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MORAZAN, BUKELE Y SUS ENREDOS

Juan Ramon Martinez

No hay que confundir al héroe — el mensaje–, con “el mensajero” y los destinatarios porque lleva  al error. Una cosa es aceptar que Morazán que no es propiedad de los hondureños y que en el Salvador fue más querido y siempre se le ha dispensado el espacio de la inmortalidad esperada en mejor forma que en Honduras. Mientras los salvadoreños lamentaban su muerte y recibían a las fuerzas derrotadas, aquí en las alcaldías de la mayoría de los municipios celebraban el crimen, consignando en actas que la muerte de Morazán “traería la paz a la república”.

El legó sus restos a El Salvador. Los salvadoreños los repatriaron en 1848 y le construyeron en el Panteón Nacional un monumento — aunque modesto–, propio de un héroe que por su voluntad convirtieron en el eje de su personalidad como nación. Ahora Bukele lo dignifica.  Poco después de su asesinato los salvadoreños crearon el departamento de Morazán.  En Honduras – hubo que esperar a Tiburcio Carias en 1935 – para cambiar el nombre del departamento de Tegucigalpa por el de Francisco Morazán.

El mármol de su gloria, empezó allá primero que en Honduras. La primera estatua del héroe se erigió en Amapala, donada por el gobierno de El Salvador. La estatua ecuestre que se encuentra en el Parque Morazán de Tegucigalpa, se inauguró por decisión del reformista liberal Marco Aurelio Soto. Desde entonces en Honduras los anti liberales más conservadores no han perdido la oportunidad de denigrarlo. Negándose a la conclusión de Álvaro Contreras que para construir la conciencia nacional debíamos girar alrededor de su figura esclarecida. Los salvadoreños lo han hecho. Guatemala fue el nido de sus enemigos. En Nicaragua se le dispensa respeto y consideración, pero construyeron su nacionalidad alrededor de Jerez y Dario, dándole menos espacio a Morazán. En Costa Rica hasta hace poco, se le calificaba como dictador, en el ánimo del disimulo ante la culpa por un crimen sin nombre que la historia no ha perdonado; ni perdonara jamás.

Deslindadas las cosas, veamos “el mensajero”. Bukele no es tonto ni quiere que lo traten como tal. Morazán es la figura emblemática de El Salvador. La exaltación de Morazán, es legitima y respetable. Sabe que en la campaña electoral para derrotar a las fuerzas opositoras necesita su figura. Pero aquí es donde empieza el problema: no hay coincidencia entre el mensaje – la figura de Morazán – y Bukele, el mensajero. Al compararles es inevitable concluir que entre ambos hay contradicciones inevitables. Porque las estrellas de Morazán entran en contradicción con el comportamiento de Bukele. Mientas Morazán es el imperio de la ley, al extremo que renuncio a la dictadura cuando se la ofreciera la burguesía guatemalteca, Bukele es formalmente un hombre entregado a la práctica del  irrespeto a la ley. Mientras Morazán respeto a sus enemigos y los trato con bondad y consideración Bukele ha cerrado los espacio a sus adversarios, impidiendo el juicio crítico y el debate público. Mientras Morazán fue la libertad personificada, Bukele predica la servidumbre, la sumisión de todos a sus deseos o caprichos. Esta contradicción entre las dos conductas las conoce el electorado que al final rechazará la ilegitimidad de un mensajero que tiene una conducta opuesta a la del hombre– mensaje que usa para legitimarse. La tarea es de los salvadoreños que están obligados a identificar la discontinuidad entre la conducta de Morazán y el comportamiento de Bukele.  Ayudemos a los salvadoreños a identificar esta contradicción. Ellos tienen que escoger.

Sobre los afectos Morazán entendió – y eso lo sabemos – que uno es de donde lo quieren: o donde tiene enterrados los suyos–. Así de simple.

La crítica es contra Bukele. Porque es un mensajero que no honra a Morazán. Él se merece los honores recibidos y mucho más. El problema son las contradicciones del mensajero. Mientras Morazán era un legalista que incluso se entregó a la muerte en obediencia a la ley de los vencidos, Bukele irrespeta la ley y representa un proyecto autoritario.

Bukele sabe de esta contradicción. Disimula su ilegitimidad. Envuelto en la figura de Morazán intenta avanzar; pero no llegara. No puede encubrir sus ilegalidades oxigenando el continuismo que es anti morazanista.

En Centroamérica la unidad centroamericana es bandera legítima. Pero no tiene futuro. Por la fuerza, Honduras es inconquistable. Nicaragua derroto a Honduras y el Salvador en 1907. En 1969 El Salvador no pudo avanzar. La fuerza de Bukele está en su capacidad de engañar a sus compatriotas. Morazán desde su tumba puede derrotarlo. Él es superior. El Héroe. Bukele el dictador.             

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