Por: SEGISFREDO INFANTE

            Desde los primeros días del mes de noviembre del año 2019, he seguido de cerca los graves problemas de salud del viejo periodista hondureño Mario Hernán Ramírez, un moliniano de corazón, con más de ochenta y cinco años de edad. Lo primero que supe, por algunas redes sociales, es que el hombre se desmayó en el Cementerio General de Comayagüela, en el preciso momento en que se exhibía la restauración del busto del poeta Juan Ramón Molina, que había sido destrozado por los vándalos “modernos” que pernoctan por aquellos ariscos pasajes y rincones. La restauración meticulosa había sido realizada por el joven artista Johnny McDonal, poco después que nosotros hicimos un llamado de atención televisivo (en “Economía y Cultura”) respecto del atropello de nuestro patrimonio nacional, contra la memoria individual y colectiva relacionada con uno de nuestros principales poetas de la época republicana. El atropello ha continuado contra el patrimonio eclesiástico del periodo colonial criollo-mestizo. (¡¡Enorme futuro podría esperarle a nuestra Honduras por las acciones corrosivas de los vándalos “modernos” que buscan la destrucción del país y su propia autodestrucción frente a la posteridad!!).

            Pues bien. Doña Elsa Ramírez de Ramírez nos ha mantenido informados de las complicaciones de salud de su señor esposo; y aunque duele decirlo hemos sido muy pocos (tal vez cinco personas) que nos hemos acercado para buscarle algún alivio al amigo, aunque sea de orden espiritual. En mi caso particular logro percibir las señales de alarma en la salud de los amigos y parientes, en tanto que en estos últimos años he “saboreado” a fondo las complicaciones de varias enfermedades simultáneas mezcladas en mi organismo que conspiran contra la paz externa (y a veces interna) del paciente. Hace unas tres semanas falleció el anciano Aníbal Rodríguez (un tío político, ex–marido de Tía Concha López, hermana de mi señora madre), por fuertes complicaciones de salud. Aquí se continuó cumpliendo, al pie de la letra, aquel extraño fenómeno que cada semana de los últimos meses del año 2019, fallecieran en forma casi simultánea dos parientes, conocidos o colegas, incluyendo importantes amigos como el poeta José Luis Quesada.

            Mario Hernán Ramírez subsiste con una pobre jubilación. Lo mismo que su esposa, con una miserable pensión. Somos amigos espontáneos desde hace muchos años, con un mayor acercamiento cuando celebramos juntos, en una comisión universitaria, el primer centenario del fallecimiento de Juan Ramón Molina, durante el año 2008. Nunca permití que el discurso de Hugo Chávez y de sus seguidores en Honduras, arruinara mis relaciones amistosas que había cultivado con otros “compatricios” durante años y décadas. Aquellos que se alejaron de nuestro entorno fue porque así lo decidieron unilateralmente. Con Mario Hernán Ramírez, sin embargo, nuestra amistad continuó intacta, porque comprendimos que este concepto sacrosanto debe colocarse por encima de las ideologías de turno, y muy por encima de las diferencias políticas y partidarias. Porque la verdadera amistad resguarda el tejido social de un país, a pesar de todas sus precariedades.

            Uno de los tantos méritos de Mario Hernán Ramírez es su entrega casi total, junto con el ya fallecido Eliseo Pérez Cadalso, para conservar contra viento y marea la memoria de su poeta favorito: Juan Ramón Molina. Desde hace unos cuarenta años aproximados organizaron la agrupación “Los Trece Locos del Guanacaste”. Inclusive Mario Hernán ha publicado una especie de Antología (“Un Poeta y Trece Locos”) en donde explica los quehaceres de aquella agrupación y recoge varios artículos de distintos autores que han hablado sobre la vida y la obra del “Príncipe” de la poesía modernista hondureña. Tratando de reactivar las actividades del viejo grupo moliniano (al cual he sido invitado en fechas recientes) es que a Mario Hernán le han caído unas “nueve” plagas de Egipto.

            Hace alrededor de quince años propuse en un artículo publicado aquí en “La Tribuna” (y reproducido en la desaparecida Revista “Caxa Real”), que el Congreso Nacional de la República gestionara una pensión vitalicia para aquellos escritores desempleados que hubiesen hecho aportes genuinos al quehacer intelectual catracho. Y que hubiesen publicado cuando menos dos libros de peso en la historia de las ideas de Honduras o de América Central. Creo que alguien de buena voluntad presentó la moción. Pero hasta donde estoy enterado, jamás fue aprobada. A veces les han conseguido fondos (incluso en la Presidencia del Ejecutivo) a ciertas personas relacionadas con el deporte, la farándula y con la música costeña. O han propuesto pensiones vitalicias para ciertos políticos. Pero, para verdaderos pensadores y escritores nacionales, las iniciativas de auxilio por calamidad han brillado por su ausencia. Este es el momento propicio para ayudar a Mario Hernán Ramírez, un locutor de vieja guardia, a quien incluso los hijos de su antiguo matrimonio parecieran haberlo olvidado, quizás por atender otras urgencias también de tipo familiar. El auxilio debe ser en proporción a sus necesidades médicas y alimentarias actuales.

            Tegucigalpa, MDC, 29 de diciembre del año 2019. (Publicado en el diario “La Tribuna” de Tegucigalpa, el domingo 05 de enero de 2020, Pág. Siete). (También se reproduce en los diarios digitales “En Alta Voz” y en “El Articulista”).       

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