Por: SEGISFREDO INFANTE

            Don Julio Rodríguez Ayestas me presentó, hace muchos años, al historiador estadounidense John Moran. Hubo una subespecie de empatía inmediata. El vivía en la ciudad de La Ceiba, y de vez en cuando se desplazaba hacia Tegucigalpa. Pocas veces conversamos, porque casi siempre había interferencia de por medio. Pero las pocas veces que nos reunimos a charlar, nuestros temas se centraron en una investigación histórica sobre el gobierno hondureño de José María Medina, en tanto que él percibía que la historiografía oficial había distorsionado los hechos, maltratando al personaje.

            El otro tema que apareció en nuestras conversaciones con John Moran, fue el de la “Guerra de Secesión” en Estados Unidos. Le expresé mi admiración espontánea hacia la figura de Abraham Lincoln. Me sorprendió su reacción. Me contestó que él odiaba a ese personaje histórico, representante de “los Estados invasores de la Unión del Norte”. Me confesó, además, que él era de los Estados “intermedios” de Carolina. Pero lo que más me sorprendió fue su anhelo enfático que “los Estados del Sur deben independizarse de los yanquis”. No podía creer lo que estaba escuchando de la boca de un historiador supuestamente meticuloso. Le repregunté que si acaso estaba bromeando o me hablaba en serio. Me reiteró que Abraham Lincoln era para ellos “un personaje detestable”.

            A partir de aquel momento me enteré que muy poco sabíamos por acá de la historia interna de Estados Unidos. Apenas superficialidades y lugares comunes derivados de la obra historiográfica de Leo Huberman, y de la película “Lo que el Viento se Llevó”, basada en la novela voluminosa y nostálgica de Margaret Mitchell. Pero ocurre que en medio de esta pandemia he logrado disfrutar varias veces una película titulada “Noticias del Gran Mundo” (cuando el Internet funciona), basada en la obra narrativa de Paulette Jiles, y protagonizada por el extraordinario Tom Hanks. La historia se desarrolla en el Estado de Texas, en 1870, cinco años después de finalizada aquella horrorosa guerra civil, respecto de la cual muchos creen, todavía, que no dejó ninguna herida en la psicología íntima del pueblo estadounidense. Si bien es cierto se abolió la esclavitud de los negros, éstos siguieron siendo perseguidos y asesinados. Y las gentes humildes de los Estados del Sur continuaron padeciendo los vilipendios de “los federales” del norte, y de las familias “adineradas” del sur. Por eso reitero que todas las guerras civiles son estériles.

            Se trata de una versión opuesta a la de lo que “El Viento se Llevó”. En las “Noticias del Gran Mundo” la atención se focaliza en la vida de un capitán retirado y de una niña de origen alemán que se ha extraviado por los encontronazos mortales entre los indios y los blancos. Aquella niña se parece mucho a Honduras. No la quieren los blancos y sus propios tíos la rechazan. No la quieren los yanquis del norte. Tampoco la quieren los indios que la raptaron ni muchos menos los mestizos. Ella apenas le interesa a este capitán retirado que ha perdido a su esposa en el curso de la guerra por causa de la epidemia del “cólera morbo”. El capitán Jefferson Kyle Kidd, quien además de perder a su amada esposa perdió su imprenta en el curso de la guerra, ahora se dedica a leer noticias, de condado en condado, de los periódicos recientemente publicados, con un sabor único que logra transmitir a sus oyentes. En el ínterin se encuentra accidentalmente con la niña extraviada, Johanna Leonberger, y la única alternativa que le queda al final es protegerla y adoptarla, pues todo mundo la rechaza. Como todo mundo pareciera rechazar a Honduras: una niña extraviada en medio de una historia aparentemente inexplicable. Incluso la rechazan varios hondureños que carecen de sentido de pertenencia.

            En una de las sesiones de lectura de periódicos en un pueblo de Texas, los asistentes escuchan con placer al capitán Jefferson. Pero cuando lee las noticias federales relacionadas con el presidente Ulysses S. Grant, el auditorio nada quiere saber. Y se organiza una especie de protesta contra los soldados que ahí se encuentran. El capitán Jefferson llama al orden diciendo más o menos lo siguiente: “Escuchen. Yo los entiendo. Los yanquis poco nos ayudan. Aquí todos sufrimos. Pero tenemos cierto compromiso con los sucesos”.

            La frase que “aquí todos sufrimos” se ha marcado en mi mente, y la he asociado con los acontecimientos de Honduras, tanto del año pasado como del presente, en que la gran mayoría de hondureños hemos sido víctimas de una pandemia que se gestó al otro lado del planeta, y víctimas de los disturbios climáticos planetarios. Desde el fondo de la crisis ha salido lo mejor de los valores hondureños. Pero también lo peor. Los oportunistas de diverso pelaje, han cosechado maíz en milpas que jamás cultivaron. Por eso debemos aprender a amar a Honduras, sin importar quiénes sean los gobernantes transitorios.

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