Por: Segisfredo Infante

No me gusta inmiscuirme en los asuntos internos del Partido Liberal de Honduras, en primer lugar porque nunca he sido miembro de este partido. Mi interés ocasional se debe, por regla general, al factor eminentemente histórico, y en segundo lugar cuando se trata de crisis coyunturales insoslayables para el analista. En coherencia con esto conozco que el Partido Liberal se ha reorganizado cuando menos cuatro veces desde su fundación en 1891. La primera reorganización ocurrió cuando “Los Amigos (Liberales) de Don Manuel” se distanciaron de Policarpo Bonilla, por haber impuesto la presidencia de Terencio Sierra en 1899. Y tres años más tarde cuando el mismo “Don Terencio” impuso la candidatura de Juan Ángel Arias, con el propósito oculto de quedarse en el poder, al obstaculizar la llegada del general olanchano Manuel Bonilla Chirinos, quien había ganado las elecciones limpiamente ahí por 1902, y quien era apoyado por la crema de la intelectualidad hondureña, bajo el liderazgo de Froylán Turcios y Juan Ramón Molina.

La segunda reorganización del Partido Liberal aconteció a finales de la administración gubernamental de Francisco Bertrand, en tanto que previamente habían desaparecido todas las facciones políticas, unificadas bajo el liderazgo del ya mencionado Bonilla Chirinos. Al fallecer el carismático general olanchano en 1913, comenzaron a emerger, gradualmente, las viejas facciones del Partido Liberal. Que es cuando el general Rafael López Gutiérrez comienza a reorganizar al “liberalismo”.

Frente al proceso electoral de 1923, el doctor Policarpo Bonilla vuelve a organizar otro “Partido Liberal”, para hacerle frente a los liberales que estaban usufructuando el poder, bajo el aletazo protector de López Gutiérrez y Ángel Zúñiga Huete. Al fallecer este último en 1953, en tanto que el grupo zúñigahuestista había entrado en un callejón sin aparente salida, las fuerzas liberales emergentes se reagrupan en torno de la figura carismática del doctor Ramón Villeda Morales, quien al final llegó al solio presidencial tan anhelado por unos y otros. Aquí vale la pena subrayar que las políticas de un submodelo de capitalismo desarrollista, fueron ejecutadas por el nacionalista Juan Manuel Gálvez, la Junta Militar de Gobierno y por el liberalista R. Villeda Morales.

En este punto riguroso me detengo. Y paso entonces a la “historia oral”, la cual pocas veces es consistente. Pues desde mi adolescencia he escuchado que el presidente Ramón Villeda Morales fue víctima de “una silbatina en una Convención del Partido Liberal realizada en el Cine Centenario de Comayagüela”. Para aclarar este asunto he conversado con el amigo Mario Hernán Ramírez, quien relata que él personalmente se encontraba en el lugar de los hechos el 13 de abril de 1963, transmitiendo el evento conjuntamente con el locutor Rodolfo Brevé Martínez. Aclara que tal evento se realizó en el Cine Clamer de Tegucigalpa. No en el Centenario. Y que les acompañaban en la mesa de honor Roberto Suazo Córdova y Arturo Rendón Pineda. Cuenta Mario Hernán que aquella Convención era un hervidero de “rodistas”, es decir, seguidores del abogado Modesto Rodas Alvarado. Pareciera que la misma se realizó solo para burlarse del doctor Villeda Morales y de su candidato oficial, el embajador Andrés Alvarado Puerto. La silbatina contra el villedismo fue abrumadora. Motivo por el cual Villeda Morales solicitó el micrófono “por solo cinco minutos”, con el fin de defender su posición y recordar lo siguiente: Que “todavía soy el presidente de la República, y que para llegar al poder hay que acercarse al poder”. Además les recordó algunos favores que él les había concedido a varios de los ahí presentes. Herido en su orgullo personal, Villeda abandonó la sala del Cine Clamer, y continuó la silbatina predatoria contra su gobierno. En todo caso, el hacendado Modesto Rodas Alvarado, nunca llegó al solio del palacio presidencial.

Aquella anécdota con trasfondo histórico, es motivo de varias reflexiones y reconsideraciones sobre la política en general, y sobre la historia del Partido Liberal de Honduras en particular. El Partido Liberal fue una institución con una enorme fuerza nacional, que era respaldada, en parte, por sus tradiciones de lucha; por la capacidad retórica pero, sobre todo, por la sensibilidad de sus dirigentes y sus bases en torno a los temas de orden laboral y de los sistemas de previsión social. Temas que hoy parecieran ser olvidados por los dirigentes políticos de casi todos los partidos, en tanto que debieran existir instituciones estatales autónomas bien establecidas, defensoras de los pobres y de la clase media, todos los días y todas las semanas.

El Partido Liberal está subdividido. Tal vez Yani Rosenthal logra unificarlo y recuperarlo, con honestidad, sin coqueteos y sin injerencias de candidatos externos, que sólo llegarían a pegarle el tiro de gracia, por anarquismo, megalomanía o cualquier otro pretexto. Y tal como expresó el español José María Aznar cuando ganó la presidencia, necesitamos un “PSOE” opositor fortalecido, por el bien de toda España.

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