mucho orgullo como hondureños que somos, oportunidad que aprovechamos para celebrarlo y compartirlo con nuestros dilectos amigos y lectores.

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