Luisa con sus “perrijas” Loba y Maya. 

SALUD INFORMATIVA  | REPORTAJE ESPECIAL | OCTUBRE 2026

Luisa Ondina Agüero: la periodista que durante 20 años informó sobre el cáncer de mama y terminó enfrentando la enfermedad

Su historia es un llamado a la detección temprana, pero también un testimonio de amor, valentía y solidaridad. Tres años después de su partida, su esposo Gustavo Migoya recuerda la lucha que enfrentaron juntos y el vacío que dejó su ausencia.

Por Daisy Bonilla | Diario En Alta Voz

San Pedro Sula, Honduras. — Durante aproximadamente veinte años, la periodista Luisa Agüero Starkman de Migoya cubrió campañas de prevención del cáncer de mama. Entrevistó a especialistas, informó sobre los riesgos de la enfermedad y conoció de cerca los esfuerzos por promover el diagnóstico temprano. Sin embargo, jamás imaginó que un día sería ella quien recibiría esa noticia.

Cada vez que las empresas patrocinadoras de las campañas preventivas, entregaban a las reporteras órdenes gratuitas para realizarse una mamografía, Luisa prefería regalarlas a familiares, amigas o mujeres que consideraba más necesitadas.

Como muchas personas, pensaba que aquella enfermedad nunca tocaría a su puerta.

«Esto no me va a pasar a mí», recordaba haber pensado.

Su historia, recuperada en el marco del mes de sensibilización sobre el cáncer de mama, revela cómo incluso quienes conocen los riesgos de una enfermedad pueden postergar sus propios controles médicos.

Una consulta por un problema de oído cambió su vida

El diagnóstico llegó de manera inesperada. Luisa había acudido al médico por un problema en el oído. Cuando estaba a punto de abandonar el consultorio, mencionó que sentía unas molestias en la mama derecha. El médico decidió examinarla y le preguntó cuándo se había realizado su última mamografía.

«¡Creo que hace unos cinco años!», respondió Luisa con serenidad.

Durante la exploración clínica, el especialista detectó un bulto en la mama izquierda y ordenó estudios adicionales. El 29 de septiembre recibió el diagnóstico de cáncer de mama. Un mes después, el 29 de octubre, ingresó al quirófano para someterse a una mastectomía. 

La cirugía marcó el inicio de una etapa de profundas transformaciones físicas y emocionales.

En la entrevista que concedió durante su enfermedad, Luisa describió las secuelas de la operación, la pérdida del cabello y las cejas, el cansancio constante y la dificultad de reconocerse frente al espejo. Pero también encontró una nueva manera de valorar la existencia.

«Puedo afirmar que ha sido una experiencia traumática afrontar las secuelas de la mastectomía izquierda, tanto en lo emocional, en lo físico y en lo estético. Tienes que adaptarte a nuevas y diversas circunstancias, como el dolor y la hipersensibilidad en el pecho, la pérdida de energía, te fatigas con mayor regularidad, la pérdida del cabello, de mis cejas».

«Cuando te ves en el espejo, de inmediato te preguntas: ¿y por qué me pasó a mí? Y no tienes la respuesta».

«Considero que son lecciones que me han permitido valorar más la vida y agradecer a Dios por respirar, por abrir los ojos y ponernos de pie cada nuevo día», expresó.

El apoyo de su familia, amistades y compañeros

«El apoyo incondicional de Gustavo, de Sixto mi hermano, de Karlita , a quién considero mi sobrina, de mis amigas; Lourdes, Daisy, de Luis y su colocha me dan fuerza y voluntad para mantener la esperanza y la fe de que todo pasará y que pronto recuperaré mi vida anterior».

Luisa trabajó durante más de una década en Canal 10 y Abriendo Brecha; «Me siento agradecida con mis compañeros de labores aquí en San Pedro Sula, con quienes compartí varios años de mi etapa profesional; y con mis jefes en Tegucigalpa. Muchas gracias a todos por los mensajes y las frases de aliento que he recibido. Ahora mismo, estoy con incapacidad temporal».

