Semblanza de una memoria POR JORGE BUESO ARIAS

Doctor HORACIO ULISES BARRIOS SOLANO, Premio Nacional de Ciencia “JOSÉ CECILIO DEL VALLE

8 de junio de 2021

EPÍLOGO

Quiero aquí traer a mi recuerdo la última vez que platiqué  con el Coronel Armando Escalón, a quien yo siempre apreciaba y respetaba y reconocía sus méritos como Militar y como  persona, pero que, desgraciadamente, malos compañeros y  malos amigos lo convencieron que participara en el golpe de estado que derrocó al gobierno del Doctor Ramón Villeda  Morales, y lo mal que le fue por haberlo hecho.

Principiaré por recordar que en una reunión que el Presidente Villeda Morales tuvo a fines de septiembre de 1963 con el Presidente de Nicaragua, en un lugar fronterizo  entre ambos países, que, por haberse estrechado las manos ambos Presidentes, el Doctor Villeda Morales decidió que se le llamará “Las Manos”. En dicha reunión creo que el Coronel Escalón había conducido el avión presidencial. Al terminar de almorzar, le pedí a Escalón que quería platicar con él, por lo cual nos apartamos del grupo y le dije más o menos lo siguiente:

“Mirá Armando –como lo llamaba en confianza anda el rumor que ustedes de las Fuerzas Armadas quieren dar un golpe de estado. No lo vayan a hacer. Sería romper el orden constitucional y destruir todo los esfuerzos que hemos venido haciendo para unir a este pueblo, para que pacíficamente prosperemos económica y socialmente, como hemos  venido sosteniendo tú y yo desde hace años. Modesto no es tan fiero, como lo pintan.” Esto último se lo dije porque se alegaba que el motivo para dar el golpe de estado era el Licenciado Modesto Rodas Alvarado, candidato por el Partido Liberal a la Presidencia de la República, en las elecciones que se celebrarían en la segunda quincena de ese mes de octubre, iba a perseguir y hasta encarcelar o a expulsar a muchos dirigentes del Partido Nacional y que era enemigo de las Fuerzas Armadas. “Por favor Armando, no lo vayan a hacer” le repetí. “Perjudicarían al país enormemente”.

Él me aseguró que no era cierto. Que no estaban pensando en un golpe de estado. Pero noté que me hablaba de una manera algo vacilante, contrario a como acostumbraba hacerlo cuando nos reuníamos por cualquier evento y, a veces, nos tomábamos algunos tragos juntos, unas dos o tres veces en el bar de la Fuerza Aérea. Además, tras de él estaba el piloto de helicóptero, de apellido Theresin, y noté que al oírnos, como decimos popularmente, pelaba los ojos y lo veía nervioso. El Coronel Escalón volvió a asegurarme que no estaban preparando un golpe de estado y nos separamos. El golpe de estado lo dieron el 3 de octubre de 1963.

Yo no volví a ver a Escalón hasta después que lo habían destituido como Jefe de la Fuerza Aérea. Supe que estaba en una finca, cerca de la Aldea Guayabillas, antes de llegar a Ojo de Agua, en el Departamento de El Paraíso. Yo no le había avisado que llegaría a verlo, por lo que me recibió en camiseta y con una barba de varios días. Se miraba “descuidado”, como decimos popularmente.

Sentí que me recibía con cierta alegría. Nos sentamos y empezamos a platicar y al rato me dijo: “tomémonos un trago” (fueron dos o tres) y tomó una botella de whisky que ya tenía medio empezada. Me dijo: “Jorge, a mí me sacaron de la Fuerza Aérea por ti.” Por supuesto, eso me sorprendió grandemente y le pregunté “¿Cómo fue eso?” y me empezó a relatar más o menos lo siguiente: “Cuando dimos el golpe de estado, tú estabas en Washington –como efectivamente era cierto– y de allá renunciaste al cargo de Ministro de Economía y Hacienda”, lo cual también era cierto que lo hice al día siguiente del golpe. Y continuó “Cuando supimos que tú regresabas y que estabas desde allá haciendo gestiones para organizar alguna oposición al nuevo gobierno, yo les dije que estaba seguro que lo harías, pero que tú no eras partidario de la violencia y que te dejáramos actuar. En eso quedamos.

