Por: SEGISFREDO INFANTE

En el proceso de maduración biológica y espiritual, he participado como uno de los fundadores de por lo menos cuatro agrupaciones intelectuales: La primera fue la que organizamos con Luis Martín Alemán (QEPD), Fabiola Lobo, Adela Arriaga y algunos compañeros estudiantes de la Carrera de Filosofía de la UNAH, allá por 1982-1984, y que la bautizamos con el nombre de “Congregación Pluralista de Amigos de la Cultura”, COPANC. Nuestro interés en aquel momento era predominantemente filosófico, un poco en la línea iniciática de los pitagóricos griegos. En aquellos días contamos con el apoyo moral de don Víctor Cáceres Lara, a la sazón Ministro de Cultura. El segundo proyecto fue el de la “Sociedad Hondureña de Estudios Clásicos José Cecilio del Valle”, cuyo nombre indica la tendencia principal. El tercer grupo fue el que organizamos en la casa de Rafael López Murcia (y en otras casas más), coincidiendo con los desastres de la tormenta tropical “Mitch”, con el apoyo decidido de la traductora Daniela García Lezcano; “Tavito” Sánchez Barrientos; el doctor y profesor en filosofía berlinesa don Tomás Stefanovics (uruguayo-transilvano-alemán); Roberto Cruz Murcia y varias otras personas de líneas heterogéneas. Y, desde hace unos catorce años aproximados, hemos recorrido un camino de lecturas y reflexiones intensas con el “Círculo Universal de Tegucigalpa Kurt Gödel”, que es filosófico, científico y literario principalmente. A este último grupo le he dedicado, creo, dos o tres artículos.

            Así que por ahora me concentraré en la historia casi olvidada de la “Sociedad Hondureña de Estudios Clásicos José Cecilio del Valle”, la cual comenzó a funcionar a comienzos de la década del noventa del siglo próximo pasado. Durante varios meses estuvimos pensando el nombre del grupo, en tanto que anhelábamos sumergirnos en algunas lecturas clásicas más o menos rigurosas, y al mismo tiempo estudiar la obra de un hondureño trascendental como José Cecilio del Valle.

Los primeros participantes de aquella “Sociedad de Estudios Clásicos” fueron los siguientes: Segisfredo Infante, quien hacía las veces de coordinador. La poeta y narradora Elisa Logan, tesorera del grupo, quien dio una charla sobre Eurípides. La ensayista y bibliógrafa Karla Herrera, como secretaria. El doctor Oscar Montes Rosales, quien ofreció varias charlas de matemáticas. El poeta David Díaz Acosta, quien regaló una charla sobre la vida y obra de Plotino, un filósofo neoplatónico. El profesor universitario Truman Bitelio Membreño (QEPD), quien expuso cierto tema. El profesor Jorge Romero, con una exposición relacionada con el lenguaje matemático. Enrique Cardona Chapas, quien era un joven poeta y ya se anunciaba, también, como articulista y ensayista. En el camino se sumaron otras personas, como la profesora Aura Anabel Matute Ruiz, en cuya casa nos reunimos un par de veces. Recordamos, además, una reunión en el apartamento del poeta y ensayista Leonel Alvarado. No estoy seguro si acaso se sumó el narrador Nery Alexis Gaitán. El doctor en filosofía Hilario Vallejo, con una charla sobre un tema que le era familiar. El escritor Mario Membreño Cedillo que asistió a una sola reunión. La poeta Brenda Patricia Cruz Flores, también asistió a una reunión. A veces invitábamos a otras personas como oyentes, como en el caso de la antropóloga Zulema Ewen.

Aunque la “Sociedad de Estudios Clásicos José Cecilio del Valle” nunca pudo cohesionarse del todo por ciertas fricciones e incongruencias de personalidad, y por la indisciplina de varios de sus miembros, se debe reconocer que durante varios años mantuvo en alto el nombre de José Cecilio Díaz del Valle. Hacia lo interno expusimos sendos capítulos de la obra continental del pensador hondureño. Utilizo la palabra “continental” porque a mi juicio don José del Valle es unos de los tres o cinco pensadores más grandes de todo el continente americano, durante las primeras décadas del siglo diecinueve. Vale la pena recordar que en varios artículos he destacado los nombres de Thomas Jefferson, José Cecilio del Valle y Andrés Bello. De los tres este último (es decir el venezolano-chileno) fue el único que escribió un tratado completo de Filosofía.

Recuerdo que hace un par de años Enrique Cardona Chapas reclamó que por qué lo nombrábamos José Cecilio Díaz del Valle, en tanto que el estadista fundador de la República Federal de América Central firmaba únicamente como “José del Valle”. La respuesta es muy simple, pues sucede que en nuestra historia regional aparecen varios personajes con el mismo nombre de José del Valle, incluyendo a un nieto o biznieto del pensador centroamericano. Por consiguiente, tratamos de diferenciarlos.

Aquella “Sociedad de Estudios Clásicos” finalizó sus jornadas con un homenaje al poeta y ensayista Roque Ochoa Hidalgo (QEPD), evento organizado por Elisa Logan en el Palacio Municipal. Al homenaje póstumo vino a sumarse el nuevo grupo coyuntural que a veces se reunía en la casa del escritor Rafael López Murcia. ¡!Sea!!

Tegucigalpa, MDC, 11 de octubre del año 2020. (Publicado en el diario “La Tribuna” de Tegucigalpa, el domingo 18 de octubre del 2020, Pág. Siete). (Se reproduce igualmente en el diario digital catracho “En Alta Voz”, por generosidad de los periodistas Mario Hernán Ramírez, Elsa de Ramírez y Lourdes Ramírez).       

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