Luisa no solo enfrentó el cáncer como paciente. Su vocación periodística y su sensibilidad social la llevaron a denunciar las dificultades que atravesaban otras mujeres para recibir atención. Durante una entrevista, cuestionó a las autoridades sanitarias por el desabastecimiento de medicamentos oncológicos.

«¡NO NOS DEJEN MORIR, QUEREMOS VIVIR!», exclamó.

En aquellas palabras trascendía su experiencia personal. Representaban la angustia de cientos de pacientes que, además de enfrentar una enfermedad potencialmente mortal, debían luchar contra las limitaciones económicas y los obstáculos para acceder a tratamientos.

Quienes la conocieron recuerdan a una mujer valiente, directa, solidaria y profundamente comprometida con su profesión. Su lucha no estuvo exenta de miedo, dolor e incertidumbre, pero mantuvo una actitud de esperanza y una preocupación constante por las demás personas.

Gustavo Migoya: el amor que la acompañó hasta el último momento

En ese difícil camino, Luisa contó con el respaldo de su esposo, Gustavo Migoya, a quien cariñosamente llamaba «mi Oso». También encontró fortaleza en su hermano Sixto, fueron inseparables, con quien siempre compartían bromas y se decían apodos de cariño. También  sus amistades y compañeros de trabajo. Gustavo la acompañó durante las consultas, los exámenes, las cirugías y los tratamientos. Salieron de Honduras buscando segundas opiniones.

La pandemia de COVID-19, que comenzó en 2020, añadió nuevas dificultades al proceso, pero ambos continuaron cumpliendo las indicaciones médicas. 

«A pesar de estar atravesando la pandemia del COVID-19 en el año 2020, nunca bajamos los brazos. Cumplimos puntualmente con los tratamientos y los medicamentos indicados», recordó Migoya.

Según su testimonio, Luisa afrontó cada etapa con una actitud admirable.

Su consigna era sencilla: «¡Vivir cada día!»

Sin embargo, la enfermedad terminó arrebatándole la vida. Luisa falleció un 5 de junio, acompañada por su esposo, quien permaneció a su lado hasta el último momento.

«Luisa permanece siempre presente en mi mente y en mi corazón»

Tres años después de su partida, Gustavo Migoya comparte cómo ha cambiado su vida sin la mujer con quien estuvo casado y compartió casi 24 años.

«Mi vida después de su partida tuvo un cambio radical. Me falta la persona que fue mi compañera de vida durante casi 24 años. Luisa era un ser adorable», expresó.

Su testimonio refleja el duelo que enfrentan las familias después de perder a un ser querido por cáncer.

«Siempre pendiente de todo lo que pudiera ocurrirme, cuidándome y acompañándome con su amor incondicional. La vida sigue avanzando, pero Luisa permanece siempre presente en mi mente y en mi corazón».

Gustavo asegura que conserva los recuerdos de su sonrisa, sus palabras, su sinceridad y el amor que compartieron.

«Su ausencia dejó un vacío enorme en mi vida. Pero su amor y todo lo que compartimos seguirán acompañándome siempre».

Luisa Ondina, su hermano Sixto y su esposo, Gustavo. 

Una periodista valiente, irreverente, pero muy relevante y auténtica

Más allá de su enfermedad, Luisa Agüero dejó una huella entre quienes compartieron con ella el ejercicio periodístico. El periodista Alfredo Alvarado la recuerda como una profesional comprometida con la información imparcial y el ejercicio digno del oficio.

«Fue una mujer valiente e irreverente», expresó al recordar su personalidad.

Destacó su fino sarcasmo, su sentido del humor y la autenticidad que la distinguía en las reuniones del gremio y las conversaciones entre colegas.