Por eso, cuando a ti te detuvieron y te llevaron preso a la policía (lo cual era cierto. Me detuvieron cuando yo iba a entrar a la que había sido mi oficina en el Ministerio de Economía y Hacienda, a sacar algunos objetos personales y después tenía la intención de asistir ese día a una misa que se celebraría en memoria del Presidente Kennedy, recientemente asesinado.) “Yo me fui a la Casa Presidencial a reclamar porqué te habían hecho preso y me encontré a Ricardo Zúniga. Lo agarré del cuello y lo puse contra la pared y le dije: “Mirá hijo de p…”, (fueron sus palabras), habíamos quedado en que a Jorge no se le haría nada y que ordenara inmediatamente que te liberaran. Con voz de miedo me contestó que sí, y lo cual hizo rápidamente bajo mi vigilancia. Desde entonces, Jorge, Ricardo empezó a conspirar contra mí, hasta que un día que yo llegué a la Fuerza Aérea los centinelas no me dejaron entrar y me dijeron que por órdenes superiores yo estaba destituido.” Cuando me lo contó, sentí que estaba triste y resentido con sus compañeros, especialmente con López, como él llamaba al Coronel Oswaldo López Arellano, y con Ricardo Zúniga.

Al oír todo eso, a mí me dio más tristeza, además de la que había sentido al ver aquel día la apariencia del Coronel Armando Escalón. Por supuesto que le expresé que sinceramente sentía que mi persona y la amistad que teníamos –aunque no lo había vuelto a ver después del golpe de estado– le hubieran causado su salida. Escalón había sido un militar honrado, orgulloso y respetuoso de su carrera hasta que, creo que temporalmente, le hicieron salirse de sus casillas con las tentaciones y falsos argumentos de algunos malos compañeros y malos civiles, lo convencieron que dejara sus principios democráticos y morales.

El salió relativamente pobre y en los meses que estuvo deprimido y sin trabajo se gastó los ahorros que tenía y se vio obligado a buscar trabajo. Así empezó a volar aviones de pasajeros entre la Costa Norte y Tegucigalpa de una nueva compañía, en la cual no sé si era socio, pero que se vio que no le daba el adecuado mantenimiento a sus aviones y murió piloteando un avión que se estrelló en unos cerros cerca de Toncontín en un viaje creo que entre La Ceiba y Tegucigalpa. Así terminó la vida de alguien que había sido, en casi toda su vida, una buena y magnífica persona y militar. Su muerte me dolió mucho, como lo siento ahora que estoy escribiendo estas notas.

Pero que sirva de lección a los buenos militares que no se dejen convencer por malas personas para que usen la fuerza que les proporcionan las armas que les da el pueblo, para que violen sus principios de honor y de lealtad a la Constitución de la República, la cual ellos juran cumplir y proteger. La carrera militar es de honor y sacrificio y deben sentirse orgullosos de ser militares correctos”

Espero no haberles aburrido dilectos ciber lectores al reprisar esta sesuda semblanza escrita el Licenciado JORGE BUESO ARIAS, el Baquero mayormente semi super centenario, sin embargo, me permito hacer la siguiente abstracción de la misma ya  que algunos actores fueron víctimas de la ambición desmedida, no sabemos si por su genética o aprendida, ya sus acciones la llevaron a torcer el camino sin abrojos que había dejado la Junta Militar de Gobierno recurriendo incluso a la traición  y sin reparar el daño que le causarían  a Honduras cuyas consecuencias todavía las vivimos.

ÚLTIMA LÍNEA

 190 total views,  2 views today

Dejar una respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here