Juan Ramón Martínez
Nadie nace demócrata. Se puede nacer dentro de una familia demócrata; o en un hogar autoritario. Pero ser demócrata es un aprendizaje en que algunos, según el tiempo de pupitre, puede ser demócrata completo; o un simple diletante, que usa la palabra; pero que no la práctica. La sociedad griega, que la creara para honra del género humano, la desarrolló a pulso hasta Pericles, al que tenemos como su primer ejemplar, humano y completo. Es decir que podemos afirmar que ser demócrata es un grado de civilización. De modo que entre los humanos hay quienes no lo son. Otros lo son a medias; y al final, hay buenos demócratas. A toda prueba.
La democracia es fruto del pensamiento liberal. Expresión acabada de la tolerancia, manifestación de la cooperación entre los seres humanos que piensan diferente; y prueba de creatividad e imaginación en la construcción de alternativas y soluciones que mejoran la calidad de vida de los humanos miembros de la sociedad. Que logran su felicidad mediante su práctica.
Los hondureños, no hemos sido – históricamente hablando – ejemplo de tolerancia. Centroamérica solo tuvo una existencia de 15 años. Termino desbaratada en la punta de las espadas de los caudillos; y bajo el olor de la pólvora con que asesinaron al más grande de sus defensores el 15 de septiembre de 1842. Entre 1821 y 1948, tuvimos – en promedio–, dos y media revueltas, — llamadas hipócritamente revoluciones–, con un número incontables de muertos y desaparecidos. Por ello, como efecto directo de ello, somos la segunda nación más pobre del continente. Taloneados con suerte dispar por Haití.
Algunos ignaros están contentos con esta realidad. Viven felices en el bochinche. No les gusta el trabajo cooperativo; ni las practicas del vivir civilizado, cumpliendo la ley, respetando los derechos de los demas, defendiendo los propios. Y mucho menos, cumpliendo diligentemente sus obligaciones con la vida comunitaria. Pasan por alto que la democracia no es un objeto material; ni un edificio de definiciones y consignas, sino que una forma de comportarse, aceptando la superioridad de las mayorías, el respeto de las minorías; y obedeciendo las reglas establecidas.
Por lo que la democracia es más bien el escenario – que se amplía según la madurez de las sociedades – en donde se discuten los retos para la construcción del bienestar, se distribuyan las tareas; y se valoran los resultados. Y cuando hay diferencias, estas se resuelven en un clima de respeto y tolerancia. Por ello a algunos nos gusta más, hablar de demócratas antes que, de democracia, porque los primeros tienen que aprender cómo vivir en la segunda.
En 1985, Roberto Suazo Córdova – por medio de diputados del PL y del PN – pretendió introducir una moción para que su periodo presidencial fuera ampliado a seis años; y no de cuatro como había determinado la Constitución de 1982. El argumento fue que él – Suazo — había sido elegido con la Constitución de 1965 que establecía seis años de duración para el periodo presidencial. Ardió Troya.
El diputado Cruz Torres, le dio de trompadas al diputado Echenique. El Presidente del Congreso Efraín Bu Girón llamo al general Walter López Reyes, Jefe de las FFAA. Y este les dijo por su medio: ¡tienen que aprender a vivir en democracia ¡Los diputados de entonces eran menos silvestres que ahora; y atendieron al llamado.
Desde entonces, las cosas han cambiado. No para mejor. Algunos políticos no respetan los resultados electorales; y quieren ganar siempre. Y cuando el pueblo los rechaza, — otros como niños de pecho–, echan la culpa al imperialismo y a Trump, evitando reconocer que el pueblo soberano, les rechazó porque no le sirvieron como corresponde.
Y en la integración del Congreso, algunos quieren ingresar sin haber pasado por el juicio de los electores. Usando triquiñuelas, buscan posiciones, sin merecerlas ofendiendo la soberanía popular. E incluso algunos, que no respetan la mayoría, quieren que los cargos en la Junta Directiva, sean para unos; y no para otros; y cuando no tienen los votos, con dinero infamante inician la “compra” de voluntades. Es decir que, aunque el tiempo ha pasado desde cuando Suazo Córdova intento irrespetar la Constitución, ahora quienes no lo conocieron; pero que tampoco asistieron a la escuela democrática, quieren hacer lo mismo. Requiriendo la orden de Walter López Reyes: ¡Aprendan a vivir en democracia ¡Desgraciados, inútiles, sinvergüenzas, anti hondureños ¡dijeron entonces. Enemigos de la paz y la convivencia armónica de los hondureños, decimos. ¿Necesitan que se los repita el general Benjamín Valerio Ardón?
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