Para quienes la conocieron, Luisa fue mucho más que una periodista que enfrentó el cáncer: fue una mujer de convicciones firmes, solidaridad genuina y una profunda sensibilidad humana.

Para  Lourdes Ramírez, Luisa fue muy importante, no sólo por su amistad sincera, si no también por los valiosos aportes en el periodismo de investigación, especialmente para el diario digital En Alta Voz, donde aún se pueden leer sus múltiples investigaciones. 

“Ella siempre era ese ojo crítico que nos hacía enfocarnos en lo más relevante de cada proyecto. Pero para mí,  lo más importante era, cuando estaba pendiente de nosotras y recibir sus llamadas o mensajes, consultando cómo nos fue y siempre celebrando nuestras victorias”. Siempre tengo en mi memoria su frase de despedida de cada conversación,  “Las amo hasta el infinito”, concluye Lourdes.

Mucho que agradecerle a Luisa, una de las mejores periodistas, un legado que debe prevalecer para las nuevas generaciones. 

El cáncer de mama en Honduras: una realidad que continúa cobrando vidas

La historia de Luisa adquiere especial relevancia frente a las cifras actuales de cáncer de mama en Honduras. 

Se consolida como la neoplasia con mayor número de diagnósticos entre las mujeres hondureñas. De acuerdo con las estimaciones del Observatorio Global del Cáncer (GLOBOCAN) de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer (IARC), en 2022 se registraron aproximadamente 1,209 casos nuevos en el país. Esta tendencia mantiene una trayectoria ascendente, pues las estimaciones del Centro de Cáncer Emma Romero de Callejas (CCERC) proyectan que para 2026 la cifra alcanzará aproximadamente 1,310 nuevos diagnósticos anuales, lo que representa un desafío constante para la salud pública nacional.

A pesar de los esfuerzos informativos, la detección a tiempo sigue siendo una gran materia pendiente. Una investigación publicada por la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), centrada en una cohorte de 104 pacientes evaluadas entre 2023 y 2024, reveló que el 57.69 % de las mujeres fue diagnosticada en estadios III o IV.

 Aunque el estudio abarca una muestra específica, estos datos exponen barreras persistentes en el acceso oportuno a la atención médica y en la llegada a tiempo a centros especializados. Al respecto, la Organización Mundial de la Salud (OMS) destaca que el estadio al momento del hallazgo define en gran medida las posibilidades de supervivencia, ya que un diagnóstico temprano se traduce directamente en mejores opciones de tratamiento y mayor efectividad curativa.

Frente a esta realidad, las autoridades y sociedades médicas enfatizan la importancia de mantener la prevención como una prioridad continua. Para ello, resulta imprescindible promover la auto observación constante del tejido mamario ante cualquier cambio o bulto sospechoso, así como acudir de inmediato a una consulta médica especializada. Asimismo, las pautas actuales aclaran que la mamografía no requiere una frecuencia anual idéntica para todas las mujeres, sino que la periodicidad del tamizaje debe ajustarse individualmente con un profesional de la salud, considerando la edad, los antecedentes familiares y los factores de riesgo específicos de cada paciente.

El legado de Luisa: un mensaje que sigue vigente

Antes de morir, Luisa dejó un consejo desde su propia experiencia:

«A todas las mujeres, yo les aconsejaría que no dejen de autoevaluarse y realizarse la mamografía cada año, porque a través de un diagnóstico precoz, usted puede salvar su vida. No lleguen al nivel de descuido que yo alcancé».

Sus palabras conservan un profundo valor testimonial, aunque la frecuencia de las mamografías debe individualizarse de acuerdo con las recomendaciones médicas actuales.

La historia de Luisa Ondina Agüero Starkman de Migoya es también un recordatorio de que la lucha contra el cáncer no puede limitarse a campañas durante el mes de octubre. Requiere servicios médicos accesibles, diagnósticos oportunos, medicamentos disponibles y atención integral para las pacientes y sus familias.

Porque detrás de cada diagnóstico existe una vida.

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